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miércoles, agosto 17, 2022
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Los bioestimulantes se reformulan para protagonizar la nueva agricultura

Las tormentas de agua y granizo han recordado la importancia de estos productos para proteger y revitalizar los cultivos en situaciones de estrés. Un nuevo reglamento abrirá el abanico a nuevas tipologías

Las páginas de la prensa especializada acogen cada vez con mayor frecuencia aquellos inventos o desarrollos concebidos para afrontar la agricultura del futuro: esa que en realidad ya ha llegado y con la que se trabaja de forma cotidiana.

Entre esas ‘novedades’ que ya no lo son destacan los bioestimulantes, cada vez más valorados para proteger y revitalizar los cultivos en situaciones de estrés, o para ayudar al cultivo en momentos críticos de su desarrollo. Precisamente corresponden a esas situaciones las tormentas de agua y granizo de este final de primavera y comienzo de verano, que en muchas ocasiones han afectado al crecimiento de las plantas, o incluso las han dañado, comprometiendo una parte sustancial de la cosecha.

Mejor cosecha

Desde el sector fabricante se defiende que los bioestimulantes repercuten de forma positiva en el rendimiento y calidad de la cosecha, así como en el acondicionamiento de los cultivos sometidos a estrés. Las heladas, el pedrisco, el excesivo calor o frío, o incluso la lluvia caída de forma abundante en poco tiempo: todo esto puede dañar al cultivo. También los ataques de origen biótico: insectos, hongos, nematodos…

Al mismo tiempo, su uso está indicado para hacer frente a un aumento significativo de las necesidades del cultivo, que aparecen en momentos vegetativos concretos, como trasplante, floración, cuajado de fruto y granos, engorde o maduración de la cosecha.

Un nuevo reglamento

Victoria Cadahía fue durante siete años directora técnica de la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes, AEFA. Defiende que los bioestimulantes son el futuro, como demuestra el hecho de que todas las empresas de fertilizantes estén dirigiendo parte de su actividad a esta familia de productos.

Esta investigadora recuerda que un decreto de 2013 define los productos fertilizantes como aquellos utilizados en agricultura que, por su contenido en nutrientes, facilitan el crecimiento de las plantas, aumentan su rendimiento y mejoran la calidad de las cosechas “o que, por su acción específica, modifica la fertilidad del suelo o sus características físicas, químicas o biológicas”.

Se incluyen en esta definición abonos, enmiendas y productos especiales, de modo que los bioestimulantes quedan dentro de esa gran familia de los productos.

Además, con el reglamento que se aprobará en breve existirán más tipologías de bioestimulantes, “con una mayor flexibilidad a la hora de elaborar estos productos, siempre que el fabricante emplee los componentes naturales autorizados”.

Eso sí, el fabricante deberá especificar en el etiquetado el efecto que persigue sobre el cultivo “y demostrarlo antes de su comercialización por medio de ensayos de campo, de laboratorio, etc”. Todo ello será certificado por un organismo independiente, que empezará a trabajar, previsiblemente, el año que viene.

No confundir con los ‘fitos’

El reglamento europeo de fertilizantes que entró en vigor en julio de 2019 ha situado a las empresas del sector en un escenario de mayor seguridad. Seguridad jurídica y también comercial, al delimitar diferentes figuras que hasta ahora convivían con una frontera poco nítida, que perjudicaba tanto al fabricante como al agricultor.

El reglamento define los fertilizantes incluyendo siete Categorías Funcionales de Productos (CFP), entre ellas bioestimulantes y productos basados en los bioorganismos. Las categorías establecidas son abonos (CFP 1), enmiendas calizas (CFP 2), enmiendas del suelo (CFP 3), sustratos de cultivo (CFP 4), inhibidores (CFP 5), bioestimulantes (CFP 6) y mezclas de productos fertilizantes (CFP 7).

Otra novedad radica en que se delimitan dos figuras cuya frontera no siempre estaba clara: los fertilizantes y los fitosanitarios. De este modo, en la actualidad un fertilizante no podrá decir en el etiquetado ni en la información comercial que permite controlar una enfermedad, una plaga o una mala hierba. “Se pone coto a la publicidad engañosa”, recalcan desde AEFA.

¿Qué composición tienen?

Las composiciones son diversas. Productos bioestimulantes característicos y muy utilizados en agricultura son, por ejemplo, aquellos a partir de algas marinas. Se pueden utilizar en todos los cultivos, pero están especialmente indicados para cultivos de importante valor añadido, sobre todo al comienzo del ciclo.

Cabe mencionar los aminoácidos, que suponen una estimulación energética en los momentos de mayor demanda del cultivo. Los especialmente seleccionados promueven la síntesis de proteína e intervienen en procesos concretos para favorecer la síntesis de fitohormonas y clorofila: actúan provocando un aumento adicional de la fotosíntesis. Se trata de agentes que regulan el balance hídrico de la planta; fortalecen las paredes celulares y ayudan a reconstruir los tejidos vegetales.

Además, los aminoácidos impulsan la brotación y el desarrollo vegetativo, aumentan la circulación de savia y reducen el tiempo requerido por la planta para la cicatrización de los tejidos vegetales.

En todo caso, los bioestimulantes proceden de materias de origen natural destinadas a potenciar el metabolismo de la planta para potenciar el aprovechamiento de los nutrientes que están a su disposición.

¿Efecto preventivo o curativo?

Por lo general los bioestimulantes son productos preventivos, que preparan a la planta para afrontar posibles incidencias o situaciones de estrés, si bien algunos se emplean de forma posterior a la helada, inundación o la situación que se produzca, “de modo que permiten a la planta remontar tras la aparición del problema”.

“En unos casos y otros, la filosofía es siempre la misma: ayudar a la planta a aprovechar su propia fisiología para afrontar esas situaciones de estrés”, señala Victoria Cadahía.

La prevención temprana del estrés abiótico (contrario a la vida) es la mejor estrategia, teniendo en cuenta que los fenómenos meteorológicos son cada vez más bruscos e imprevisibles, así como la enorme demanda energética que le supone al cultivo un periodo de recuperación tras la situación generada.

Una agricultura más sostenible

Para Cadahía, el mayor beneficio de estos productos es “conseguir mejores cosechas, con cultivos más sanos y sin residuos. Se podría, por tanto, reducir el uso de productos fitosanitarios y de fertilizantes convencionales”. “Son productos con valor añadido, que vienen de la investigación y de la innovación, por lo que tienen algo mayor precio que otros fertilizantes y el agricultor verá los resultados en la cosecha”, asegura. Su objetivo principal es estimular los procesos naturales de las plantas, para mejorar la absorción de nutrientes o su eficiencia.

Además, hay que tener en cuenta que nos encontramos en un escenario europeo en el que los fertilizantes se deberán aplicar cada vez en menor cuantía y con mayor eficiencia, lo que a corto plazo contribuirá a que los bioestimulantes vean incrementado su papel en el campo.

Reducir los gastos de producción

Desde este punto de vista, el empleo de biofertilizantes puede suponer un beneficio directo para el bolsillo del agricultor, al hacer menos necesario el empleo de determinados insumos; al estar ante una planta más sana y que aprovecha mejor los nutrientes presentes en el suelo, se deberá recurrir a menos abonos o fitosanitarios.

Al mismo tiempo, para los fabricantes el desembolso económico de adquirir y emplear estos productos siempre está justificado, ya que se traducirá en un significativo aumento de la producción.

Quizá en los próximos años se vean más combinaciones entre fertilizantes y bioestimulantes, porque estos no vienen a sustituir a aquellos, sino a complementarlos. Es parte de la tecnología del presente y del futuro.

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