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sábado, junio 25, 2022
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Otra buena campaña de colza

La oleaginosa ha puesto de manifiesto un año más que da una rentabilidad por la que es merecedora de figurar en un lugar destacado de la rotación de cultivos en Castilla y León

La colza sigue demostrando una campaña tras otra, con independencia de que llueva o no, que es un cultivo rentable en Castilla y León. En la región se cultiva más del 42% del total de la colza española con óptimos resultados. Hace unas dos semanas concluyó la recepción en ACOR en un buen año en cuanto a rendimientos, con una media que podría rondar los 2.500 kilos por hectárea según los datos facilitados por la cooperativa. Las lluvias primaverales y las temperaturas suaves durante la fase de maduración ayudaron al aumento de las producciones, sobre todo en los secanos.
En cuanto a superficies según el adelanto del Magrama, a la espera de los datos de la PAC, las siembras en la comunidad aumentaron ligeramente con respecto al año anterior, rondando las 30.000 hectáreas. Los avances de la Junta elevan esta cifra a 42.462 hectáreas.
“La superficie podría haber sido mayor si no fuera por las bajas precipitaciones que se produjeron en ciertas zonas de la región al inicio del cultivo y que condicionaron la nascencia y su posterior implantación”, señalan desde ACOR. Hubo ataques de gusano de alambre que obligaron a resembrar fuera de fecha o a eliminar el cultivo. Aumentan los daños de insectos durante las fases iniciales del cultivo, debido a la desaparición de insecticidas de semilla. “Sería conveniente conocer el historial de la parcela para estar preparados” recomiendan desde el Servicio Agronómico y de Cultivos de ACOR.
Los resultados obtenidos son satisfactorios, pero existen situaciones cuyos rendimientos han estado por debajo de lo esperado. El exceso de precipitaciones invernales obligaron abonar de cobertera más tarde de la fecha recomendable y una vez que la planta había salido de su parada vegetativa.
Otras incidencias que se han producido en la fase de floración -y en mayor medida que en años anteriores- son el aumento de ataques pulgón (Brevicoryne brassicae) y las bajas temperaturas nocturnas (rondando los 0ºC) que han originado pérdidas de flor y un mal llenado de algunas silicuas, según reseñan también en la cooperativa. A pesar de todo, comarca por comarca, las produciones han sido buenas.
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En Cordovilla la Real (Cerrato palentino), están las 200 hectáreas de regadío de Dehesa Peñoñorí. Son tierras francoarenosas y calientes entre el Arlanza y el Pisuerga. El riego las hace productivas, aunque este año las riadas han tenido las 22 hectáreas de colza sumergidas tres veces bajo dos metros de agua, según cuenta el encargado de la finca, Félix Gómez.
A pesar de todas las dificultades -se perdió planta-, los rendimientos medios han estado en 3.600 kilos por hectárea. La oleaginosa ha aguantado mucho mejor el tipo ante las adversidades que otros cultivos. “La diferencia entre la cebada que se inundó y la que no es de 2.000 kilos por hectárea…”, ejemplifica Gómez. La sementera siempre la hace sobre paja de trigo, en siembra directa.
La búsqueda de una buena rotación fue el motivo por el que incorporaron en Dehesa Peñoñorí la colza. Permite aprovechar los nutrientes que el cereal no usa, combatir las malas hierbas, “pero también supone gastos en semilla, abonado… Hay que cuidarla para sacarle rendimiento”, recomienda Gómez, que es partidario de evitar los “gastos tontos como los que suponen labrar la tierra, por ejemplo”.
En la exploración palentina, además de colza, han puesto esta campaña adormidera, cebada, alfalfa, girasol, veza y arvejones.
Lo habitual es que siembren distintas variedades para asegurar rendimientos ante diferentes incidencias meteorológicas. Félix Gómez busca regularidad en la semilla. Para él es muy importante que no haya pérdidas de grano al cosechar. “Con la de Dekalb no se abre la vaina y se siega muy bien”, apunta.
San Pedro de Latarce (Tierra de Campos vallisoletana). Las expectativas que Santiago García tenía puestas en sus 68 hectáreas de colza -todo en regadío excepto dos hectáreas- han quedado un poco por encima de la realidad una vez que entró a cosechar. Terminó de recoger el 14 de julio. De todas formas, las fincas ubicadas en San Pedro de Latarce (Tierra de Campos vallisoletana) han llevado al remolque una media de 4.800 kilos por hectárea. En algunas zonas ha llegado a 5.130 kilos. El problema ahora es el precio, ya que ve difícil la venta a más de 32 céntimos. “En todo caso, la colza sigue siendo rentable; aunque algo menos que estos años de atrás”, señala el agricultor.
García busca explicaciones a la merma inesperada en la producción. Ya ha encargado las analíticas necesarias para saber si el cultivo se ha visto afectado por el gorgojo de tallo o por otro problema. No ha tenido pulgón. Otra posibilidad es que el exceso de lluvia le haya pasado factura a los terrenos flojos de San Pedro de Latarce en forma de lavado de nitrógeno.
Al margen de incidencias puntuales en campañas concretas, Santiago García está plenamente convencido de que la colza es un cultivo adecuado para su explotación. Hace siete años que la cultiva y ha constatado de primera mano que es rentable en lo económico y en lo agronómico: “Se siembra en una época en la que hay poco trabajo. Va muy bien en la rotación y deja un lecho muy bueno de siembra que se nota mucho en las producciones del cultivo siguiente. El año pasado tuve producciones de 7.000 y 7.300 kilos en cebadas tras colza; este año han sido menores por el exceso de agua”, ejemplifica.
El agricultor vallisoletano es consciente de que la evaluación de cómo resulta el cultivo hay que hacerla teniendo en cuenta la suma de varias campañas. Este año ha sembrado graf y variedades de Pioneer, que adquiere en Semillas Blanco (Sebla).
Castellanos de Villiquera (Salamanca). Gregorio Valle cosechó en la segunda semana de julio las 33 hectáreas que había puesto esta campaña en Castellanos de Villiquera (Salamanca). Mala suerte este año. El pedrisco se cebó con la oleaginosa hasta el punto de afectar al 95% del cultivo en la parcela más dañada. Entre el 45 y el 50% en otras. Así, en las tierras mejor paradas ha podido recoger poco más de 3.000 kilos por hectárea. 2.000 kilos en otras más castigadas por el granizo.
Pero Valle es un veterano con más de diez años sembrando colza, así que los incidentes de esta campaña no le van a desanimar. Seguirá plantando. Habitualmente cultiva en torno a 50 hectáreas, además de trigo, cebada, avena y girasol; todo en secano. “Empecé a ponerla por probar cómo resultaba, y los primeros años fue cuando casi más rendimiento me dio”, recuerda.
El agricultor de Castellanos de Villiquera se muestra convencido de que la colza baja el rendimiento a partir del tercer año que se pone en la misma finca, “aunque la dejes descansar”. No hay problema. El cereal que viene después en la rotación resulta beneficiado. “Se nota en los trigos, en tierras fuertes, que van mejor sobre todo a partir del segundo año”, asegura el salmantino.
La queja es para los precios, “pero como está todo igual…”, se lamenta. En cuanto a variedades, es incondicional de la octans (Koipesol). Es la que mejor le ha resultado de las que ha probado en sus parcelas, así que por el momento ha desistido de experimentar con otras.
En Palacios de Goda (Ávila) José Antonio Lozano -lleva la explotación con su padre y su hermano- se ha estrenado esta campaña como agricultor de colza. “Estoy abierto a todo tipo de cultivos que vayan bien para el terreno y la explotación. No hay ninguna razón para atarse a lo que se ha hecho toda la vida. Aquí se hacen pocas rotaciones: barbecho, trigo, alguna cebada y poco más… Yo estoy abierto a innovar”, indica.
Sembró diez hectáreas en secano pero tuvo que arar casi dos porque no llovió en el momento que debía y la nascencia se complicó. A pesar de todo ha obtenido un rendimiento de 3.000 kilos por hectárea. Es algo menos de lo que esperaba pero ha quedado muy satisfecho. Tanto que para esta próxima sementera piensa en poner ocho hectáreas de regadío y otras tantas en secano. Siempre en barbecho para sembrar trigo el año siguiente.Además de la colza cultiva vezas, guisantes, centeno, trigo, cebada, remolacha y patata. “Hay que variar. Aquí no se había puesto nunca colza. Ahora es posible que la gente se vaya animando; como el día que empieza uno segar, que vamos todos detrás aunque no esté para ello”, bromea. Lozano está convencido de que va por buen camino: “La colza deja muy buen suelo para el siguiente. Y estas rotaciones ayudan a controlar plagas y enfermedades”. “Llevar los tratamientos al día es de las cosas más importantes para cualquier cultivo”, recomienda sin dudar y con carácter general.
En sus fincas de buen terreno, de tierra fuerte, sembró semillas de Pioneer. Incluso han llevado a cabo algunos ensayos, de los que tanto la marca como el agricultor han quedado muy satisfechos.

En el norte de Palencia, en el entorno de Aguilar de Campoo, el secano ha sido esta campaña como un regadío. Incluso como un regadío excesivo según épocas. José Martín terminó de cosechar sus 44 hectáreas de colza el 19 de julio. En realidad, no todas. En ocho de ellas prácticamente no entró la máquina debido a que durante varias semanas estuvieron tan encharcadas que muchas raíces se pudrieron. La otra cara es que en las mejores tierras el cultivo ha superado incluso los dos metros de altura.

A pesar de todas las dificultades, Martín está muy satisfecho con el resultado. La producción media de todo lo sembrado ronda los 2.500 kilos por hectárea, con zonas que han llegado hasta 4.500 kilos. A poco que las circunstancias vengan de cara la colza responde. Es el segundo año que pone esta oleaginosa “por rotar, por controlar malas hierbas… Es un cultivo alternativo muy bueno”, explica.
Cultiva también trigo y patatas. Antes ponía girasol, pero tenía dificultades para realizar todas las labores, que coinciden en el tiempo. Por el contrario, las propias de la colza se hacen cuando las demás siembras apenas requieren atención. “Son todo ventajas. Es muy bueno como rotación y el precio es el doble que el del trigo: con una producción de 2.500 kilos haces como con un trigo de 5.000 kilos…”, asegura el agricultor.
Eso sí, Martín advierte de que hay que tratar la colza de manera profesional. Es necesario sembrar bien, abonar y aplicar los tratamientos necesarios en su momento para que dé el potencial que posee. “Hay que hacerlo bien. Si gastas el dinero que necesita te da rendimiento”, apunta tajante. “El problema es la nascencia, pero una vez que nace es un cultivo duro y rústico”, afirma.Después de ver el resultado que le dio la colza el año pasado, esta campaña se lo ha tomado más en serio. Se ha asesorado bien y ha hecho las labores que debía y en su tiempo. Tenía confianza. Y los resultados le han dado la razón al agricultor. Puso la variedad ES hydromel (Euralis), a la que ya le vio potencial en las pruebas de su primer año, y le ha ido bien.

 

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