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sábado, mayo 28, 2022
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Agropal recuerda que la semilla certificada supone el mejor comienzo

El empleo de semilla garantizada para la sementera permite incrementar las producciones necesarias que aseguran la rentabilidad de la explotación. El grano certificado acredita una mejor nascencia, está libre de malas hierbas y está desinfectado de muchas enfermedades
El material vegetal utilizado para la siembra es uno de los factores de producción más importante en el éxito económico de la explotación agrícola y una de las primeras decisiones que ha de adoptar el agricultor cada año, eligiendo acertadamente qué variedad sembrar y también la calidad de la semilla a utilizar, tal y como explican desde el grupo alimentario Agropal.

La simiente certificada es un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional y «esta calidad está garantizada por el doble control ejercido, tanto por la empresa productora como por el organismo oficial responsable, de modo que este control ofrece unas garantías sobre su origen, trazabilidad, homogeneidad, pureza específica, pureza varietal, germinación, ausencia de otras semillas no deseadas en la siembra, y buena sanidad».

Pero además de garantizar la calidad de este medio de producción, tan básico en la explotación agrícola, como recuerdan, el empleo de semilla certificada supone:

  • Ahorro significativo en la dosis de siembra empleada, como consecuencia de la garantía de la germinación que ofrece la semilla certificada. Las dosis de siembra necesaria cuando no se utiliza semilla certificada debe incrementarse entre un 10% y un 20% frente a cuando se utiliza la certificada.
  • Ahorro en el tiempo invertido en la preparación de la semilla. Con el uso de certificada, el agricultor evita destinar un tiempo significativo en acondicionar el grano de su propia cosecha para la sementera, así como de disponer de un elevado espacio donde almacenar la semilla.
  • Incremento en los rendimientos pues asegura la producción y mejora la cosecha, las semillas están seleccionadas y tratadas para garantizar una buena implantación del cultivo, y hay una menor aparición de malas hierbas en la parcela, ya que grano acondicionado puede contener hierbas no deseadas.
  • Apoyar la inversión en I+D del sector obtentor. La semilla certificada hace posible la inversión en programas de investigación para la creación de nuevas variedades. La semilla es el medio de producción más económico y que más ha condicionado la evolución de los incrementos en los rendimientos agrarios.
  • Seguridad alimentaria: la certificación de semillas es un elemento imprescindible para asegurar desde su origen la trazabilidad de los alimentos.
  • Innovación en los sistemas de producción y comercialización de cereales. Una cooperativa o almacenista que suministra semilla certificada a sus agricultores conocerá con antelación, a la hora de comercializar su cereal, las calidades y cantidades de las que va a disponer, mejorando por tanto su organización y planificación.
  • Contribuir al desarrollo rural. La producción de semilla certificada por los agentes debidamente autorizados es una actividad industrial de valor añadido que incide en el desarrollo rural.
  • Es un elemento básico en los sistemas de producción industrial. La industria organiza cadenas de producción de alimentos desde la semilla, el cultivo, su almacenamiento y transformación. Estos sistemas, que son bien conocidos en otros productos como las hortícolas, se están introduciendo en el sector de los cereales (pastas, pizzas, harinas, etc.).
  • Que el sector y la Administración dispongan de información fiable sobre qué se produce, dónde, cuándo, para qué usos, además de otros aspectos. Esta información permite una planificación eficiente y una mejor posición en los mercados.
A modo de resumen, el empleo de semilla certificada para la siembra marca gran parte del rendimiento que obtendremos en la cosecha. La simiente R2 certificada es la más productiva, según indican desde Agropal.

Si ponemos R3 la merma en producción ronda el 13%. Así, la adquisición de certificada es una de las mejores inversiones que puede hacer el agricultor de cereal. «Basta con hacer las cuentas de todos los gastos, de manera meticulosa, y de la diferencia de producciones que acarrea el uso o no de semilla homologada para tomar la decisión más acertada».

Simiente pirata, hasta tres años de prisión

El marco legal en el que se regula el reempleo y acondicionamiento de grano para siembra queda recogido en el reglamento CE 2100/94 del Consejo y Ley 3/2000 relativa a la protección de las obtenciones vegetales, y el reglamento 1768/95 de la Comisión, reglamento CE 2605/98 y Real Decreto 1709/97 relativos a las normas de la exención agrícola y acondicionamiento de granos para siembra.

También el artículo 274 del Código Penal español detalla que “será castigado con las penas de uno a tres años de prisión el que, con fines agrarios o comerciales, sin consentimiento del titular de un título de obtención vegetal y con conocimiento de su registro, produzca o reproduzca, acondicione con vistas a la producción o reproducción, ofrezca en venta, venda o comercialice de otra forma, exporte o importe, o posea para cualquiera de los fines mencionados, material vegetal de reproducción o multiplicación de una variedad vegetal protegida conforme a la legislación nacional o de la Unión Europea sobre protección de obtenciones vegetales”.

Un proceso de diez años

La obtención de una nueva variedad es una obra de creación original, ya que debe ser distinta a las ya existentes y aportar un mayor valor a los agricultores y a la sociedad en su conjunto.

El trabajo de seleccionar nuevas variedades dura una media de diez años. Para entonces, la inversión puede superar el millón de euros. Los investigadores observan las características de sus diferentes fuentes de genética y hacen cruces entre líneas para buscar estas características deseadas. Por ejemplo, tras realizar una serie de cruzamientos, en el primer año de trabajo se analizan unas 1.000 líneas descendientes de dichos cruzamientos y en el segundo 20.000, y tras diez años de trabajo se obtiene una variedad en el mejor de los casos.

Una vez realizado estos cruces, se tiene que ver en ensayos de campo en diferentes países y varios años si este cruce nuevo se adapta bien a las condiciones agroambientales. Los obtentores buscan nuevas variedades con características mejoradas en cuanto al rendimiento, la calidad del grano (porcentajes de aceite y proteína, aptitud maltera, etc.), la resistencia a enfermedades, parásitos y la adaptación a las diferentes condiciones agroambientales (ciclo, resistencia a sequía, y otras).

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