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jueves, diciembre 1, 2022
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¿Qué variedad de cereal elegir para esta campaña?

El Itacyl muestra los resultados de pruebas realizadas con variedades de cereal en nueve localidades de Castilla y León

En Castilla y León ha habido una producción casi tres veces por encima de la de la campaña pasada y superior a la media

La campaña cerealista en Castilla y León se ha caracterizado por unas precipitaciones superiores a la media, si bien la ausencia de lluvias en octubre y noviembre hicieron que las nascencias no fueran las óptimas. También propició la sequía pérdidas de abonados de fondo por lixiviación y evaporación, que obligaron a reforzar los abonados de cobertera. Esto hizo que la cosecha, que puede considerarse como buena, no llegara a las producciones de dos campañas atrás, si bien superó ampliamente a la muy mala del año anterior, según el balance que hace el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl).

Si la media anual de precipitaciones en Castilla y León está en torno a los 450 milímetros anuales, en esta campaña, entre los meses de octubre a julio, se han recogido unos 520 milímetros, lo que ha incidido en un aumento de los rendimientos. Las producciones han estado de media en 4.028 kilos por hectárea en trigo y 3.930 kilos en cebada. Así, han superado de manera notable la media de rendimientos de la Comunidad, que está en 3.300 kilos en trigo (-22%) y 2.900 (-35,5%) en cebada. Son, además, cifras muy superiores a la campaña anterior, donde las medias fueron 1.700 kilos en trigo y 1.200 en cebada.

Todas estas incidencias meteorológicas han tenido como consecuencia que en Castilla y León se registre una cosecha de 7,4 millones de toneladas, lo que supone una producción casi tres veces por encima de la de la campaña pasada y superior a la media, que se sitúa en torno a los 5,8 millones e inferior a los 8 millones de toneladas obtenidos en la campaña 2015/16. Esta campaña reciente ha sido la segunda más importante de los últimos cinco años. La superficie de cereales para grano en esta cosecha es de 1,88 millones de hectáreas, lo que supone un 2,7% más que la pasada (1,83 millones de hectáreas).


De septiembre a julio cayeron, de media, 520 milímetros de agua en la región


La campaña no ha sido problemática desde el punto de vista de la sanidad de los cultivos, siendo escasas las incidencias de hongos, especialmente de roya amarilla (Puccinia striiformis), que ha sido un problema en anteriores años. Los ataques se han producido muy al final del ciclo, por lo que su incidencia ha sido menor. Sí ha habido mayor afección por malas hierbas, debido a las lluvias y la dificultad de hacer tratamientos por lo encharcado del terreno.

En cuanto a especies, el trigo blando sigue manteniendo la hegemonía con 871.558 hectáreas, superior al ejercicio anterior, pero algo inferior al de 2015/16, donde se superaron las 900.000 hectáreas. La cebada sigue la tendencia a la baja, con 763.442 hectáreas, un 3% menos que hace dos campañas.

El trigo duro ha visto frenado su incremento, donde llegó a las 8.000 hectáreas en 2017. Ha descendido a casi la mitad -4.900 hectáreas-, aunque la tendencia es a ir incrementando su superficie a medida que van apareciendo variedades de buenos rendimientos en nuestra Castilla y León.

La avena ha incrementado su extensión de cultivos en dos años en veinte mil hectáreas, hasta alcanzar las 117.344 hectáreas. Lo mismo ocurre con el centeno, que con 94.782 hectáreas mantiene su tendencia al alza impulsado por los híbridos.


En Esteras de Lubia ha rendido menos la cebada que en otras campañas


Los campos de ensayo de variedades se distribuyeron en las localidades de San Bernardo (Valladolid), San Pelayo (Valladolid), San Cristóbal de la Cuesta (Salamanca), Cerratón de Juarros (Burgos), Zael (Burgos), San Esteban de Zapardiel (Ávila), Cordovilla la Real (Palencia), Esteras de Lubia (Soria) y Villanueva del Rebollar (Palencia).

La densidad de siembra está entre 425 y 450 semillas por metro cuadrado en cebada y trigos. Las variedades ensayadas están registradas en el catálogo español o comunitario o se benefician de un registro provisional.

El ensayo de trigo blando de otoño en San Bernardo tiene una media de 3.975,5 kilos y un coeficiente de variación de 7,64. El más productivo ha sido el testigo camargo, con un rendimiento de 4.284 kilos por hectárea, seguido de nemo (4.141 kilos) y complice 4.128 kilos). En el ensayo la variedad más productiva, no tiene diferencias respecto a la mayoría de las variedades, salvo con chambo (3.719 kilos) y filon (3.683 kilos).

Los rendimientos de los trigos, han sido un poco inferiores a la media de los últimos años, que suele estar por los 4.500 kilos.

En los rendimientos de las variedades de trigo blando de primavera en Cordovilla la Real sí existen diferencias entre variedades, lo cual valida el ensayo a pesar de tener un coeficiente de variación superior al 15%. Es la más productiva LG arroba (5.387 kilos), seguida de macareno (5.366 kilos). El testigo gazul, con 3.988 kilos, ha sido la menos productiva.

La avena, a pesar de estar aumentando su superficie en Castilla y León en más de veinte mil hectáreas en dos años, no presenta un gran número de variedades para los ensayos. La novedad ha sido M-77, que con 5.855 kilos supera la media del ensayo, solo por debajo del testigo chimene (6.568 kilos); la más productiva. Han sido, además, buenos los rendimientos del triticale en el ensayo de Villanueva del Rebollar, con una media de 6.289,5 kilos por hectárea. Las variedades con más producción han sido bikini y RGT exprotac, con 6.763 y 6.430 kilos respectivamente…

Consulta el resto de datos de los ensayos de Itacyl en CAMPO 60.


Coordinadores
Gabriel Villamayor Simón
Nieves Aparicio Gutiérrez

Supervisores de ensayos
Rosa María Fernández de la Fuente
José Ramón Valles Rodríguez
Eduardo Aguado del Campo
Itacyl

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