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lunes, septiembre 26, 2022
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Agricultura sostenible: tomar el toro por los cuernos

Es el momento de afrontar el nuevo modelo del sector agrario con pragmatismo y con el debido rigor, y de atender la demanda de información y formación por parte de los agricultores y ganaderos. Sin prejuicios ideológicos y sin enfrentamientos políticos

Soy científico y estudio la sostenibilidad de la agricultura de secano de la provincia de Segovia. Mi investigación abarca a las personas que se dedican a ella, sus actividades, el fruto de su trabajo y el lugar en el que lo ejercen.

Fernando Luis Sánchez Casado

No soy agricultor, pero desciendo de agricultores y, durante treinta años, he sido un microempresario y autónomo. Esto me permite abordar la escritura de este breve artículo desde la empatía, a sabiendas de la vocación, el empeño y el sacrificio necesarios para sacar adelante un negocio, una explotación agraria.

Es precisamente esa empatía la que también me permite ponerme en el lugar de los agricultores y ganaderos que hoy viven momentos de incertidumbre, como consecuencia de los cambios que deben afrontar a cuenta de esa gran palabra que es la sostenibilidad.

La sostenibilidad de una actividad hace referencia a su capacidad de pervivencia en el marco de los valores aceptados por la sociedad en cada momento. Abarca cuestiones ineludibles, que se traducen en políticas que atienden las demandas ciudadanas y que nos atañen a todos.

En el caso del sector agrario, tengo la impresión de que el asunto de su sostenibilidad se está enfocando de manera incorrecta por parte del propio sector y de su entorno (medios especializados, OPA, políticos, técnicos y científicos, etcétera).

El hecho es que, sí o sí, la agricultura y la ganadería del siglo XXI van a tener que asumir el modelo más «verde» que se está impulsando desde el consenso europeo. De acuerdo con él, el criterio de la eficacia (producción a toda costa) se sustituye por el de la eficiencia (producción rentable y acorde con los límites biofísicos del sistema).

Por tanto, es el momento de dejar a un lado prejuicios ideológicos y enfrentamientos políticos que nos hacen perder un tiempo precioso, de remangarnos y de lanzarnos a la tarea urgente de averiguar qué significa «agricultura sostenible» y cómo podemos materializar esa idea. Precisamente, son estos los objetivos de mi investigación.

A mi entender, la sostenibilidad es un ideal y, por tanto, algo inalcanzable. Sin embargo, sí que podemos concretar aquello que resulta insostenible. En el caso de las explotaciones agropecuarias, lo insostenible suele conllevar la producción de emisiones y residuos, es decir, derroches de energía y de otros insumos, que se traducen en pérdidas evitables de dinero.

Pero, además de las afecciones ambientales, también contribuyen a esa insostenibilidad fenómenos como los bajos precios de las producciones, la invisibilidad del trabajo de la mujer o la falta de relevo generacional.

Desde esta perspectiva, el cambio de paradigma que afrontan el sector agrario y el resto de los sectores de la economía resulta inevitable e inaplazable, al tiempo que deseable para todos y rentable, incluso en el corto plazo.

Por ello, es el momento de abordar la sostenibilidad del sector agrario con pragmatismo y con el debido rigor, y de atender la imperiosa demanda de información y formación por parte de los agricultores y ganaderos de la región.

Fernando Luis Sánchez Casado es geólogo e investigador predoctoral en el Departamento de Química Agrícola y Bromatología de la Universidad Autónoma de Madrid

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