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viernes, diciembre 9, 2022
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Ya tenemos nascencia. Y ahora, ¿qué?

José Ángel Cortijo
José Ángel Cortijo, responsable de Fertiberia en la Zona Noroeste

Apesar de la lluvia y la nieve sigue existiendo déficit hídrico en Castilla y León, de forma especial en las provincias de Valladolid y Palencia. Menos mal que en torno al día de Navidad la humedad y las temperaturas suaves facilitaron la nascencia del cereal en numerosos puntos de Castilla y León, sobre todo de centenos y trigos sembrados en el mes de octubre. Y ahora, ¿qué?

Como en años anteriores, vemos que dispone de un cierto margen de tranquilidad aquel profesional que decidió hacer un abonado de fondo cuando tocaba, y a pesar de la incertidumbre que existía.

Con carácter general hay que ser consciente de que hay un retraso en el crecimiento del cultivo de entre quince días y un mes. Por lo tanto debemos actuar para, dentro de lo posible, corregir esa falta de desarrollo.

Y son los agricultores que no han hecho abonado de fondo quienes más dudan ahora mismo en relación con cuál puede ser la decisión más acertada. Aunque resulta difícil ofrecer una respuesta general que sea válida para todos ellos, puesto que cada comarca e incluso cada parcela viven una situación diferente, sí es cierto que podemos dar una serie de pasos que nos ayudarán a tomar una decisión:

En primer lugar, debemos tener el cuenta qué se ha hecho hasta ahora en esa parcela; qué se ha cultivado en los tres últimos años y con qué rotaciones, y por supuesto cómo se ha abonado. Haciendo memoria sobre todo ello el agricultor sabrá cómo pueden encontrarse sus reservas de nutrientes.

Otros aspectos a los que debemos prestar atención son el potencial productivo del cultivo, aunque sea muy difícil de calcular en el caso del secano, y el comportamiento de la meteorología, pues no es lo mismo trabajar en el norte de la provincia de Burgos, donde muchos no entrarán en sus tierras hasta finales de febrero ante la lluvia caída, que otras comarcas menos beneficiadas por el agua. Es el caso de Tierra de Campos.

También es del máximo interés disponer de un análisis de suelo, que nos dará una información de gran utilidad para complementar todo lo averiguado en el punto anterior.

Uno de los posibles escenarios es el de las zonas con máxima pluviometría, donde es posible repetir una práctica que en realidad es habitual en aquellas latitudes: la de aportar un abono NPK, como un fondo, sobre un cultivo ya nacido. Es una opción adecuada, siempre que se haga con los diferentes elementos solubles en agua. El agricultor complementará ese NPK con una primera cobertera unas dos semanas después.

La segunda opción es válida para aquellas zonas donde ha llovido menos, con un potencial productivo más cercano a la media regional. Se trata de la fórmula de un abono NPK de una sola aplicación, con un alto contenido en nitrógeno y un fósforo lo más soluble que sea posible, además de con azufre.

Los agricultores que tengan la absoluta seguridad de contar con reservas suficientes pueden apostar en exclusiva por abonos con nitrógeno Pero tengamos mucho cuidado porque, si no dispone de una cantidad suficiente del resto de nutrientes, puede producirse una descompensación. De todos es sabido que la ausencia de un elemento en el suelo puede bloquear la absorción del resto.

Conviene recordar la necesidad de aportar un nitrato con azufre (nitrosulfato), ya que con ello favorecerá la absorción del resto de nutrientes. También es importante no sobrepasar la dosis necesaria, es decir, que de forma casi obligatoria deberá dosificar la aplicación; digamos que el abonado de fondo más la primera cobertera debe cubrir el 70% de las necesidades totales. El resto lo aplicaremos en función de la lluvia y la temperatura, además de la producción esperada, en un plazo de mes o mes y medio a partir de la aplicación que hagamos por estas fechas.

Y no está de más una recomendación genérica, pero que cobra especial sentido en un año como este: tener en cuenta que los abonos lleven nitrógeno en forma nítrica, porque es el que tiene más posibilidades de ser absorbidos por la planta. Y es que con las bajas temperaturas su capacidad de absorción es muy pequeña, por lo que debemos ponérselo lo más fácil posible. Al mismo tiempo, debemos estar atentos a que el fósforo sea lo más soluble al agua que sea posible.

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