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lunes, diciembre 5, 2022
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El mercado es quien siempre lleva la razón

El productor profesional de patata debe dejarse asesorar por quien le compra la cosecha y por las casas de semillas sobre qué variedades son las más adecuadas a sus tierras
Es tiempo de planificar la campaña de patata que está a punto de comenzar en Castilla y León. Un buen punto de partida es hacer antes balance de lo sucedido en la anterior. Incluso, mejor aún, analizar cómo se han desarrollado las del último lustro. Un análisis sereno permitirá concluir hacia dónde camina el sector -siempre al son que tocan los mercados- para no caer en los mismos errores e insistir en los aciertos. Pronosticar el futuro es mucho más complicado.

El balance final de las siembras de 2015 tiene diferentes matices según quién sea el analista. Para Mónica Ortega, la responsable de patata de Germicopa, la campaña ha sido “positiva” en lo que al precio se refiere, ya que se mantuvo “bastante estable” -entorno a los 15 céntimos- y “llegando a alcanzar los 25 céntimos en las variedades más demandadas por el mercado.

En lo que se refiere a producción, según Ortega, se caracterizó por un descenso de la producción debido a las altas temperaturas de los meses de verano. “Aunque la fuerte ola de calor sufrida en España propició bajada de rendimientos, el resultado de la campaña fue bastante buena debido a los precios de la patata, que permitieron al productor sacar un beneficio importante de la siembra de este tubérculo y contrarrestar en alguna medida el desastre de precios que sufrió la anterior”, resume la responsable de Germicopa.

José Luis Martí, de HZPC, coincide en la bonanza de 2015 para los patateros. “En general les ha permitido cubrir sus costes de producción y obtener un margen de beneficio. En cuanto a cifras, se puede decir que en 2015 se produjo un descenso cercano al 9% en hectáreas plantadas en Castilla y León en comparación con 2014, y que debido principalmente a las altas temperaturas, las producciones fueron también algo menores. Ambos factores han contribuido a que los arranques hayan sido bastante fluidos durante toda la campaña”, describe.

Para Manolo Linares, de Van Rijn (la empresa que comercializa en la Península Ibérica y Cuba las variedades de KWS) la pasada fue una buena campaña desde el inicio. “Se comenzó con normalidad en cuanto a arranques y los precios siempre han estado por encima de la media de los últimos años. Los arranques han sido escalonados desde el principio y la alta demanda no ha provocado los habituales colapsos de otros años por el exceso de oferta para el corto periodo de recolección, entre tres y cuatro meses, que tenemos en Castilla y León”, apunta.

Linares considera que las fechas de siembra fueron las normales para la zona, al igual que la climatología para la nascencia y tuberización. Destacan las altas temperaturas de los meses de julio y agosto que redujeron la cosecha en cuanto a producción entre un 10 y un 15%. “Por otro lado, tenemos una buena calidad en arranque directo y una buena conservación en patata de industria”, defiende.

Por su parte, Magdalena Iturmendi (Meijer) indica que en la región comenzó el arranque con precios bajos, que poco a poco fueron remontando “como era de prever”. Estos precios fueron consecuencia de la entrada de patata de conservación francesa en el mercado nacional. “Se quemaron muchas parcelas de patata en Castilla y León de forma prematura, con la consiguiente merma de producción y adelanto de la cosecha. Hecho que en el contexto del año pasado no tenía mucho sentido”, critica Iturmendi.

“El agricultor debe informarse bien de la situación del mercado antes de quemar el cultivo, y hacerlo siempre de acuerdo con la empresa que vaya a comercializar su producción evitar problemas. En general, Castilla y León necesita una mayor capacidad de almacenaje, aunque no sea de largo plazo, con el fin de poder adaptar la oferta del campo a la demanda del mercado.

En general el balance final de la campaña a mi juicio no fue positivo porque no debemos de olvidar que, como sector, sufrimos un retroceso en superficie de siembra muy negativo. En mi opinión los balances finales deberían ser evaluados a nivel sectorial y no a nivel personal o de empresa. Cada vez que retrocedemos somos todos estructuralmente más débiles y menos necesarios”, advierten desde Meijer.

Previsiones

La campaña de siembra en Sevilla y Cartagena ha sido con superficies similares a las del año pasado. Hay que tener en cuenta que la falta de agua en la zona de Murcia puede mermar las producciones de patata temprana. La siembra ha sido muy temprana y, si las heladas lo permiten, “la cosecha será temprana y de calidad, pues las siembras se han realizado en condiciones óptimas”, avanza Magdalena Iturmendi.

“Aunque es pronto para hacer previsiones, estos factores unidos a una necesaria campaña de promoción de la patata nueva en el momento del cambio de la vieja a la recién arrancada pudieran ser suficientes para que la próxima campaña fuese buena, tanto en precios como en superficie. A tiempo estamos de recuperar parte de esa cuota de mercado perdida en Castilla y León”, confía.

En este sentido, Linares prevé que la superficie de siembra será similar o algo superior a la de última campaña “dependiendo de las decisiones finales de siembra de nuevos agricultores que abandonan otros cultivos de regadío como la remolacha y el maíz. La tendencia será a aumentar superficie igual que sucede en la zona sur de España”, aventura.

En Germicopa se muestran cautos a la hora de hacer pronósticos, aunque sí creen que la superficie de siembra descenderá en Cartagena respecto al año anterior, debido a la escasez de agua propiciada por un otoño atípico con escasez de lluvias. En Sevilla todo apunta a que la superficie se mantendrá, y puede que incluso se incremente un poco.

“Y sobre el resto de regiones no hay grandes datos sobre cómo evolucionará la campaña, aunque los buenos precios registrados en la anterior, unidos a la rebaja del IRPF para los agricultores de módulos productores de patata, hace pensar en que la superficie de siembra se mantendrá o incluso aumentara ligeramente”, reflexiona Ortega.

Martí, de HZPC, considera asimismo que todavía es pronto para indicar lo que sucederá en 2016 en Castilla y León, ya que hay importantes factores por resolver como son las reservas de agua, plantaciones de otros cultivos como el maíz y otros. Sí recalca que las plantaciones tempranas en el sur y este de la península son “algo mayores respecto a 2015, y como datos de interés destaca el aumento en plantaciones de variedades de patata para la exportación en áreas como Sevilla, y la falta de agua y los bajos precios de las verduras en Cartagena”.

En cuanto al Norte de Europa, Martí reseña que las producciones han sido un 11% menores que en la campaña anterior. Y que las altas temperaturas actuales están afectando al almacenamiento, aunque también hacen que disminuya el consumo de patata en esos países. “En definitiva, existen todavía bastantes incógnitas por despejar, pero podría ser una buena campaña de consumo la de 2016 en Castilla y León”, concluye José Luis Martí.

José Ramón Aguado, presidente de la Asociación de Operadores de Patata en Origen de Castilla y León (Asopocyl), prevé que en Castilla y León el terreno dedicado a la patata en 2016 ser similar al del año pasado. Como mucho nos acercaremos a las 20.000 hectáreas. En cualquier caso no es conveniente que crezca demasiado”, reflexiona Aguado. Aún hay que ver qué hacen los productores desencantados con los precios del maíz y la remolacha, si optan por poner tubérculos.

Según los datos que manejan en Asopocyl, en Andalucía se ha sembrado entre un 7 y un 10% más, aunque se han incrementado los contratos para la exportación. Así, el volumen de patata andaluza para el mercado nacional será parecido al de la última campaña. En Cartagena hay sembrado algo menos; están obligados a regar con agua desalinizada, que encarece los gastos de producción.

Para la siembra

Gran parte del éxito de la campaña depende de elegir la variedad adecuada, tanto en el sentido agronómico (que sea adecuada a la tierra en la que se pone para que desarrolle su potencial genético y que -fundamental- tenga buena salida en el mercado). Desde el punto de vista agronómico, no todas las variedades se comportan de igual manera en todas las zonas.

En Castilla y León por su diversidad en tipos de tierra, épocas de plantación, climatología y otros condicionantes es muy conveniente que el productor siga los consejos de las empresas y comerciantes que trabajan directamente con las empresas de semillas. “Antes de comercializar una variedad en una zona, ya ha sido ensayada durante varios años para ver su adaptación o no a los distintos factores”, justifica Martí.

“Siempre debe confiar en el operador de origen, ya sea almacenista o cooperativa, a la hora de elegir la variedad a sembrar. Este, sin duda, le asesorará de la mejor elección, teniendo en cuenta las particularidades de su zona y terreno y a su vez tendrá enmente el destino previsto para esa producción”, coincide Iturmendi.

El distribuidor de las variedades de KWS pone el acento también en el suelo y en el mercado. “Claramente el criterio debe de ser elegir las que sean demandadas por el cliente final y con acuerdo de suministro con distribución, almacenistas, industrias etc. para garantizar, en la mayor medida posible, el no tener problemas de venta y sufrir las dificultades derivadas de exceso de oferta de algunas variedades en el momento de la recolección”.

El tipo de suelo, para Linares, debe ser un parámetro fundamental también en la elección de qué sembrar, ya que las diferentes texturas de suelo harán aptas o no algunas variedades según su destino (lavado, cepillado, saco, industria u otros).

Además, hay variedades muy productivas en algunos terrenos y climas de Castilla y León que en otras zonas no se adaptan, de manera que pueden tener problemas para llegar a la recolección en la fecha óptima y con la calidad necesaria. “La rentabilidad puede oscilar mucho según variedades y los ciclos que cada una puede tener (temprano, semitemprano, tardío)”, avisan desde Van Rijn.

En Germicopa ponen el foco en el aspecto comercial: en la demanda del mercado y en las necesidades del comprador. “Todas las piezas del puzle tienen que encajar”, sentencian. Se refieren a que el productor que debe atender tanto las recomendaciones de la casas de semillas (que son quienes mejor conocen sus variedades), como los consejos de transformadores, consumidores y por el operador en origen. Este último es quién está al tanto de las necesidades del operador en destino y de lo que demanda el comprador final.

En Asopocyl no tienen dudas sobre quiénes son los más indicados para asesorar al productor: “El agricultor se debe fiar de su operador porque es el que sabe qué variedades tienen salida y cuáles no. Cada operador tiene sus clientes y por eso es quien conoce lo que demanda el mercado. No tiene ningún sentido sembrar variedades que solo le van a dar problemas al agricultor”, argumenta Aguado.

En este sentido, apunta que las variedades realmente rentables en la comunidad no superan la veintena. “Las hay, por ejemplo, similares a la monalisa. Pero para poner una fotocopia siempre es mejor recurrir a la versión original, que es la que conoce el mercado, y la que demanda porque la otra la desconoce”, apunta el presidente de los operadores.

Elegir bien

Desde el punto de vista comercial, hoy en día es el final de la cadena de comercialización (embolsadores, industria y otros) es el que dicta las normas sobre qué tipo de variedad demanda el mercado, por lo que es crucial para el agricultor seguir los consejos de quien luego le comprará su producto. “Ellos tienen una información más precisa de lo que demanda el mercado”, zanja Martí.

“Por ello, la producción puede ser importante para el agricultor, pero en la rentabilidad hay actualmente parámetros como la calidad y obtener un producto adecuado para el mercado al que se dirige la producción, que son todavía de mayor relevancia”, abunda.

El experto de HZPC distingue en Castilla y León tres sectores diferentes a los que van destinada la mayoría de la producción: supermercados, mercados tradicionales e industria (principalmente ‘chips’).

“Dependiendo de cuál es el destino final se necesitan diferentes tipos de variedades. Como idea general podemos decir que las demandas por los supermercados requieren principalmente un buen lavado, resistencia al golpeo y, a ser posible, una buena combinación de freir y hervir.

Las variedades para mercados tradicionales suelen ser más productivas, de calibres algo mayores, que hagan un buen saco o caja y cada vez más con una fritura casera razonablemente buena”, indica. Por lo que se refiere a ‘chips’, generalmente las distintas industrias tienen su lista de variedades admitidas y se aceptan pocas variaciones a este respecto.

Iturmendi hace hincapié en que en las variedades de consumo las que tienen un buen lavado, almacenaje y razonable calidad de frito son las más demandadas. “En industria depende del mercado final al que se destinen y de la fecha de utilización. Los precios que perciba el agricultor vendrán directamente ligados a la calidad del producto, calidad de lavado, ausencia de golpeo, verdeo, podredumbres, porcentaje de materia seca, calidad de frito, etc. El agricultor debe concienciarse cada vez más de obtener un producto final de calidad”, señalan desde Meijer.

La elección de la variedad adecuada es, para Meijer, “un factor de vital importancia, pues el cultivo de una variedad inadecuada puede arruinar la cosecha. La mejor para un determinado terreno puede ser la peor elección en otro tipo de clima o suelo. Por otro lado, cada cliente, ya sea de mercado central, industria o cadena de supermercado, tiene sus propias preferencias por determinadas variedades”.

“El agricultor debe sembrar aquellas variedades que se adapten a las condiciones edafológicas del terreno, unido a las exigencias del consumidor y de la industria agroalimentaria. De todo ello dependerá su rentabilidad”, resumen desde Germicopa.

Si la producción es para consumo fresco, el productor tendrá que tener en cuenta si es para lavar o para sucio, ya que los requerimientos y la calidad del tubérculo no es la misma, y la rentabilidad final del agricultor dependerá del precio al que consiga vender sus patatas, unido a la producción. “El precio se verá influido principalmente, a parte de la situación de mercado en la que nos encontremos, por la calidad de sus patatas”, matiza Ortega.

Si se trata de patatas para lavar, tendrá que obtener tubérculos con una calidad alta de lavado, con un buen color de la piel y con calibres homogéneos. Si hablamos de patatas para uso industrial, tendremos que hacer más hincapié en calibres y formatos del tubérculo, sanos, grados de azúcar y buen contenido en materia seca, reseña Ortega. “Por lo tanto, y como conclusión, todas las variedades no se comportan igual. Es muy importante elegir una buena variedad, porque este será el éxito de nuestro cultivo”, advierte la experta de Germicopa.

Así, las preferencias de los mercados dependen también de los ciclos de producción de cada variedad, según opina Linares. “Para temprano se demandan variedades tipo agata y Colomba. Para ciclo más largo y para mercado de lavado se demanda monalisa, la cual solo es apta para poner en determinadas zonas de Castilla y León. En los últimos años ha crecido la demanda en gran medida de la variedad agria para mercado de sacos y la pequeña industria. En el caso de grandes industrias transformadoras se opta por variedades del tipo Hermes, crisper y VR808”, enumera.

Buena manipulación

La patata es un cultivo muy exigente, en cuyo buen desarrollo influyen muchos factores, así que es necesario tener especial cuidado en la siembra y preparación del terreno. El tubérculo requiere un terreno bien abonado con materia orgánica y, sobre todo, que no se encharque con facilidad.

En este panorama, la semilla juega uno de los papeles más importantes. “Debe estar en buenas condiciones, es conveniente que esté pregerminada y que sea semilla certificada. Una vez nacidas las patatas, deberemos mantenernos en alerta sobre las plagas y enfermedades, dar riegos adecuados y mantener el cultivo limpio de malas hierbas”, prescribe Mónica Ortega.

La correcta manipulación de la semilla es básica para obtener todo el potencial genético de cada variedad. “Lo ideal es que el agricultor reciba la semilla dos o tres semanas antes de la plantación con el fin de que coja temperatura y todos los ojos de la patata se vayan abriendo, lo que proporcionará un número de tallos adecuado luego en el cultivo”, explica José Luis Martí.

No es recomendable que la semilla esté por períodos muy largos de tiempo en los sacos o en los jumbos a temperatura ambiente, ya que la semilla es un producto perecedero y se corre el riesgo de posibles problemas por falta de aireación, altas temperaturas en el interior de estos envases y de un envejecimiento más rápido. “En muchos países del norte de Europa se realiza una prebrotación de la semilla con sistemas especiales de manera que, cuando se hace la plantación, la semilla dispone de unos brotes que adelantan considerablemente la emergencia del cultivo; desgraciadamente esto se ve bastante poco en España”, lamentan desde HZPC.

Fundamental es la preparación del terreno, labrado en profundidad y con un lecho de siembra desmenuzado; garantizando el correcto drenaje en el transcurso del cultivo. Importante también la prebrotación de la semilla antes de plantar, es garantía de nascencia ante condiciones climáticas adversas.

Desde Meijer aportan un matiz más: “Respecto a la semilla, en España actualmente tenemos un problema serio, pues se está exigiendo una calidad estética de la patata de siembra como si fuese para consumo; hecho que es incompatible con sacar el máximo potencial productivo. En general, la patata de siembra es almacenada en cámaras o almacenes a bajas temperaturas en los países de origen y este factor ha de ser tenido en cuenta a la hora de elegir el momento idóneo de la siembra.

Es muy importante que una patata de siembra se plante cuando esté movida. Ante la duda, es mejor que pierda el primer brote que sembrarla fría. Como casa de semillas podemos afirmar que gran parte de las reclamaciones que tenemos hoy en día son debidas a problemas de frío, ya sea en origen o en destino”, describe Magdalena Iturmendi.

Manolo Linares, por su parte, califica como “fundamental” la preparación del terreno, labrado en profundidad y con un lecho de siembra desmenuzado. Con estas labores realizadas de manera adecuada se asegura el correcto drenaje durante todo el ciclo del cultivo. “Importante también es la prebrotación de la semilla antes de plantar; es garantía de nascencia ante condiciones climáticas adversas”, añade.

Con contratos

La producción de patata en Castilla y León que compra la industria está atada de antemano mediante contratos. Es una fórmula para matar dos pájaros d e un tiro: las transformadoras se garantizan la materia prima y el productor la venta.

En la cosecha para fresco no ocurre lo mismo. En Asopocyl estiman que la contratación apenas llega al 30%. En muchos casos, tanto operadores como agricultores, optan por esperar a conocer los precios de mercado para comprar y vender. Contratar supone acuerdos sobre previsiones que muchas las veces no se cumplen, así que los tratos por escrito se ciñen solo a operadores y productores que mantienen una larga relación de confinza. “Con el contrato nos la jugamos el agricultor y el operador, porque el resto de la cadena no contrata”, lamenta Aguado.

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