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jueves, diciembre 1, 2022
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Retos para el futuro del girasol oleaginoso en Castilla y León

Marcos Martín. Jefe de Producto Híbridos en RAGT Ibérica

Los inicios del cultivo del girasol en la Península Ibérica como planta de gran cultivo son relativamente modernos. La superficie de cultivo a mediados del siglo pasado eran apenas testimoniales y con uso ornamental.

Es hace medio siglo cuando aparecen los primeros datos representativos de su cultivo, principalmente en Andalucía, con apenas 38.000 hectáreas en el año 1968. La alternativa al cultivo del cereal abría las puertas a uno nuevo.

La superficie se extiende rápidamente, principalmente por Andalucía y Castilla-La Mancha. En 1976 alcanza el medio millón de hectáreas y rendimientos medios en el entorno de los 600 kilos. La llegada del la PAC en 1992 supuso la llegada de las subvenciones y un récord histórico de superficie, con 2,1 millones de hectáreas y una bajada en la producción a niveles de poco más de 500 kilos de media.

Si hace 50 años el girasol se expandía desde Andalucía hacia las dos Castillas, avanzando cual ejército en el frente ganando batalla tras batalla. Hoy la situación es muy distinta.

La superficie nacional se encuentra dividida en tres grandes áreas de cultivo: Andalucía, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Representa cada una un 30% de la superficie nacional aproximadamente, dejando el 10% restante para el Valle del Ebro y Extremadura.

Diferentes zonas

Esta división geográfica es también una diferenciación por área agroclimática de cultivo. Es obvio que las condiciones de cultivo en Andalucía, Castilla y León y La Mancha son totalmente distintas, como lo son los climas que poseen.

Andalucía con sus inviernos suaves y libres de heladas permite siembras tempranas de los meses de febrero y marzo, y recolección en verano; durante el mes de julio. El jopo y el mildiu son condicionantes que hay que superar con los híbridos de girasol sembrados.

La Mancha -con primaveras cortas, veranos muy calurosos, siembras de abril y mayo y recolección a principio de septiembre- es otra zona diferenciada, y donde el jopo se ha abierto hueco, siendo la presión de enfermedades inferior a Andalucía. Extremadura y el Valle del Ebro, tienden a asemejarse a La Mancha en cuanto a condiciones de cultivo.

Castilla y León, en sus grandes zonas productoras de girasol (las provincias de Burgos, Soria, Valladolid, Salamanca y Palencia) presenta unas condiciones de cultivo distintas a Andalucía y a La Mancha, con siembras de mayo y junio y la recolección a inicios de octubre. Menor presión parasitaria del jopo y el mildiu, y mayor riesgo de enfermedades de tallo y hoja por el efecto de noches más largas y humedades relativas mayores en la fase de floración y maduración.

Esfuerzo investigador

Al igual que todos entendemos que las variedades de cereal que se cultivan en cada una de estas regiones son distintas, y muy diferentes entre sí, las variedades de girasol tienden a serlo.

El discurso de la gran plasticidad y capacidad de adaptación del girasol es cierto, pero el trabajo de las empresas obtentoras y comercializadoras es buscar los híbridos que mejor se adaptan a cada zona de cultivo. La mejor variedad en Andalucía no tiene por qué ser la mejor en Burgos o Soria, al igual que la variedad mejor adaptada a Valladolid o Palencia no tiene por qué comportarse de tal manera en Sevilla o Córdoba.

Una vez hemos reflexionado sobre estos puntos, fijamos los parámetros que el agricultor nos demanda. Hacemos el ajuste genotípico de la planta de girasol a las condiciones de Castilla y León.

  • Variedades de rápida implantación y gran vigor inicial
  • Ciclos no excesivamente precoces a floración, para así poder evitar que los días de mayor calor, altas temperaturas y baja humedad relativa durante el mes de julio e inicios de agosto en verano coincidan con la floración.
  • Variedades con una curva de maduración muy rápida. Llenado y secado rápido para evitar las lluvias de inicio del otoño en recolección.
  • Híbridos sanos y muy productivos. La planta más sana produce más cosecha.
  • Híbridos con un elevado contenido en aceite.
  • Híbridos equilibrados, con una arquitectura de la planta que permita mayores densidades de plantación. Plantas no muy altas y de porte cilíndrico.
  • Variedades más eficientes frente a cambios bruscos de temperatura (día /noche) como consecuencia de los efectos del cambio climático.
  • Resistencias genéticas a problemas que vienen para quedarse, como el jopo, mildiu, sclerotinia y resto de enfermedades de tallo y hoja, que provocan grandes pérdidas de cosecha en el girasol.
  • Incorporar resistencias naturales a herbicidas, como son las tecnologías ClearField, ClearField Plus y Sulfo.

Hoy el rendimiento medio del girasol en el mundo es de 1.400 kilos por hectárea aproximadamente. En nuestro país es de 1.200 kilos. El reto es poder alcanzar la media mundial lo antes posible. Y si la logramos, el futuro del girasol en España y en Castilla y León será más “amarillo”, y estaremos orgullosos de haber contribuido a alcanzarlo, como un eslabón más en la cadena de valor de la producción agraria.

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