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sábado, octubre 1, 2022
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La vid silvestre euroasiática como origen del viñedo: sus poblaciones en el norte de Burgos

España, a pesar de ser el mayor viñedo del mundo, con unas 950.000 hectáreas, carece de una figura legal de protección para las parras silvestres, a diferencia de otros países de la Unión Europea, como Francia, Alemania, Austria y Hungría.

Desde hace más de treinta años nuestro grupo de trabajo ha detectado la pérdida de ejemplares de vid silvestre en la provincia de Burgos por el impacto humano (desbroce de arroyos, ríos, carreteras, vandalismo, etc.). De hecho, en el desfiladero del río Ebro, en la zona de Sobrón, ya no se encuentran ejemplares de parras silvestres.  Únicamente se conservan algunos en la orilla alavesa.

Parras silvestres en las cercanías de Peña Angulo

Para evitar su pérdida, la Diputación Foral de Álava ha vallado el Lago de Arreo y dispuesto en sus márgenes una reserva de parras procedentes de la citada zona. Las aguas de dicho lago se filtran por las margas irisadas del Triásico Superior (Keüper) y originan el yacimiento de Salinas de Añana.

Las otras poblaciones que vienen sufriendo una constante pérdida de parras se encuentran en los valles burgaleses de Angulo y Mena. La mayor parte de ellas aparecen a lo largo del bosque de ribera del río Cadagua y sus inmediaciones.

El propósito del presente artículo es difundir la importancia de este recurso natural, gravemente amenazado, e instar a las autoridades competentes a tomar medidas de protección para el mismo.

Setenta especies de vid por los cinco continentes

Dentro de la familia botánica de las Vitáceas se encuentra el género Vitis, que a nivel de todo el planeta comprende unas setenta especies de vid, que se extienden por los cinco continentes.

Estados Unidos de Norteamérica y China son las zonas donde habita el mayor número de dichas especies.

La vid silvestre euroasiática, Vitis vinífera L. subespecie sylvestris (Gmelin) Hegi, se encuentra en ecosistemas naturales distribuidos desde la Península Ibérica hasta el macizo del Indhu Kush, situado entre Afganistán y Pakistán. También aparece en el Magreb africano. Según nuestras observaciones, los límites latitudinales de esta subespecie de vid se encuentran entre los paralelos 30-31 (río Ourika, Marruecos) y la ciudad de Lwfdishaffen (Stad Park, junto al río Rin), entre los paralelos 49-50.

La vid silvestre constituye el parental dioico de las variedades cultivadas, que son generalmente hermafroditas y se encuadran en la subespecie Vitis vinífera L.subespecie sativa (DC.) Hegi. Por lo tanto, las poblaciones silvestres se encuentran integradas por parras masculinas y femeninas.

Aspecto otoñal de una parra silvestre en la orilla del río Cadagua

Las parras masculinas tienen flor masculina pura (carente de gineceo) con 5 estambres (Tipo I). En una baja proporción hay algunas de estas lianas leñosas que muestran un pequeño gineceo (Tipo II). Las femeninas tienen flores con gineceo bien desarrollado y 5 estambres reflejos. Mientras que las hermafroditas tienen gineceo bien desarrollado y estambres funcionales erectos.

Las bayas de las plantas femeninas son mayoritariamente tintas. No llegan a tener 1 cm de diámetro. Sus semillas son casi redondeadas, con un pico de menor dimensión que el que muestran las cultivadas. Por lo tanto, existen valores morfométricos distintos  (longitud, anchura y grosor) entre las semillas silvestres y cultivadas, por lo que pueden distinguirse visualmente. Además de existir diversos métodos estadísticos aplicables para su diferenciación en los yacimientos arqueológicos.

Las plantas domesticadas por el hombre son aquellas que le sirven para su dieta o son aplicables a sus actividades cotidianas. Sólo se domestican las especies útiles y que cuentan con un aumento de productividad, lo que implica un cambio genético, debido al arduo proceso de selección humana.

El proceso de domesticación

La domesticación de la vid parece ser, por las pruebas arqueológicas registradas hasta el momento, que se produjo durante el Neolítico. Las vides cultivadas proceden de la selección humana iniciada en dicho periodo, a partir de los escasos ejemplares hermafroditas aparecidos en la naturaleza. Éstos se originaron  por mutación de ejemplares masculinos, ya que sus granos de polen contienen orificios para la salida de los gametos masculinos, como en el caso del polen silvestre masculino. Por el contrario, el polen silvestre femenino carece de dichos orificios.

Seguramente nuestros antepasados del Neolítico no se fijarían en la sexualidad de las parras, pero fueron seleccionando, lógicamente, las parras hermafroditas, dada su capacidad de autofecundación, que conllevaba una mayor producción de racimos que las femeninas. Por dicho motivo, sus sarmientos fueron el objetivo para establecer cultivos fuera de sus hábitats naturales, dando origen a la Viticultura.

A través de los siglos, dentro de las variedades hermafroditas, se fueron seleccionando aquellas variedades que contaban con tamaño adecuado de la baya y del racimo, equilibrado contenido en azúcar y ácidos del mosto, uniformidad de maduración, constancia de producción y tolerancia a las condiciones ambientales y estrés biótico.

La región del sur de la cordillera del Cáucaso encierra pruebas palpables de haber constituido el centro primario de domesticación de la vid. Allí existe el llamado Triángulo de la Uva fértil o Triángulo de Vavilov, en honor al científico ruso que lo describió. El vértice superior del triángulo se encuentra entre los mares Negro y Caspio y los inferiores en los Montes Zagros (Irán) y Montes Taurus (Turquía). Dicho perímetro alberga muchas poblaciones de parras silvestres y una enorme cantidad de variedades de cultivo hermafroditas y femeninas. Por ello se considera el núcleo principal de domesticación de la vid.

Curiosamente, en su zona central se encuentra el Monte Ararat, donde según el libro del Génesis y la tradición judeocristiana encalló el Arca de Noé. En dicho texto se dice que plantó una viña y se embriagó, después de las peripecias del Diluvio Universal.

Concretamente en la localidad georgiana de Shulaveri existe una colina (Shulaveri gora, en georgiano) que constituye lo que en arqueología se denomina un tell; es decir una serie de estratos arqueológicos de distintas épocas. Las primeras semillas con morfología cultivada aparecen en la capa que tiene una antigüedad de 8.000 años (Neolítico). Además, se encuentran fragmentos cerámicos de vasijas, llamadas protoquevris, con compuestos químicos que prueban que han contenido mosto o vino. En algunos de ellos es patente una decoración alusiva a los racimos de uvas. En 2013 la UNESCO elevó al grado de Patrimonio de la Humanidad la producción de vino en tinaja tipo quevri.

uva
Parte superior morfología de semillas de vid cultivada. Parte inferior idem de vid silvestre.

El cultivo de la vid se irradió a partir de dicho territorio hacia Mesopotamia y Oriente Medio, Egipto, Grecia etc. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos trajeron a nuestra Península el cultivo. De hecho, en Huelva capital existen, huellas de cultivo del viñedo y semillas con una antigüedad cercana a los 3.000 años.

Debe a tenerse en cuenta que la palabra escrita en alfabeto georgiano ვინო se lee /ẃi:nƏu/, voz de la que derivarían los vocablos Vinum, Vino, Vinho, Wine etc. Lo cual parece reiterar el carácter de centro de domesticación primario de la viticultura en la región transcaucásica.  Las poblaciones de los valles de Angulo y Mena

En el Noreste de la provincia de Burgos se encuentran los valles de Angulo y Mena, delimitados por estribaciones de la Cordillera Cantábrica, son las espectaculares cadenas montañosas de La Peña, Ordunte y Sierra Salvada. Es una zona en la que confluyen factores bioclimáticos correspondientes a las regiones biogeográficas atlántica y Mediterránea. Su orografía es muy diversificada dando lugar a una amplia gama de orientaciones, altitudes, pendientes e intensidades de radiación solar. Todos estos factores han propiciado que haya una gran riqueza, variedad y mezcolanza de especies vegetales, encontrándose plantas de muy diversas exigencias.

Entre sus especies arbóreas destacan formaciones boscosas de robles quejigos, hayas, pinos y encinas, dispersos entre ellos o formando pequeños grupos hay avellanos, melojos, tejos, acebos, madroños y arces. Entre sus numerosos arbustos hay, enebros, endrinos, majuelos y rosales silvestres.

En la provincia de Burgos, las pruebas de la existencia más antigua de vid silvestre se han encontrado en la Sierra de Atapuerca, concretamente en la Gran Dolina. Allí se descubrieron restos de polen de vid silvestre masculina de hace unos 780.000, en el límite del Pleistoceno inferior al Pleistoceno medio.

cascada
Cascada de Peñaladros.

En el área geográfica que nos ocupa, las parras silvestres se encuentran en bosques de ribera, donde toman como tutor a arbustos y árboles: principalmente avellanos, arces, alisos, chopos, fresnos, majuelos, rosales, sauces, zarzales, etc. En 2007 teníamos censado un total de 157 parras, 100 masculinas (63,7% del total) y 57 femeninas (36,3%). Entre las parras masculinas existían 4 con flor Tipo II.

Los núcleos poblacionales se encontraban en: -Valle de Angulo: Pies de Peña Angulo y en el río San Miguel, en el tramo de la Cascada de Peñaladros a Abadía. -Valle de Mena: La Vega, La Nava, El Berrón, Gijano, Las Bárcenas, Bortedo, Ungo, Carretera CL 629, La Presilla y proximidades de la vía del tren, Entreambasaguas, Villanueva, Villasana, Angostina-El Refugio y pantano cercano, así como en Paradores. En cuanto a usos antiguos, José Bustamante Bricio nos comunicó que el mosto de las parras femeninas se llamaba agua de agraz y se ingería como remedio medicinal para remediar problemas estomacales.

Las microvinificaciones que hemos realizado con levaduras autóctonas, muestran un contenido alcohólico medio de 10,45 % en volumen, gran acidez, con un Ph en torno a 3,35 y una intensidad de color de 14. Estas parras muestran una gran variabilidad genética, a diferencia de los clones cultivados en la actualidad. Pueden hibridarse con vides cultivadas y obtener nuevas castas (vidueños) de cara a remediar el impacto del cambio climático, ya que muchas son resistentes/tolerantes a varias plagas y enfermedades.  Por otra parte, pueden servir para la obtención de nuevos portainjertos por hibridación con vides de origen norteamericano, ya que son muy resistentes a la inundación y a la caliza activa, así como a hongos causantes de la podredumbre de raíz.

parras
Restos de parras silvestres cortadas en las cercanías de la cascada.

Finalmente, cabe señalar respecto a los viñedos cultivados en el Valle de Mena que han sido una auténtica fuente de Chacolí burgalés. Lamentablemente, al igual que en otras zonas de dicha provincia, como La Bureba, Miranda de Ebro y otras partes de las Merindades, ese nombre genuino y bien documentado desde hace siglos, solo se puede usar para denominar a aquellos caldos producidos al pasar la muga de las Encartaciones vizcaínas o de la Cuadrilla de Ayala en Álava. Es una pena que los políticos regionales, con algunas excepciones (ver El Correo de Burgos de 17 de noviembre y 28 de diciembre de 2010), no se hayan preocupado de reivindicar el Chacolí de las tierras burgalesas, como ya quedó patente en el VII Foro Mundial del vino, celebrado en Logroño en 2010.

Actualmente, la palabra chacolí solo aparece en etiquetas de algunas bodegas burgalesas para consumo propio, detrás de esa palabra aparece no apto para la venta. También en la contraetiqueta de una bodega comercial mirandesa.


Autores del estudio:

Carlos Alvar Ocete Pérez (máster en Enología Innovadora); Isaac Manuel Rubio Iribarren (Biólogo), José Antonio Salinas López (Jardín Botánico de Miranda de Ebro) y  Rafael Ocete Rubio (biólogo).

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