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viernes, diciembre 3, 2021
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La siembra de maíz resulta vital para lograr altas producciones

Hay que tener en cuenta que el maíz es un cultivo que se desarrolla en un periodo relativamente corto de tiempo, por lo que cualquier error o práctica inadecuada que se realice influye de manera notable en el rendimiento final.

En vista de esto, desde el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl) dan algunas recomendaciones que resultan pertinentes para sacar adelante en las mejores condiciones el cultivo.

Elegir el ciclo adecuado a cada zona. Si se retrasa la siembra, el ciclo debe ser más corto. También si sabemos que por problemas de falta de agua vamos a poder regar menos, utilizar ciclos más cortos.

Preparar correctamente el lecho de siembra. Si el suelo no está bien preparado para que las raíces se puedan desarrollar adecuadamente y aprovechen el agua y el abono, la semilla no podrá desarrollar todo su potencial. Las raíces del maíz se desarrollan en un mes, no como los cereales de otoño, que tienen todo el invierno para colonizar el suelo. Si el suelo no está bien preparado tendremos menos rendimiento.

Una mala preparación del suelo, sobre todo si no está homogéneo, ocasiona una heterogeneidad en la nascencia de las plantas, por lo que unas nacerán antes que otras, provocando sombreados de las más desarrolladas sobre las menos desarrolladas, lo que afecta a los procesos de fotosíntesis.

La velocidad de siembra debe ser de entre cuatro y cinco kilómetros por hora. A más velocidad es imposible que todas las semillas queden colocadas a la misma distancia y profundidad.

Las variedades actuales permiten densidades de siembra superiores a las 80.000 a 90.000 plantas por hectárea. Si son variedades de porte bajo permiten una densidad de siembra mayor.

La primera hoja, que es redondeada, marca la salud: si se seca o presenta un mal estado es que hay problemas.

En siembra directa, usar variedades con mayor tolerancia a la nascencia en bajas temperaturas. Esto suelos tienen menor capacidad de acumular calor.

En siembra directa, vigilar que no se crea suela de labor o que el suelo pueda impedir el correcto desarrollo de la raíz.
Si es posible, realizar un análisis de suelo en el que se incluya la textura. Conocer las características del suelo facilitará realizar un abonado correcto y el conocimiento de las carencias, especialmente de microelementos. Tener información sobre la textura permitirá ajustar la profundidad de siembra. En suelos arcillosos no sobrepasar los dos centímetros de profundidad de siembra. En arenosos, de cinco a seis centímetros. Si el suelo está húmedo, la profundidad de siembra debe ser algo menor.

En suelos arcillosos, si llueve una vez realizada la siembra y después hace calor sin que la planta haya llegado a dos hojas, se crea una costra que impide el correcto crecimiento. Esa costra habría que romperla. Si ya tuviera dos hojas, la planta crecería sin problemas.
Para realizar el abonado correctamente hay que saber las necesidades según la producción esperada.

Así, en Castilla y León, para una producción media de 10 toneladas por hectáreas, las cantidades recomendadas serían 140 unidades de nitrógeno, 60 unidades de fósforo, 40 unidades de potasio. Si la producción media esperada es de 15 toneladas, las cantidades recomendadas serían 210 unidades de nitrógeno, 90 unidades de fósforo, 60 unidades de potasio. Si en la rotación se pone maíz sobre maíz, y se incorporan al suelo el tallo y las hojas picadas, hay que tener en cuenta que ya se está aportando una buena cantidad de nitrógeno y de potasio.

Debido a la poca movilidad del fósforo, hay que procurar incorporarlo lo más cercano a la semilla para evitar tener problemas de absorción.

Saber que la planta utiliza la mayor parte del nitrógeno en el periodo que va desde quince días antes de la floración y veintiún días después.Maíz

A más calor, mayor demanda de agua y nitrógeno.

Al aplicar el abonado de cobertera, tener cuidado de no quemar las hojas, procurar echarlo en la parte baja. Si ha tocado las hojas, regar inmediatamente.

Es importante conocer el pH y las necesidades de microelementos como zinc, manganeso y magnesio. Cuidado con los excesos de fósforo, que pueden provocar carencias de zinc.

En suelos de pH elevado y poca materia orgánica es muy probable que haya carencia de fósforo y magnesio.

Los riegos no deberían superar los 6.000 metros cúbicos por hectárea, evitando los encharcamientos, pues las raíces necesitan airearse.

Hay que tener en cuenta la textura del suelo, no solo por la profundidad de siembra, sino también por los riegos. En suelos arenosos, riegos más frecuentes.

El periodo clave del maíz es la floración. En ese periodo no debe tener carencia de agua, ni que se produzca estrés hídrico.
Cada día de déficit hídrico la producción disminuye un 6%.

Se debe estar lo más cerca posible de la capacidad de campo, ya que al regarse aprovecha toda el agua que se echa.

Para zonas húmedas, donde el secado del grano es más lento, se recomiendan variedades con forma de grano alargado y fino, que facilita la pérdida de humedad.

Es importante cosechar pronto si podemos tener problemas con las micotoxinas.

Para evitar problemas de micotoxinas es importante que la planta no haya sufrido estrés hídrico y cosechar de una forma más lenta, que impida la rotura de granos, más susceptibles a la aparición de micotoxinas.

fertilizante maiz

Las casas de semillas, también pendientes

Muchos agricultores de Castilla y León ya están echando la semilla en las sembradoras, pero antes ha habido que reflexionar en cómo planifica todo el cultivo en función de fechas y características de las tierras.

Para la elección del ciclo hay que pensar cuándo será la cosecha y, a partir de ahí, tomar la decisión del hibrido idóneo -en función de la fecha de siembra e integral térmica de la zona- para cumplir con este objetivo marcado, según propone Anxo Valiño, de Bayer.

También da importancia a la temperatura. Cuando se siembra, la semilla en contacto con la tierra absorbe agua. Esta hidratación es más rápida cuanto mayor es la temperatura del suelo (siendo la óptima entre 8 y 10º). “Esta fase de hidratación induce la actividad metabólica y, con ella, se produce la elongación de la radícula”, apunta Valiño.

El objetivo es conseguir nacimientos de maíz homogéneos y regulares. Con que solo un 4% de plantas nazcan más tarde que el resto se perderá un 10% de producción. Hay que hacer la siembra en buenas condiciones de temperatura y humedad. La densidad de planta es también un factor que puede ayudar a aumentar el potencial productivo de la finca.

“Una buena preparación del terreno, humedad en el entorno de la semilla, temperatura del suelo y una velocidad de siembra que permita una profundidad y distancia entre semillas homogénea, serán unos buenos cimientos para obtener unas altas producciones”, coincide Fernando Garrachón, de Euralis.

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