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sábado, octubre 1, 2022
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La sequía y los golpes de calor marcan la campaña vitícola

Los valores climáticos extremos trastocan el ciclo vegetativo de la planta y repercuten en la maduración de la uva, más acelerada, que puede obligar a adelantar la vendimia en la mayor parte de las zonas de producción

Daniel González.

Incertidumbre. Esta es la palabra más empleada por los consejos reguladores del vino de Castilla y León a la hora de hablar de la nueva cosecha que se aproxima. Los efectos de las olas de calor que han afectado a las zonas productoras, unido a la escasez de lluvias de este año, están alterando tanto en el tamaño de la uva como los tiempos de la vendimia. Ahora todos los ojos están puestos en lo que pueda suceder en el mes de agosto.

Cigales: uva pequeña y maduración acelerada

Águeda del Val, directora técnica de la DO Cigales, resalta que las viñas “están ansiosas de agua”. El calor y las pocas precipitaciones a lo largo del año han disminuido sus reservas, y al mismo tiempo han acelerado la maduración de la uva. “Si seguimos así, la vendimia podría adelantarse hasta 20 días con respecto a la media”, apunta. “Eso colocaría las fechas de cosecha a principios de septiembre”.

La falta de agua y el calor provocan que sea necesario cosechar antes para garantizar que la uva vendimiada tenga la acidez y el azúcar suficientes para producir buen vino. Además, la respiración de la planta a altas temperaturas demanda un gran volumen de carbohidratos y energía, dejando menor cantidad disponible para el crecimiento de las uvas.

Los viñedos son como nosotros, buscan el punto medio, ni demasiado calor, ni demasiado frío

Una situación que la Denominación de Origen Cigales está observando en sus viñedos. Las uvas son “muy chiquitinas”, explica Águeda, aunque también señala que eso no afectaría a la calidad del vino, sino más bien a la producción final, especialmente en los vinos rosados. “Ahora toca esperar al mes de agosto, con noches más frías y lluvias que puedan activar las plantas”.

Atentos a lo que suceda en agosto en Ribera

Reservas hídricas inferiores a lo habitual, hojas mustias por la tarde y raíces muy profundas son algunas de los síntomas que indican que la planta tiene sed. Señales que la DO Ribera de Duero está observando en sus viñedos. Así lo subraya Alberto Tobes, director de experimentación y ensayo de la DO Ribera del Duero, que culpa de esta situación a las condiciones climáticas extremas. “Los viñedos son como nosotros, buscan el punto medio, ni demasiado calor, ni demasiado frío”, explica Tobes.

Si seguimos así, la vendimia podría adelantarse hasta 20 días con respecto a la media

Y, aunque en la Ribera del Duero están acostumbrados a estos valores con precipitaciones anuales que no llegan a los 400 litros por metro cuadrado y temperaturas muy altas en verano, sí creen que este año está siendo “poco habitual”. De momento con estos datos, según Tobes, y a la espera de lo que pueda ocurrir en la segunda quincena de agosto, con alguna posible chaparrada que permita que la uva engorde un poco, “es probable que se adelante ligeramente la vendimia”.

Vendimia no tan adelantada en Rueda

Por el contrario, desde la DO Rueda sí creen que la vendimia, de manera general, pueda estar muy próxima en fechas a la del año pasado. “A priori, podemos decir que a finales de agosto, entendiendo ‘a finales’ en el sentido más amplio de la palabra”, afirman desde el Departamento de Servicios Técnicos.

Pero de momento no son más que conjeturas. Destacan que en la duración del ciclo vegetativo hasta la vendimia intervienen múltiples factores que se van sumando. “Depende de las temperaturas que se den tanto en el día como en la noche, depende de la velocidad del viento, depende de la reserva hídrica que tenga la planta a su disposición y por supuesto, depende del manejo del cultivo”, explican.

Lo normal es que un racimo pese entre 220 y 230 gramos; este año podríamos hablar de 170 o 180 gramos

En el sentido de los efectos de las temperaturas, sí señalan que la planta de la vid es activa entre los 10 y los 30 grados. Fuera de este intervalo “la planta se inactiva”, y próximos a estos extremos se ralentiza su actividad, su fotosíntesis y, como consecuencia, su producción de azúcares. Por ahora, queda casi un mes por delante “en el que dependemos de las condiciones climáticas que se den”, valoran.

Menor peso de los racimos en Toro

Un escenario similar a los anteriores se presenta también en la Denominación de Origen Toro, con unos viñedos que ya han empezado a enverar, lo que supondría unos diez días de adelanto respecto a la media de los últimos años. Algo que también podría repercutir en la producción. “Lo normal es que un racimo pese entre 220 y 230 gramos; este año podríamos hablar de 170 o 180 gramos”, señala Santiago Castro, director técnico del consejo regulador de esta comarca que abarca municipios de Zamora y Valladolid.
Un panorama que es consecuencia de un año pobre en agua, con precipitaciones 200 litros por debajo de la media.

Con ello, explica Castro, la cosecha en las variedades más tempranas, como la moscatel, podría comenzar a partir del 15 de agosto, para las próximas semanas continuar con el resto de las variedades. También destaca la ausencia de enfermedades, ya que las altas temperaturas evitan la proliferación de plagas, una observación en la que también coinciden en el resto de zonas productoras.

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