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miércoles, agosto 17, 2022
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Sanidad vegetal, una autopista hacia la rentabilidad

España está más expuesta que otros países al cambio climático, que tiene efectos directos sobre la presencia de plagas y enfermedades. El sector de los fitosanitarios destaca la importancia de la sanidad y reclama un marco jurídico “sin criterios ideológicos”

Ricardo Ortega

Organismos como la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertan sobre el hecho de que hasta un 40% de los cultivos alimentarios a nivel mundial se pierden anualmente a causa de plagas y enfermedades de las plantas, pérdidas que podrían llegar a duplicarse sin unos correctos tratamientos fitosanitarios.

Así lo señalan desde Aepla, la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (Aepla), que representa a las empresas fabricantes de productos fitosanitarios en España.

Para sus responsables, la aplicación de técnicas y tratamientos de sanidad vegetal, y en concreto la aplicación de productos fitosanitarios, “es esencial para garantizar la salud de los cultivos y evitar la proliferación de aquellas enfermedades y plagas que ponen en riesgo la productividad y rentabilidad de las explotaciones”.

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Una agricultura vulnerable

Esto se manifiesta de forma más clara en una agricultura como la española, que sufre en mayor medida la variabilidad del clima y de las condiciones en el entorno provocadas por el cambio climático, principalmente a través del aumento de la erosión de los suelos, de la deforestación, las inundaciones y sequías, o del incremento de malas hierbas, plagas y enfermedades de los cultivos.

La española es, además, una de las agriculturas más diversificadas en la Unión Europea, con más de 30 clases de frutales, 40 de hortícolas y más de 100 cultivos menores. Cada cultivo puede soportar 10 patógenos diferentes, algunos con varios ciclos durante la misma campaña.

Por todo ello, los Comités de resistencias a herbicidas (HRAC), a fungicidas (FRAC) y a Insecticidas (IRAC) recomiendan disponer de al menos tres productos con diferentes modos de acción por problema para evitar la generación de resistencias. “Por tanto, necesitamos disponer de una amplia gama de productos fitosanitarios si queremos proteger con eficacia nuestros cultivos”, señalan desde Aepla.

Aepla promovió en 2019 el estudio ‘El futuro del sector agrícola español’, desarrollado por PwC, cuyo objetivo es identificar los retos y oportunidades a los que se enfrentará la agricultura española y reflexionar sobre la mejor estrategia para afrontarlos.

El mundo experimentará una transformación sin precedentes en las próximas décadas motivada por tendencias globales de carácter macroeconómico y geoestratégico. Los cambios demográficos, los cambios en los poderes económicos mundiales, el progreso de la urbanización, la revolución tecnológica o la escasez de recursos y el cambio climático “están teniendo un profundo impacto ya hoy en día” y van a ser la fuente de los principales retos a los que se va a enfrentar el sector agrícola español.

Desde la entidad se señala que, en este periodo “retador” de grandes oportunidades, pero también de amenazas relevantes, se requerirá un profundo esfuerzo conjunto y continuado de los diferentes agentes e instituciones, lo que permitirá “establecer objetivos comunes, alinear estrategias de actuación y activar palancas de actuación basadas en la innovación, la apuesta por las nuevas tecnologías, la diferenciación, la profesionalización y la orientación hacia el exterior”.

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Aumentar la producción

El informe apunta a un potencial incremento de la producción agrícola del 11,9% en 2050 y un impacto económico acumulado de unos 73.501 millones de euros en tres décadas. La sanidad vegetal “juega y jugará” un papel esencial para garantizar el mejor futuro de la agricultura, según Aepla.

En los últimos años se ha producido, en el conjunto de cultivos, un avance “exponencial” en la investigación y desarrollo de soluciones útiles para evitar, o al menos paliar, los daños provocados en los cultivos por plagas, enfermedades y malas hierbas.

Si bien los esfuerzos en innovación desarrollados en el ámbito de la sanidad vegetal están dotando a los agricultores de los recursos necesarios para hacer frente a las amenazas que afectan actualmente a sus cosechas, “estamos expuestos a la aparición de nuevas plagas y enfermedades, muchas de las cuales encuentran en la globalización y la creciente movilidad internacional un más que considerable medio de transmisión”.

Hallar nuevas soluciones

Frente a esas amenazas “es necesario seguir investigando y generando nuevas soluciones, adaptadas a aquellas características y propiedades diferenciales que las hacen tan dañinas para nuestros cultivos”.

No solo eso. “El esfuerzo en inversión en sanidad vegetal que viene desarrollando la industria fitosanitaria durante las últimas décadas también está orientado, como no podría ser de otra manera, a la consecución de soluciones cada vez más sostenibles e inocuas para las personas responsables de su aplicación y el entorno en el que serán empleadas si se produce un escenario que justifique su utilización”, señalan desde Aepla.

A partir de estos dos pilares básicos de la sanidad vegetal, como son la innovación y la sostenibilidad, “resulta indispensable” que las diferentes instituciones competentes en este sentido en el ámbito de la Unión Europea tomen las medidas necesarias para establecer un marco regulatorio estable, “en el que podamos seguir trabajando en el desarrollo de estos avances, sin el temor de que las reglas del juego puedan verse modificadas de forma drástica”. Se refieren en Aepla a “lo que quizás puede resultar más grave, debido a la inclusión de intereses políticos, alejados de cualquier criterio científico contrastado”.

El sector agrícola deberá enfrentarse en los próximos años a grandes retos y amenazas, entre ellos, los efectos directos del cambio climático. El paulatino proceso de calentamiento global está generando una mayor presencia de condiciones atmosféricas y temperaturas extremas, así como un mayor riesgo de erosión y desertización de nuestro territorio, condiciones ambientales proclives para el desarrollo y proliferación de plagas y enfermedades en los cultivos.

En este contexto, la sanidad vegetal se ha convertido, más que nunca, en un instrumento clave para responder de forma efectiva a este aumento desproporcionado de plagas y enfermedades.

Una ‘caja de herramientas’ limitada

Pero la ‘caja de herramientas’ de los agricultores cada día es más limitada. El estancamiento en el acceso a nuevas sustancias es un problema especialmente acuciante en España, pues a las dificultades europeas para desarrollar y autorizar nuevas sustancias activas se une la problemática de los retrasos administrativos en las solicitudes de autorización y registro de productos fitosanitarios, que desincentivan la llegada de I+D al campo español.

“Nos preocupan las decisiones que Europa tome en un futuro inmediato en relación con nuestro sistema agroalimentario, con estrategias como ‘De la Granja a la Mesa’ y ‘Biodiversidad 2030’, señalan los fabricantes.

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