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lunes, diciembre 6, 2021
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La alfalfa deshidratada apunta hacia el vacuno de leche

De todo el mercado mundial de alfalfa deshidratada, España ha supuesto el 80% en el año 2020, lo que es una buena noticia pero al mismo tiempo revela una gran dependencia respecto al mercado exterior, especialmente de China y Oriente Medio. Así lo señala Felipe González, gerente de la compañía Cofocyl, con sede en Santervás de Campos.

La realidad parece darle la razón en lo que llevamos de 2021, “con una reducción del consumo mundial y una drástica reducción del número de contenedores empleados para transportar a aquellos países en los que esta producción es esencial para la alimentación animal”. La consecuencia inmediata es una elevación enorme de los costes de transporte, lo que obliga al exportador a reducir sus márgenes al máximo si desea seguir haciendo ventas.

Casi cerrada la puerta de la exportación, los productores han vuelto la mirada hacia el mercado nacional, especialmente para el vacuno de leche. Se trata de un mercado relativamente pequeño para el sector de los forrajes, como destaca Felipe González. Además, en ese sector cada vez se dan más las granjas de grandes dimensiones que cuentan con su propia producción agrícola, con lo que las compras de forraje son mínimas.

Al mismo tiempo, las materias primas para alimentación animal están viendo cómo se incrementan los precios. Maíz, soja y cereales han subido su cotización en los mercados internacionales y también en las lonjas más próximas al productor.

En el mismo periodo el precio de los forrajes se ha mantenido estable, lo que para Felipe González puede indicar que la demanda será más activa durante este año, con una mejora de la situación del productor. Las consecuencias de este nuevo escenario para el precio de la alfalfa están por ver.

Sin margen comercial

Luis Machín, director de la Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada, AEFA, apunta que los precios disparados del transporte están dejando sin margen comercial a las empresas que apuestan por la exportación, “que no se lo han querido repercutir al agricultor”. “Ha sido una convulsión muy importante para un sector industrial que depende en gran medida de atender las necesidades del cliente”, recalca.

Pese a todo, el número de ventas a terceros países no ha disminuido en la última campaña, que comenzó el 1 de abril de 2020 y finalizó el 31 de marzo de 2021. En ese periodo se exportaron 1,1 millones de toneladas, de los 1,45 millones de toneladas de alfalfa deshidratada producidos en España.

Para la presente campaña, el cultivo tiene buena presencia y se esperan unas producciones similares a las del año pasado, siempre con la incertidumbre de cómo evolucionará el cultivo en secano.

Uno de los objetivos de AEFA es incrementar su presencia en el mercado español, lo que sería coherente con el criterio de adquirir productos de proximidad, además del objetivo estratégico de reducir las importaciones de proteína de otros países, como la soja. “En general, la campaña se ha iniciado con interés por el producto, que se entrega al cliente con altos estándares de calidad y que supone un importante aporte de fibra y proteínas, con precios competitivos”, recalca.

Sus asociados persiguen vender más en España y, si el comportamiento del mercado exterior sigue siendo positivo, incrementar la superficie de un cultivo “que tiene mucho recorrido para seguir creciendo”.

Aunque los forrajes deshidratados tienen ahora mismo un precio más competitivo que otros productos, como el maíz o los cereales de invierno, desde AEFA se trata de convencer al ganadero con el argumento de la calidad. “Queremos convencerle no por precio, sino con argumentos sólidos a medio y largo plazo”. Destaca la ventaja del producto deshidratado desde el punto de vista de la sanidad animal. Por ejemplo, al ser un producto sin humedad se evitan las fermentaciones, y por lo tanto la presencia de micotoxinas.

También recalca la importancia de consumir proteína local, obtenida en España, con todas las garantías de seguridad y trazabilidad, mientras que la proteína llegada de otros continentes “no solo no cumple estas condiciones, sino que además muchas veces se obtiene mediante procedimientos que no están autorizados en la Unión Europea”, como los cultivos transgénicos.

En su opinión, la industria vinculada al forraje genera riqueza y empleo en España, dando trabajo a 4.000 personas. Junto al cultivo contribuye de forma importante a frenar la despoblación, además de innumerables beneficios para el suelo y para el conjunto del medio ambiente. De hecho, “es un cultivo que se ajusta como un guante a las exigencias ambientales de la futura PAC”.

AEFA aglutina a 58 empresas, que en conjunto suman 65 plantas deshidratadoras y transforman la producción de 127.000 hectáreas en España. Su director destaca que, por encima de todo, esta industria aporta seguridad al agricultor, ya que trabaja para que reciba unos precios estables en el tiempo.

Autoconsumo

Un caso singular se encuentra en la comarca del bajo Duero, donde la cooperativa Cobadu produce 30 millones de kilos que se destinan íntegramente a las granjas de sus socios, tanto en forraje como en las diferentes mezclas. Los técnicos de la cooperativa acompañan al socio agricultor en el cultivo de la alfalfa. Sus empleados la siegan, recogen y transportan hasta las instalaciones de la cooperativa, donde se deshidrata y clasifica por calidad. Se destina a paquetes o se granula.

Son unos 340 socios los que cultivan alfalfa, lo que supone unas 2.500 hectáreas. Desde el punto de vista agronómico, se apuesta por un cultivo “que permite la rotación y que tiene pocos costes porque se siembra una vez cada cuatro o cinco años”. “Tenemos una alta demanda de alfalfa, y por lo tanto es un cultivo que está en crecimiento”, señalan desde la cooperativa. Además, “gracias a nuestras dos deshidratadoras de forraje fomentamos este cultivo y de este modo conseguimos que se animen a sembrarla más agricultores”. Un ‘empujón’ que se suma a la seguridad de cobro a precios adecuados y un asesoramiento completo durante el proceso.

En cuanto al futuro del mercado, desde Cobadu se resalta que China ha incrementado en gran medida las compras desde principios de 2021 y que “en este momento el mercado nacional está a la espera del paso que va a tomar la exportación, muy influida por un coste del flete demasiado alto”. “El producto español será más competitivo si se produce una estabilidad en precios del flete, ya que será más competitivo”.

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