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viernes, diciembre 9, 2022
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El girasol, un cultivo por el que merece la pena apostar

Fernando Garrachón, Marketing de Cultivos de Euralis Semillas
Desde la pasada campaña 2015 muchos agricultores castellanoleoneses han visto en el girasol un cultivo interesante, ya no solo por motivos económicos o agronómicos sino porque a su interés se le ha añadido un condicionante por motivos de legislación de la PAC
Tras la modificación de la PAC (2014-2020) y dentro de las medidas incluidas en el pago verde o ‘greening’ está la diversificación de cultivos, circunstancia que hace que gran parte de las explotaciones de la comunidad tengan que establecer dos o tres cultivos diferentes, entre los cuales fácilmente se encuentre el girasol.

A su vez, oleaginosas como el girasol y la colza se han visto incluidas en la ayuda asociada a los cultivos proteicos y, por tanto, cuentan con un incentivo económico del que no disponen otros, como los cereales.

El girasol es un cultivo rústico en secano y de gran potencial en regadío, rentable en ambos casos, poco exigente en gastos y de rápida recuperación de la inversión.

Al mismo tiempo, la inclusión del girasol en una rotación cerealista implica diversificación y, por tanto, una reducción de riesgos climáticos y de bajada de precios en una época determinada, y menor incidencia de enfermedades cada vez más agresivas en los cereales.

Agronómicamente está bien adaptado al sistema de producción cerealista y resulta muy interesante porque incrementa la producción del cereal siguiente, rompiendo así el ciclo de enfermedades y posibilitando un mejor control de las malas hierbas. También permite una mayor rotación de cultivos y un mejor reparto y organización del trabajo a lo largo de toda la campaña.

Es conocido por los agricultores que hay una serie de malas hierbas que ven favorecido su desarrollo al coincidir su emergencia con la nascencia del cultivo a implantar. Es esto, y la repetición habitual de un mismo cultivo, lo que favorecerá la dominancia de algunas familias y especies de malas hierbas en el cultivo dominante de nuestra explotación, que en Castilla y León suele ser generalmente el cereal.

La rotación de cultivos, especialmente aquellos que tienen una diferente época de siembra y que pertenezcan a una familia de cultivo distinta -como es el girasol en una rotación cerealista- es una de las medidas agronómicas más eficaces en la lucha contra las malas hierbas. Se evita también la aparición de resistencias ante un uso continuado de las mismas materias activas o el uso de materias activas con una actuación similar.

Todo son beneficios

En estas rotaciones, las leguminosas son el cultivo anterior que permite al girasol obtener un más alto rendimiento, pero lo habitual es encontrar cereales de invierno y se considera el mejor precedente que puede tener el cultivo del girasol, ya que los cereales son inmunes a los principales hongos patógenos y malas hierbas que podemos encontrar en el girasol.

Desde un punto de vista nutricional, la siembra de cultivos con un potente sistema radicular, como es el caso del girasol, nos permite obtener un mejor aprovechamiento de los nutrientes que se van lavando y desplazando hacia capas más profundas del suelo que, cultivos como los cereales con un sistema de raíces más superficial, ya no pueden aprovechar.

Otro motivo que hay que valorar por parte del agricultor es la mejora estructural que este potente sistema radicular ejerce sobre el suelo. Si nos paramos a pensar, una parcela de girasol tiene, si hablamos de secano, entre 50.000 y 60.000 plantas por hectárea. Estas plantas, y por tanto sus raíces, están ejerciendo un efecto disgregador o de subsolado del suelo muy beneficioso para el cultivo siguiente.

Es por esto que en años de inviernos lluviosos como este, parcelas cuyo precedente haya sido girasol, en estas fechas, se encuentren más sanas, con un mejor drenaje y con un mejor color que aquellas en las que se ha repetido un cereal.

Esta puede ser la causa que justifique el efecto beneficioso que el cultivo del girasol y la colza tengan en el cultivo siguiente, no ya sólo en el primer año, sino que este efecto mejorante se verá en los tres años siguientes, tal como se aprecia en la tabla sobre incrementos de la producción.

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