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miércoles, mayo 18, 2022
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González Palacín (UCCL), un agricultor en la carretera

Jesús Manuel González Palacín, 'Palas', es coordinador de UCCL desde 2004. La falta de tiempo le ha obligado a dejar algunas de sus pasiones, como la lectura o la música rock. Será culpa de que no le gustan los caminos fáciles: hace un cuarto de siglo enfocó su explotación hacia lo ecológico y, en lo sindical, ha peleado para mantener la organización al margen de esa tirana que es la política

Ricardo Ortega

“Vivo en la carretera”, dice Jesús Manuel González Palacín, ‘Palas’, como los viejos rockeros. Pero ahí termina el paralelismo con los artistas que viven de bolo en bolo, porque la música es una de las aficiones que ha debido abandonar por falta de tiempo este profesional de la agricultura. También han quedado por el camino la lectura y la bicicleta. Las horas se las roban su trabajo, su responsabilidad sindical y su familia.

Vive en Palencia y todos los días debe recorrer los 60 kilómetros que le separan de su explotación en Melgar de Fernamental. A los 18 años empezó a trabajar en la explotación familiar y a los 22 debió tomar las riendas, tras la jubilación de su padre.

Era una explotación de 40 hectáreas, entre secano y regadío. Hizo una incorporación y un plan de mejora, y a partir de ahí se aventuró en nuevos cultivos, como los forrajes, y adquirió maquinaria. Eran los años 90 y ante Jesús se abrían dos fórmulas para garantizar la rentabilidad: ampliar mucho la superficie o explorar fórmulas que dieran mayor valor a la producción. La vía que tomó fue la de la agricultura ecológica y ahora, 24 años después, considera que acertó.

El sector ha cambiado mucho desde entonces, y también lo ha hecho el propio Palacín. “Mi explotación ya no se parece en nada a como era en relación con la maquinaria, la fertilización o el manejo. Han sido necesarias muchas horas de estudio y muchas pruebas en el campo, mediante el sistema de ensayo-error”, apunta.

Ahora dirige una explotación de 50 hectáreas en la que ha ampliado la superficie de regadío para poder hacer unas rotaciones más amplias. Cultiva cebolla, patata, alubia blanca riñón, cereal…

Una parte importante de su actividad profesional está en la comercialización. “No es una agricultura en la que vas al almacén, descargas y te olvidas; aquí debes encargarte de comercializar, tratando de llegar lo más cerca posible del consumidor”, señala.

La vocación por la agricultura y por defender los intereses del sector le llevó a formar parte de UCCL, una organización “democrática, en la que mandan los agricultores y los ganaderos”, y sobre todo independiente. Pero la independencia es un lujo y hay que pelearla.

Los primeros años de la década del 2000 se produjo la ruptura con la organización de la que formaban parte, COAG, en un proceso “doloroso” motivado por la voluntad de convertir a la OPA en correa de transmisión de intereses ajenos.

Y es que la política siempre quiere llevarte a su redil. “Cuando convocas una movilización siempre tratan de estrangularla, de que no se celebre. Porque siempre hay a quien le molesta que pienses en agricultura y ganadería, y no en sus intereses”, denuncia.

Gracias a esa independencia política, o pese a ella, la organización se ha convertido en la más votada en cuatro provincias de Castilla y León: Burgos, Segovia, Ávila y Valladolid.

Defiende un modelo de trabajo según el cual UCCL presta aquellos servicios, del tipo que sean, que demanda el productor. Del mismo modo, acude a las mesas de negociación “para defender estrictamente lo que demandan agricultores y ganaderos”. A partir de ahí, “como sabemos que en ocasiones no hay más remedio que enfrentarse a las administraciones, siendo independientes tenemos las manos más libres”, destaca.

También denuncia la agresión contra Ucrania, sin dejar de apuntar a las consecuencias para el sector, “con un incremento enorme en los costes de producción y unos ganaderos que están contra las cuerdas”.

Por eso hace falta que los gobiernos tomen las medidas necesarias para volver a la normalidad. Y que se adopten decisiones para que la gente recupere la ilusión, porque hay agricultores que piensan en dejar cultivos y ganaderos que pueden verse obligados a cerrar. “La granja que cierra no vuelve a abrir”, lamenta.

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