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martes, junio 28, 2022
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Sí, el maíz tiene futuro

Óscar Sobrino, director de Maíz y Oleaginosas de KWS
En esta próxima campaña la superficie mundial dedicada al cultivo bajará, de manera que la oferta y la demanda serán parejas y no habrá excedentes. También subirán los precios
Apesar de que aún no se ha terminado de cosechar todo el maíz en la comunidad castellanoleonesa -todavía queda mucho por recoger en León y Benavente- es tiempo de planificar las siembras de la próxima campaña.

En 2015 la superficie dedicada a este cereal en España fue casi un 10% menor que la del año anterior, pero las producciones en León están siendo mejores. Sin embargo en el resto de España, por el exceso de calor se recogió una media de 1.500 kilos menos por hectárea. Esto supuso una merma de entre el 8 y el 10% en la producción.

Las incidencias meteorológicas que perjudican las cosechas y los bajos precios que imperan ahora en el mercado de cereal desaniman al agricultor. Una falta de ilusión que acaba por transformarse en pesimismo entre los productores de maíz.

Alimento básico

Pero en un planeta que cada vez necesita más alimentos no podemos perder de vista que son el trigo, el arroz y el maíz las tres materias primas básicas para dar de comer a los habitantes de la Tierra. Y que el maíz, que ocupa un 32% de la superficie conjunta ocupada por estos tres cereales, representa el 40% de la producción de grano. Parece lógico pensar que hay que seguir con la producción, que el futuro del cultivo de maíz está asegurado.

El agricultor debe solventar sus dudas sobre si sembrar o no preguntándose cuántos años lleva sembrando, qué rentabilidad obtiene, si sigue teniendo los recursos -tierras, infraestructura para el riego y otros-, si el cultivo le encaja en la rotación… Ahí está la respuesta. El mismo pesimismo está instalado entre los agricultores europeos, pero si se quiere seguir siendo agricultor no queda más remedio que continuar sembrando. El que se sobreponga a la crisis será más fuerte.

El reto, ser más eficientes

Es posible que no vuelvan nunca los precios de hace cuatro años, pero siempre va a haber alguien que siembre maíz. El agricultor castellanoleonés debe aprender a ser más competitivo. Nunca va a poder controlar el mercado, pero sí puede ser más eficiente: usar la semilla más adecuada para sus tierras, fertilizar de manera más eficaz y optimizar el uso del agua con sistemas de riego más eficaces en el uso de agua y consumo de energía, etc.

De todas las formas, las previsiones son que la tendencia es hacia la mejora. Esta próxima campaña será menor la superficie mundial dedicada al maíz, de manera que la producción va a coincidir más o menos con la demanda del consumo. No se crearán excedentes por primera vez en varios años. Por otra parte, en cuanto se recupere el precio del petróleo también subirá el precio de los de los cereales.

Entre el 30 y el 50% del cereal que se consume en España es importado. Ahí está el desafío de hacerse con ese mercado. El lastre que tiene el maíz de Castilla y León frente al de otros países son los gastos derivados del riego, que supone en las zonas maiceras entre 500 y 700 euros por hectárea (amortizaciones, consumo energético, etc). Pero el grano llegado de fuera también trae consigo los costes del transporte.

Así, solo nos queda mejorar como productores. Ese es el reto. El productor sabe que puede ser más eficiente ajustando sus gastos de producción. En este sentido, la mejora genética de los híbridos de maíz ha sido y sigue siendo clave para incrementar las producciones. La investigación ha permitido desarrollar híbridos cada vez más eficaces. En los años 90, 15.000 kilos por hectárea se consideraba un record en Castilla y León. Hoy hay agricultores que en determinadas parcelas están pasando de los 18.000 kilos y en la mayor parte de los casos con menor consumo de agua y fertilizantes. Aún no sabemos dónde está el techo productivo de este cereal.

Investigación punteraTambién en semilla se puede ahorrar. Nosotros buscamos características genéticas en nuestras variedades que permiten que cuando una planta falla, las de los lados compensan esa pérdida, a esta característica la llamamos ‘espiga flex’. De esta manera, con 80.000 plantas por hectárea se produce lo mismo que con una densidad de 100.000 plantas. Además, esta menor densidad de siembra que supone un ahorro de entre el 10 y el 15% de la semilla, mejora la sanidad del cultivo con menor incidencia de hongos y micotoxinas (hoy el 25% de la producción de cereales a nivel mundial está contaminada por micotoxinas) . Todo suma a favor de la rentabilidad final.

El agricultor profesional tiene que tomar conciencia del potencial de la semilla y sembrar la que mejor se adapta a su tierra. El crecimiento de las medias productivas es consecuencia directa de la mejora genética y de la mayor eficiencia del cultivador. Todo para que la ecuación entre gastos e ingresos resulte más favorable para el productor de maíz, un cultivo con mucho recorrido por delante.

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