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sábado, junio 25, 2022
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El guisante reivindica su papel en las rotaciones de Castilla y León

Esta leguminosa vive un ligero repunte en la comunidad gracias a las exigencias ambientales de la PAC y a la ayuda acoplada, pero sus ventajas agronómicas justifican por sí mismas que cada vez más agricultores apuesten por ella

El abanico de cultivos se ha abierto algo más desde que la Política Agraria Común impone la muy saludable práctica de la rotación, y en este arco de opciones destacan producciones que, como el guisante, aportan más a las explotaciones agrarias que la mera recepción de una ayuda acoplada.
Jesús Platero, de Hermanos Platero Maté, es quizá uno de los profesionales que más contacto tiene con la semilla de guisante en el conjunto de España. Este año agrícola ha vendido simiente para unas 8.000 hectáreas de cultivo, en su mayoría localizadas en Castilla y León. Valladolid sobre todo, pero también Salamanca, la comarca palentina del Cerrato…
El principal destino de este guisante es la alimentación animal, aunque una parte importante de las ventas de Platero Maté va a agricultores que multiplican para la compañía. De hecho ya se han sembrado cerca de 600 hectáreas de R1. De ellas saldrán las semillas R2 que Platero Maté comercializará el año que viene.

Este año las condiciones son buenas para el cultivo, que puede experimentar un ligero repunte. “Para que el agricultor opte por el guisante debe atender a la rentabilidad que puede obtener, por lo que a los ingresos por la venta del guisante deberá añadir los beneficios para el cultivo siguiente”, señala. De este modo, “si el año siguiente pone un cereal, su producción será mucho mayor, incluso frente a haber dejado la tierra en barbecho”.

También destaca que emplear la semilla certificada es lo más aconsejable, no solo por la ayuda acoplada (condicionada a una semilla ‘legal’) sino porque obtendrá una mayor producción. “Quienes lo ven de primera mano son aquellos agricultores que dedican parte de su tierra a multiplicar, ya que comprueban los rendimientos mucho mayores que da la semilla puesta para obtener R2”, apunta.

Una hectárea de guisante puede tener unos gastos no muy elevados, entre los 250 y los 300 euros, “pero para obtener una buena producción el profesional deberá buscar la variedad más adecuada, no lo primero que le ofrecen en el almacén”, señala Jesús. En función de la variedad podrá obtener producciones diferentes, resistencia a enfermedades “o a las sorpresas que depare la meteorología”.

La siembra de guisante de ciclo largo (que se siembra entre noviembre y diciembre) supone dos tercios del total, mientras el otro tercio corresponde al periodo de enero-febrero, según el cálculo realizado por Roberto López, de Paralcampo, quien destaca el papel “alternativo” de este cultivo frente al cereal.

Además de las ventajas para el suelo, el guisante “posee un papel muy importante para combatir las gramíneas, como el bromo o la avena loca”.
Respecto a los tratamientos que puede necesitar, el gerente de Paralcampo destaca que en el mercado “hay autorizados productos muy eficaces contra las malas hierbas, tanto de hoja estrecha como de hoja ancha”. Se aplican en preemergencia, con carácter preventivo, mientras que los productos contra las gramíneas se aportan en postemergencia. Otras amenazas proceden del bromo, si no se ha purgado el campo, así como rebrotes del cultivo anterior.

Una de las plagas que hacen más acto de presencia es la del pulgón, respecto a la que conviene tratar cuando aparecen los primeros ejemplares.

Respecto a los hongos, la virulencia depende de las condiciones de temperatura y humedad en primavera y verano, como sucede con otros cultivos. Quizá el hongo más habitual sea el ascochyta, que se hace más presente cuando existen humedad y temperatura suave, como el mildiu. En este caso también conviene atacarlo con fungicidas cuando aparecen los primeros síntomas, según López.

No se puede dar por hecho que el guisante no necesite aportes de nitrógeno. Para el responsable de Paralcampo, es importante que se dé un equilibrio 1-2-2 entre los elementos de nitrógeno, fósforo y potasio. “Lo ideal es un abono complejo aplicado coincidiendo con la sementera”, apunta.

“Poner guisante es una opción sencilla y rentable para el agricultor”, para quien la producción de este año puede ser muy buena. También destaca el beneficio para el cultivo siguiente: “La producción de cereal puede ser al año siguiente un 15-20% superior por el lecho de siembra que deja el guisante”.

El cultivo se recoge antes que la cebada, sobre todo porque es una planta que pasa de verde a amarilla a gran velocidad, un secado es simultáneo “tanto para las variedades de ciclo corto como para las de ciclo largo”. De hecho, la principal diferencia entre ambas variedades reside en la mayor resistencia al frío que ofrecen las de otoño.

Entonces, ¿debemos abonar los guisantes?
Se apunta a esa tesis José Ángel Cortijo, de Fertiberia, para quien “es cierto que las legumbres toman nitrógeno y lo fijan al suelo, pero lo empiezan a hacer cuando pueden crecer por la temperatura y la humedad del suelo. Pero no al principio del ciclo, cuando la planta no es capaz de realizar ese proceso”, advierte.

¿Interesa por tanto aportar nitrógeno en las primeras fases? “Evidentemente, puesto que supone un empujón para el cultivo, que tendrá sus efectos en la producción final. Por ejemplo, se puede recurrir a un complejo 8-15-15, que puede tener unos efectos muy positivos”, señala.

De hecho, con el guisante sucede lo mismo que con tantos cultivos hoy emergentes y “afectados por tópicos sobre la no necesidad de abonado”. En muchos casos el problema es “que seguimos con criterios de fertilización propios de hace dos décadas, cuando en este tiempo se han dado varios pasos de gigante en capítulos esenciales de la agricultura, desde las variedades hasta la capacidad productiva”, subraya.

La cooperativa Agropal vende semilla para unas 2.000 hectáreas de guisante todos los años, una cifra que algunos años se llega a duplicar, como señala Urbano Blanco, responsable de cultivos de la sociedad.

Casi el 100% de la semilla vendida por la cooperativa corresponde a variedades de ciclo largo, “siempre de compañías obtentoras líderes del mercado”, cuyos destinos principales están en el Cerrato y en Tierra de Campos.

Quizá donde más se haya notado el despegue del guisante haya sido en el norte de Burgos. Conrado Martínez de la Pera, responsable de la compañía de insumos Martínez de la Pera, de Miranda de Ebro, recuerda que hasta hace poco la venta de semilla de guisante “era insignificante o nula”. Ha sido a raíz de la nueva Política Agraria Común cuando se ha introducido el cultivo y, de hecho, la venta de guisante, en su mayoría para semilla, ha sido este año de 35.000 kilos, para una superficie de unas 150 hectáreas. “Es poco, pero supone muchísimo más que antes”, subraya.

El área de influencia de Martínez de la Pera se extiende por el norte de Burgos, Álava y La Rioja. Por lo general se demanda guisante de primavera, que se suele sembrar en enero y febrero, pero este año también se ha sembrado en diciembre.
Después de un mal año para el guisante en la zona, la campaña 2015-2016 ha sido buena, con producciones medias en torno a los 3.000 kilos. “El guisante, a mi modesto entender, necesita humedad, y lo años en que la tiene la producción sube mucho”, destaca.
La compañía hace semilla de guisante para Disasem, cuyas variedades se dan muy bien en la comarca “por el porte que tienen y por su alto poder productivo”.

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