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viernes, diciembre 9, 2022
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El embalse de Aguilar, el más atrasado, ya supera la reserva media de los diez últimos años

Las dotaciones para regar esta campaña se aproximan a los parámetros de una campaña normal de regadíos

El sol ayuda ahora a ver el futuro agrícola de esta campaña con más optimismo. Y el agua también. Sobre todo la de los embalses si nos referimos a la perspectiva del regante. La asignatura pendiente en Castilla y León ya está aprobada con buena nota. El pantano de Aguilar –el más remiso de todos en recuperarse- está de nuevo por encima de la media de los últimos diez años: tiene 185,4 hectómetros cúbicos, mientras que la cifra habitual del decenio en estas fechas ha quedado casi tres hectómetros  por debajo.

La Comisión de Desembalse de la cuenca del Duero se reunió ya hace un mes para aprobar los volúmenes mínimos que deben acumular los embalses a final de la campaña en septiembre. Y ya queda claro los riegos se desarrollarán en condiciones de práctica normalidad gracias a las reservas hídricas actuales.

Los embalses para riego en Castilla y León estaban ya este jueves al 89,2% de su capacidad, por encima de la media. Algunos llevan días desembalsando por motivos de seguridad. Algo casi impensable hace muy poco tiempo.

Pisuerga y Carrión han sido los sistemas que iban más justos. Las dotaciones asignadas, por el momento, oscilan entre la concedida para el Esla-Riaño de  5.800 metros cúbicos y los 3.000 metros cúbicos de Pisuerga-Bajo Duero. Es en Tera y Ágreda, con 7.000 litros, donde dispondrán de más agua. Todo apunta a que la dotación de 2.000 litros por hectárea del Carrión será modificada al alza. El embalse de Aguilar, el que mayor déficit tenía, camina sin cesar hacia arriba. Es lo que necesita y ansía el regante que se sirve de él.

La Comisión Permanente de la Sequía de la Cuenca del Duero acordó que el indicador general pasara de alerta a prealerta por primera vez en los últimos trece meses, lo que conlleva dar por finalizada la sequía prolongada desde el punto de vista técnico.

El informe mensual de sequía confirmaba que, a primeros de abril, había cinco subzonas en nivel de normalidad –Arlanza, Alto Duero, Riaza-Duratón, Cega-Eresma-Adaja y Bajo Duero-, cinco en prealerta –Aliste-Tera, Órbigo, Esla-Valderaduey, Pisuerga y Tormes-, y solo tres en alerta: Carrión, Águeda y Támega- Manzanas, aunque todas ellas con tendencia a la mejora.

Cambio de panorama

Desde la asociación de comunidades de regantes Ferduero consideran que “la situación se va arreglando en la mayoría de los sistemas de explotación con las aportaciones de los meses de marzo y en abril, con reservas de nieve, que están provocando que en algunos casos se estén realizando desembalses de seguridad y para cumplir con los acuerdos de la Comisión de Desembalse”. Les sigue preocupando la situación del sistema Pisuerga-Bajo Duero, “que aunque ha mejorado ostensiblemente, aún no está en condiciones de satisfacer las necesidades de todos los usuarios que dependen de él”.

En Ferduero están “en sintonía” con la Confederación Hidrográfica del Duero en lo que respecta al establecimiento de dotaciones recomendables y máximas por cada Sistema de Explotación, con el establecimiento de unos cupos que cada comunidad o usuario individual debe cumplir. “Con esto se persigue una justa redistribución del recurso y, además, dejar la máxima reserva en los embalses para la próxima campaña, de la que no sabemos lo que nos va a deparar la meteorología”, explica Ángel González, presidente de Ferduero.

Para ello defiende que deben apoyarse en la instalación de sistemas de medida en todas las tomas de riego que parten de los diferentes cauces públicos, con el fin de mejorar el control. “Sabemos que va a ser imposible realizar la instalación en todos los puntos necesarios, ya que el asunto se ha precipitado con la sequía pasada, pero todos los avances en este sentido ayudarán a mejorar la gestión”, reconoce.

La asociación de comunidades de regantes pide “la máxima responsabilidad” a todos los agentes implicados en la gestión del agua: CHD (a la hora de embalsar y desembalsar, y establecer claramente los criterios de reparto, que se deben ir recalculando a medida que vaya avanzando la campaña); comunidades de regantes y asociaciones, que también tienen que tener claros dichos criterios de reparto en sus respectivos sistemas de explotación y arbitrar los medios para hacerlos cumplir; y usuarios individuales, que también deben optimizar el uso del recurso.

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