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viernes, diciembre 2, 2022
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Buena rentabilidad media de la patata cada campaña, con contrato

El contrato tiene sus defensores -sobre todo en quienes se dedican a la producción de patata para industria y que cultivan grandes superficies- y hay otros muchos que prefieren manejarse en el libre mercado.  En gran medida, la contratación o no depende mucho de las circunstancias particulares de cada explotación. En Aranpino el contrato es casi una utopía. “No hacemos ni un contrato; todo va en fresco al mercado libre. No sé si es una política acertada o equivocada, pero es la que tenemos”, apunta José Blázquez, el gerente de la cooperativa salmantina.

La razón de esta fórmula de gestión es que los patateros de la comarca ponen al año entre ocho y diez hectáreas de patata como mucho en su explotación.

Hay otra parte que también se encuentra con dificultades: el operador en origen. “El problema es que si yo hago contrato con el agricultor, a mí no me lo hace quien me las va a comprar y luego puedo tener dificultades para venderlas según cómo vaya la campaña”, alega Marco Martín, presidente de Asopocyl. “No puede ser que el operador de origen se juegue su patrimonio con los dientes de sierra que tiene este sector”, justifica.

José de la Torre, agricultor de la localidad vallisoletana de Canalejas de Peñafiel es un firme defensor de trabajar siempre con contrato. “No quiero ganar mucho dinero un año y al siguiente tener que tirarlas”, justifica de manera gráfica. Suele poner veinte hectáreas para lavado y en tierra nueva. Lo normal es que sea de monalisa, “que es la que mejor venta tiene”, razona.

“El contrato es un seguro para el agricultor”, afirma tajante, por su parte, Nicolás Serna, de la cooperativa El Carmen, en la localidad burgalesa de Montorio. Pondrá esta temporada 320 hectáreas para consumo y otras 60 de siembra.

Serna, una referencia en el ámbito de la patata de Castilla y León, recomienda al productor que haga contrato por lo menos para una parte del cultivo. De esta manera garantiza que cubre gastos y obtiene una rentabilidad, aunque sea mínima. También aconseja que el contrato se firme “con responsabilidad”, con alguien profesional y sin que haya trampa en las condiciones especificadas.

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