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domingo, mayo 29, 2022
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El cultivo de la patata en España, a examen

Roberto Ruiz de Infante, Gerente adjunto de Udapa- Cooperativa de Patatas de Álava
la hora de cultivar patatas el agricultor debe tener en cuenta qué pasa en el mercado. Hay que diversificar la gestión comercial de la producción hacia una oferta constante a lo largo de todo el año, para que la cosecha tenga una buena salida y precios adecuados

La campaña comercial de patatas 2014/15 está siendo un auténtico desastre. Los buenos rendimientos por hectárea, unidos a un incremento de la superficie, han llevado a la producción europea a incremento del 14% respecto a 2013. Esto hace que los 53 millones de toneladas de la UE del año pasado se hayan convertido para este año en 60,5; es decir, 7,5 millones de toneladas más. Además, no parece tampoco que el consumo de patatas se anime a cambiar la tendencia de caída paulatina de los últimos años.

Así, lo que tenemos ahora en el mercado es eso que se da en llamar ‘la tormenta perfecta’. El mercado acaba
repercutiendo siempre estas coyunturas con caídas estrepitosas de los precios y con excedentes que no encuentran colocación.

Y es que, a la hora de cultivar patatas, no se puede olvidar nunca el mercado. Hay que producir variedades, calidades y volúmenes con arreglo a la demanda. A pesar de que el cielo también juega, existen procedimientos y mecanismos de control que pueden atenuar la veleidad de esta incertidumbre. La producción ha de estar vinculada, fidelizada, y asegurada a una determinada vía comercial, bien sea de forma contractual o a través de estructuras comerciales de concentración de oferta (asociación de productores, etc.). Hay que acompasar todo lo que se pueda la oferta a la demanda para evitar esas sobreofertas de producto en los momentos de recolección, que desestabilizan los precios. Por último, hay que diversificar la gestión comercial de la producción hacia una oferta constante a lo largo de los 365 días del año.

Cuando las cosas se ponen del revés lo hacen para todos. Esta vez, los más perjudicados han sido, sin duda, los productores agrarios. La contrariedad se ha producido en ‘su espacio de riesgo. ¡Ojo!, cuando hablo de ‘riesgo’ me refiero al riesgo de perder y al riesgo de ganar. En los dos años precedentes (2013 y 2012) este mismo ‘espacio de riesgo’ derivó en un ‘sobremargen’ de beneficio para los agricultores. Es decir, un margen de rentabilidad por encima del de estabilidad del cultivo en base al cálculo habitual de expectativas.

Nosotros (Udapa- Cooperativa de Patatas de Álava) también hemos tenido contratos cerrados para un volumen de 7.000 toneladas de patatas, que hemos liquidado a un precio medio de 150 euros por tonelada. Si el precio medio de mercado del tipo de patatas que trabajamos estaba en torno a 50 euros en el momento de la recolección y entrega, pues… ¡miren ustedes!, hemos llenado nuestras cámaras de conservación con un déficit de 700.000 euros. Pero este riesgo lo tenemosasumido porque los dos años anteriores este mismo ‘espacio de riesgo’ no
dio sendos superávit de 210.000 y 280.000 euros respectivamente, aplicando la misma fórmula. Un año se compensa con otro. 

¿Cuál es el problema de fondo de la producción española? Que no se orienta bien hacia el mercado. No hacemos suficientes esfuerzos de interpretación comercial, no se acepta el mercado y, por tanto, no vemos dónde está nuestra oportunidad comercial. Inevitablemente, hay que producir lo que se vende, y no al revés. Y esto no es posible si no se está dispuesto a hacer un esfuerzo permanente de adaptación al mercado, de vinculación comercial, de ‘producción por encargo’. No podemos exigir a nuestros clientes que compren lo que ellos no quieren comprar; somos nosotros los que, en vez de dictar lo que han de comprar, tenemos que ofrecerles lo que buscan. 

Nosotros (Udapa) llevamos muchos años trabajando con la gran distribución organizada, y les puedo asegurar que todas las cadenas de distribución se rigen por el mismo patrón; buscan producto, rotación y margen. Es decir; valor. El hecho de que la patata sea producida en España mejora dicho patrón, pero esta mejora no nos exime de cumplir los factores de competitividad (definición de producto, calidad, precio y servicio). 

Es probable que en la próxima campaña las cosas se normalicen, porque se habrá producido una reacción de desmotivación y el mercado habrá buscado su equilibrio. Pero siempre existirá este problema estructural subyacente, si no se pone remedio en la dirección indicada, y entonces vendrán nuevamente campañas afortunadas y otras desastrosas, como ésta. Y así nunca saldremos de este círculo vicioso del ‘ciclo especulativo’.

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