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domingo, mayo 29, 2022
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Pasión por la patata: “Nuestra monalisa no tiene nada que envidiar a las de importación. Salen perfectas”

El impulsor de la cooperativa familiar El Carmen, en la localidad burgalesa de Montorio, siembra más de 300 hectáreas de patata para siembra y fresco en fincas de Burgos, Palencia, Soria y Valladolid. Es el mayor productor de España, y el único con contrato directo con Pepsico
A Nicolás Serna Melgosa (Montorio, 1946) le desborda la pasión. Enriquece continuamente la charla con anécdotas que rescata de su memoria. Algunas ya sucedieron hace mucho tiempo, pero recuerda cada pequeño detalle como si hubiera sucedido ayer. Enfatiza y apoya sus argumentos con el movimiento de las manos. Solo duda de los nombres de algunos pueblos.

Premio a la Excelencia Profesional Agraria de la Junta de Castilla y León en 2008, se entusiasma al conversar sobre el cultivo de la patata. “Creo que llevo un gen, o algo, con lo de las patatas. Y los chavales también”, se justifica. Los chavales son sus hijos: Isi, Sara y Nico.

Tampoco es ajena a esta fiebre del tubérculo su mujer, Balbina Serna. “Es también agricultora y de Montorio”, apostilla orgulloso. Juntos supervisan dos veces por semana los patatales que tienen repartidos por Burgos, Soria, Palencia y Valladolid. El coche de Nicolás no es el mejor para comprarlo de segunda mano; solo en 2012 hizo 97.000 kilómetros.

Su padre comenzó a sembrar patatas en los terrenos en ladera del pueblo en el que nació, en el duro ambiente del páramo de Masa. Tenía que sacar adelante una familia con ocho hijos, de los que Nicolás Serna es el primogénito. Como tal, a los nueve años ya pasaba más tiempo en las tierras que dedicado a los juegos más normales para esa edad.

“No he ido a la escuela nada más que cuando nevaba”, rememora. “Creo que por eso he luchado tanto”, medita a continuación. Los datos son contundentes. Ahora siembra 330 hectáreas de patata (75 dedicadas al consumo, y el resto a obtener semilla) y dispone de unas instalaciones centrales que ocupan 13.000 metros cuadrados. Factura en torno a los 2,5 millones anuales. Es la cooperativa El Carmen (Sococar).

Los Serna son los principales productores en España de patata, los únicos con contrato directo para suministrar a la multinacional Pesico -en Francia (país de referencia en el cultivo europeo) solo media docena goza del mismo privilegio-, y reputados multiplicadores de semilla. “Nuestra monalisa no tiene nada que envidiar a ninguna de importación. Salen perfectas”, asegura.

La calidad de los tubérculos de la cooperativa El Carmen tiene mucho que ver con el afán perfeccionista de Nicolás. El primer paso es elegir, tras un análisis minucioso, el terreno idóneo para cada una de las variedades que cultiva. La preparación de la finca es también extremadamente meticuloso. Todas las parcelas pasan por la criba hasta que la tierra queda perfecta.

Emplea un marco de plantación más amplio de lo habitual, de manera que ahorra en semilla y las raíces de la planta pueden absorber mejor los nutrientes. Pero a pesar de todas las precauciones, nunca el resultado es el mismo. “La patata es un ser vivo. Yo siempre digo que tengo ocho cartuchos de dinamita con la mecha prendida. La patata nunca tiene el mismo comportamiento de un año a otro”, aclara. Pero Nicolás sigue en la brecha. “El médico me ha recomendado que siga con la misma actividad”, advierte. De hecho, en la última sementera, estuvo a punto de comprar un tractor para él solo porque su hijo Nico se niega a compartir el de 300 caballos que emplea para arar.

El agricultor es optimista respecto al futuro del sector. Pero antes, para evitar los sobresaltos que desatan la alarma un año sí y otro también, hay que cambiar aspectos fundamentales que afectan al cultivo. Serna defiende la creación de interprofesionales tanto para la patata en fresco como para la de siembra. “Que uno venda las patatas de todos. Si solo salen de un punto no hay nada más que hablar de precios” propone.

El otro gran caballo de batalla es frenar la entrada de tubérculo francés. La solución del agricultor de Montorio, nada ambigua, pasa por prohibir la comercialización en España de patatas lavadas, tal como sucede en Inglaterra y Francia. Es una medida que, además de reducir la importación, incidiría en mejorar la calidad del producto en los lineales del supermercado. “La patata chupa la humedad del lavado por los poros, y puede coger enfermedades y los productos químicos que incluye el agua. Al consumidor le sobra todo eso”, concluye tajante.

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