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domingo, mayo 29, 2022
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Gran desigualdad en el desarrollo de los cereales

El paisaje ha dado un gran cambio con las aguas caídas desde el 9 de abril. Una gran noticia que, sin embargo, queda matizada por haberse tratado de una lotería mal repartida, con zonas de diez litros por metro cuadrado frente a áreas en las que han caído cincuenta

José Ángel Cortijo, responsable Zona Noroeste de Fertiberia

El agua ha llegado tarde en algunas zonas, como en determinados puntos de Tierra de Campos, con unos suelos muy fuertes que han acusado la falta de lluvia en los meses de febrero y marzo.

El cultivo que ha protagonizado ese cambio radical es el de los cereales, con un aspecto general muy positivo y con la previsión de que podamos estar ante una buena cosecha, siempre que la meteorología tenga un comportamiento adecuado en mayo.

La roya amarilla ha hecho sonar las alarmas hace un par de semanas, pero lo cierto es que ya estaba presente en los cereales desde bastante antes. Y es que determinadas amenazas no son ya algo esporádico, sino que se trata de males endémicos. Por fortuna se está investigando en productos eficaces contra las diferentes enfermedades, así como en variedades más resistentes, pero debemos contar con que en agricultura las situaciones no aparecen o desaparecen de golpe, sino que son cosa de años.

Ahora que cae agua y suben las temperaturas es cuando el cereal experimenta esa ‘eclosión’ en la que la planta gana porte, altura. Pero es también cuando se ponen de manifiesto los problemas de falta de crecimiento; cuando se pagan las consecuencias de determinados modos de actuación, de determinadas ‘modas’ que se imponen localmente sin estar respaldadas por un criterio racional. Es el caso de los agricultores que siembran el cereal sin haber realizado un abonado de fondo, que ahora ven las consecuencias. Es lo que tienen los mensajes cómodos, que calan de forma sencilla: que, después, el único que pierde es el agricultor.

El agricultor no puede hacer nada para cambiar la meteorología, pero sí puede intervenir en el resultado de su actividad mejorando las prácticas o empleando los mejores productos. Es muy triste que tantos agricultores dejen pasar la oportunidad de hacerlo, como cuando emplean su dinero en un fertilizante que no tiene sus nutrientes disponibles.

Las siembras de maíz han empezado con el viento a favor, aunque se espera una reducción de la superficie dedicada a este cultivo como consecuencia de la nueva PAC. También porque los bajos precios hacen que la rentabilidad sea un poco justa.

También arranca la sementera del girasol después de que muchos agricultores hayan disipado las dudas que albergaban, sobre todo gracias a las lluvias. Cabe recordar que el girasol es un gran consumidor de nutrientes; es un cultivo con capacidad esquilmante, que absorbe todo lo que hay en el suelo, sea mucho o poco, y al año siguiente puede haber problemas de falta de nutrientes. Sin embargo, es muy poca la gente que abona en girasol y este año ya se han visto problemas en algunas fincas que tuvieron este cultivo el año pasado.

Se confirma la caída en la superficie de patata, que podría situarse entre las 15.000 y las 15.500 hectáreas, lo que se traducirá en muchos miles de toneladas menos. No es fácil saber qué pasará con el mercado de este tubérculo, teniendo en cuenta que la superficie también se ha reducido un 20% en zonas como Cartagena o Andalucía, y que Francia amenaza a los productores españoles con unas reservas de patata muy importantes.

La remolacha presenta un estado extraordinario. A falta de cifras oficiales sobre siembras, existe la sensación de que hay más que el año pasado. Se sigue sembrando en algunas zonas, sobre todo en León, mientras en el resto de la comunidad la mayoría de los que sembraron ya han debido realizar riegos de nascencia. Estamos ante una buena noticia porque aquellas remolachas que hayan nacido y crecido bien se habrán beneficiado de unas temperaturas mínimas de 7-10 grados centígrados. Se les puede augurar un buen resultado.

Estamos ante un previsible buen año para las leguminosas. Cultivos como la veza o el guisante presentan un estado muy bueno, con unos cultivos que aumentan su superficie merced a la nueva PAC y a la convicción de que es necesaria y conveniente la rotación con leguminosas, como mejorantes del suelo y como medio para combatir las malas hierbas.

El viñedo se ve beneficiado por unas precipitaciones que garantizan ‘bodega’ a la planta, así como por unas temperaturas que facilitan la brotación. Las cepas no han llegado a ese estadio todavía, pero ya se anuncia su llegada; sobre todo porque los brotes han aparecido en comunidades como Extremadura o Castilla-La Mancha.

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