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sábado, octubre 1, 2022
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Agricultor, padre y escultor: la vida de Aurelio González, un enamorado del campo

Aurelio González del Río, líder regional de UPA, afronta su segundo mandato desde que fue elegido en junio de 2015. Siete años de sindicalismo que ha tenido que compaginar con su trabajo como agricultor, sin dejar de lado su vida familiar y sus aficiones

Daniel González

El tiempo es un bien muy valioso pero muy escaso para muchos. Aurelio González del Río, veterano agricultor y sindicalista, lo sabe bien. Desde 1989 lleva luchando dentro de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) por un futuro más justo para el campo. Una vehemente convicción que le roba cada vez más de su tiempo libre.

“Antes de ser líder regional de UPA contaba con más tardes libres para dedicarme al campo y a mis otras aficiones”, señala Aurelio. “Como dice mi mujer: te tengo que secuestrar para ir de vacaciones”, añade con sorna. Más trabajo, más horas de lunes a viernes, e incluso los fines de semana si se organiza alguna jornada agrícola, que le dificultan establecer una rutina diaria como él quisiera.

Ya desde su más temprana juventud, el responsable de UPA conducía tractores. Nacido en el seno de una familia tradicional agrícola en el pueblo zamorano de San Miguel de la Ribera, comenzó a ayudar a su padre en las labores del campo.

“Mi padre sembraba remolacha y a mí me tocaba conducir el tractor hasta Toro para su moltura”, explica Aurelio. “Estaba hasta un día entero en la cola”, recalca.

Su familia contaba con una pequeña explotación diversificada entre la ganadería de vacas y cerdas de cría y cultivos de regadío. Cuando acabó el BUP, Aurelio tuvo claro que quería continuar con el oficio de su padre, y cuando este se jubiló, a los 60 años, les pasó la explotación a sus hijos. Desde entonces, el zamorano comenzó a ampliar los cultivos con girasol, colza o viñedos, y a innovar con otros menos comunes, como el pistacho.

Todo ello, sin dejar de lado sus otras pasiones menos conocidas, como la lectura o la escultura. Una afición, esta última, que comenzó de la manera más inesperada. “Hice unos maceteros para mi mujer a partir de viejas bicicletas y carretillas, y al ver que tenía muchos aperos agrícolas en desuso comencé a esculpir con ellos”, explica.

Elementos de hierro como rodamientos, llantas, cuchillas de la azada y recambios varios para reproducir animales, tractores en miniatura o figuras humanas.

Un agricultor que esconde un artista, pero también un luchador. Cree fervientemente en el modelo familiar de agricultura y ganadería como uno de los sistemas más idóneos para sustentar la cadena alimentaria mundial respetando el medioambiente.

“Me gustaría conseguir la defensa de las explotaciones familiares logrando un precio justo por sus cultivos”, defiende el zamorano. “Sería la solución de un 80% de los problemas del campo”, añade.

El sindicalista considera que alcanzando esos precios y la rentabilidad es más fácil atraer a los jóvenes a la agricultura y con ello lograr el relevo generacional y combatir la despoblación de la región. “Las explotaciones familiares son imprescindibles para enfrentarse al reto demográfico. Además, el campo ya no es tan esclavo como antes; tienes más tiempo libre”, opina.

Un relevo generacional que Aurelio desea en su familia. “Tengo dos hijos, y aunque el mayor se dedica a otro sector, el pequeño, que estudia Biología, puede que se interese algún día”.

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