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sábado, mayo 28, 2022
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Agropal muestra pautas a seguir para obtener la producción deseada en el cultivo de maíz

Para el grupo cooperativo Agropal es de vital importancia un adecuado control de malas hierbas, plagas y enfermedades.
El maíz (Zea mays), perteneciente a la familia de las gramíneas, cuenta con diferentes variedades y con respecto al ciclo idóneo para cada zona y época de siembra, existe un número de días en los cuales el cultivo se puede desarrollar y es en función de este espacio de tiempo en el que se ha de basar la elección de una u otra variedad.

El ciclo del maíz viene definido por el número de días que transcurren desde que la planta ha nacido hasta que alcanza su madurez fisiológica. Pueden ir desde ciclos 300 en zonas más frías de Saldaña (Palencia), hasta ciclos 600 en siembras tempranas de Zamora o Medina del Campo (Valladolid).

Tratamientos en el cultivo de maíz

Con el fin de disponer de unos buenos rendimientos es de vital importancia un adecuado control de malas hierbas, plagas y enfermedades.

“La importancia del control de las malas hierbas en el maíz es fundamental, la competencia entre las malas hierbas y el cultivo se produce, principalmente, en los primeros estados del cultivo, debido a su tardanza en el nacimiento y a su lento crecimiento en las primeras semanas”, tal y como explican en Agropal. Esto obliga a mantener el terreno limpio de malas hierbas el mayor tiempo posible, desde la emergencia del maíz,” pero fundamentalmente en los dos primeros meses, puesto que, a partir de ese momento, el rápido desarrollo del cultivo le permite competir favorablemente con las malas hierbas adventicias, especialmente por el sombreado que produce”.

Existen numerosas especies de insectos y ácaros causantes de plaga en maíz, pueden clasificarse en:

Insectos del suelo, como pueden ser los gusanos del alambre, los gusanos blancos y los gusanos grises, incluyendo tanto especies de coleópteros como de lepidópteros. Los daños vienen dados por las mordeduras de las larvas en las raíces, “pudiendo suponer una puerta de entrada a hongos, el control de este tipo de problemas suele empezar con los tratamientos de la semilla de siembra, mediante imidacloprid, y después mediante tratamientos en cultivo con clorpirifos o una piretrina”.

Las orugas defoliadoras presentan un amplio grupo de especies y son conocidas como rosquillas, plusias, heliotis, mitimas, etc.

Otras plagas ocasionalmente pueden darse situaciones puntuales de ataques de pulgones, de ácaros (araña) o de mosquitos verdes. Los primeros pueden ser vehículos para la transmisión de virosis (MDMV) que se manifestaran más o menos explícitamente según el momento de ataque.
“Respecto a mosquito verde y araña, los ataques tienen que ser importantes como para justificar la necesidad de tratamientos fitosanitarios en el cultivo”.

El maíz es un cultivo muy adaptado a condiciones de presión fúngica. Sin embargo, hay enfermedades entre las que se encuentran las manchas foliares provocadas por Helminthosporium maydis, H. carbonum, H. turcicum, Phyllosticta maydis, Kabatiella zeae y Colletotrichum graminicola; la roya, provocada por Puccinia sorghi, el carbón, por Ustilago maydis, las podredumbres de las mazorcas y granos, provocadas por Aspergillus spp., Penicillium spp., la fusariosis del pie y del tallo provocada por distintas especies del genero Fusarium y las virosis del mosaico del enanismo del maíz (MDMV) y el Enanismo rugoso del maíz (MRDV). También, cada vez hay más demanda de productos libres de micotoxinas que son metabolitos producidos por hongos y que dan problemas en animales y humanos.

Tratamientos de pre-emergencia

Los herbicidas de preemergencia son siempre residuales y pueden ser sistémicos absorbiéndose por la raíz o de contacto actuando generalmente sobre el tallo (coleoptilo o hipocotilo), cuando las hojas o cotiledones atraviesan la capa de suelo tratada con herbicidas.

Para conseguir una buena eficacia con este tipo de herbicidas hay que tener en cuenta una serie de conceptos:

La movilidad del producto en el suelo.

Los herbicidas residuales. Por lo general son poco móviles en el suelo. Por ello han de ser posicionados en un grosor de capa adecuado mediante un riego o un laboreo.

La humedad del suelo. Para el buen funcionamiento de un herbicida residual, es esencial que el suelo tenga cierta humedad. En caso contrario, su eficacia decrece o es muy reducida.

Los residuos del cultivo anterior en superficie. La presencia de restos vegetales puede hacer de barrera física impidiendo que el herbicida alcance el suelo, con lo cual, si se dispone de aspersión se dará un riego para “lavar” estos restos y hacer que la mayor parte posible del herbicida llegue a su destino. Este factor resulta especialmente importante en las siembras directas.

Tratamientos de post-emergencia

Si los tratamientos de pre-emergencia se hacen con buenas condiciones y las densidades de hierbas no son muy altas, suele resultar suficiente y no se requiere una segunda aplicación.

Sin embargo, no siempre se cumplen estos requisitos y es normal encontrar parcelas que requieren una aplicación de post-emergencia. Puede haber situaciones también en las que no se haya hecho una aplicación antes de la nascencia.

En ningún caso es recomendable aplicar herbicidas cuando el cultivo sufre condiciones de estrés (sequía, viento prolongado, frío…) puesto que pueden resultar fitotóxicos.

En épocas de elevada amplitud térmica las pueden provocar fitotoxicidad en el cultivo.

En el caso de los herbicidas de contacto es fundamental regular el pulverizador para obtener una buena cobertura, empleando coadyuvantes si se considera necesario.

Una lluvia o riego posterior a la aplicación de maíz puede lavar el herbicida y por lo tanto reducir la eficacia.
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