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viernes, enero 27, 2023
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La duda sobre el precio planea sobre una campaña con patata de calidad

Los ecos del sur nos hablan de precios por debajo de los diez céntimos con la cosecha ya iniciada en Castilla y León

El sector vuelve a interrogarse sobre cómo afrontar los dientes de sierra y la fórmula más repetida es la del diálogo entre productor y operador

El arranque de la patata se ha iniciado de forma tímida en Castilla y León, en el marco de una campaña de rendimientos no muy altos pero con mucha calidad. Es el pistoletazo de salida de una carrera por sacar el tubérculo que podría retrasarse si persisten las noticias sobre precios bajos: ha habido solapamiento entre Cartagena y Andalucía, y cuando no se había disipado la nube de una oferta saturada Albacete ha iniciado su propio arranque; como consecuencia, unos precios por debajo de los doce céntimos, e incluso por debajo de los diez, y muchas voces que vuelven a echar en falta el funcionamiento de una interprofesional en Castilla y León.

La comunidad cuenta este año con 20.477 hectáreas de cultivo, con un incremento sensible de la patata de media estación, que supone un tercio de la superficie plantada.

Cómo acertar con la patata

El vértigo ante los precios bajos puede llevar a pensar que han acertado quienes han reducido la superficie de cultivo. Rubén Arranz, de Campaspero, la ha disminuido de 50 a 25 hectáreas por intuición, después de tres campañas seguidas relativamente buenas.

La suya es patata tardía, sobre todo monalisa, que arrancará a mediados de septiembre. Vende toda la producción a Segoviana de Patatas, con la que tiene una relación basada en la confianza. “Si el año viene mal, al menos sabe que le recoge la producción”, señala. Y es que una de las claves para dar en la diana reside en coordinarse quien comprará tu producción. Plantar las variedades que después se puedan llevar al mercado. “Y diversificar las siembras”, subraya.

Coordinar los trabajos

José Blázquez, gerente de la cooperativa Aranpino, apunta que sus socios empezarán a arrancar a mediados de mes. No lo han hecho antes porque el tubérculo tenía tamaño para sacar a mano, pero el mercado no lo demandaba.

En la provincia de Salamanca la patata viene bien en cantidad y calidad, “sobre todo las variedades más tempranas; a las tardías les afectó el calor en plena floración”.

La cooperativa coordina las siembras y fechas de arranque de sus socios. Para él la clave está en escalonar, tanto las siembras del conjunto de la cooperativa como de cada agricultor individual. Para arrancar “hay que tener en cuenta que en julio y agosto hay muy poca demanda de patata en el mercado nacional; esta se recupera cuando acaban las vacaciones”, subraya.

Nuevo presidente de Asopocyl

Marco Martín es presidente de Asopocyl desde el pasado marzo y, como tal, es una de las voces que más lamentan que no haya una interprofesional, “la herramienta que nos vendría bien ante años complicados, como este”. Sería buena para todo, especialmente para la promoción del producto, “dada la enorme desinformación que existe respecto a lo que significa la patata nueva, la importación, las propiedades culinarias de la patata…”. Consecuencia de esa falta de información es el descenso del 30% en el consumo de patata en los hogares españoles en los últimos años, como subraya el presidente de los operadores.

Su previsión es una patata de calidad y una producción algo menor, con unos precios que van a dar pocas alegrías. Sobre todo para aquellos agricultores que van por libre y plantan exclusivamente las variedades que les van bien agronómicamente, pero sin ir de la mano del comercial.

“Como operador quiero tener esperanzas de pagar un buen precio; debemos pagar precios justos, y mejor si es un precio alto el que recibe el agricultor porque también es mejor para nosotros”, destaca.

Marco Martín, presidente de Asopocyl

“Como operador, quiero tener esperanzas de pagar un buen precio”

Los destríos

Jesús Carrión, de Urcacyl, apunta que el incremento en la superficie obedece sobre todo a la industria, que encuentra en el campo español una materia prima competitiva. En su opinión, una de las amenazas está en el pequeño agricultor que planta unas pocas hectáreas para probar, sin una visión profesional. Por el contrario, “el grande siempre contrata al menos una pequeña parte”.

Este año, de nuevo, se hablará de descuentos. Pero para Carrión la peor parte se la puede llevar el almacenista que contrata con el agricultor pero que no tiene acuerdos por el otro lado, con el mayorista de destino. “Ante los descuentos nos falta un referente; ese instrumento sería la interprofesional. Con ella en marcha habría unos precios ya en origen, de modo que no te pueden imponer ese 20% en destino, tan lejos que tragas con lo que haga falta”, subraya.

Cosme Catalán, director de Intersur, coincide en el diagnóstico y señala que para futuras campañas lo más interesante es que el agricultor trabaje de forma coordinada con un operador, o con varios, “de modo que estos le indiquen sus preferencias respecto a las fechas de siembra y respecto a las variedades”. “Lo contrario, que el agricultor plante por libre sin pensar en el mercado, es lo que lleva a la desorganización del sector”, advierte.

A su juicio, los arranques que ya se han dado a partir del 3 de julio “se traduce en un inicio de la campaña adelantado en unos quince días, lo que en principio podría escalonar los arranques y favorecer al conjunto del sector”. Ahora mismo los operadores están animando a los agricultores a quemar con herbicida las fincas más adelantadas, “de modo que la piel se fije a la patata y esta no presente defectos al ser arrancada”.

El papel de la industria

Con más optimismo se contempla la situación por parte de la industria. Desde Ibersnacks se celebra una campaña con patata de calidad, de modo que se satisface su principal prioridad.

Para este interproveedor de Mercadona la fórmula para acertar radica en la firma de contratos con el agricultor. Este año ha introducido una bonificación en relación a los parámetros de calidad en fritura y al contenido de materia seca de la patata.

De estas nuevas condiciones se pueden beneficiar cien proveedores nacionales, entre cooperativas, almacenistas y productores. El 75 % de los agricultores son de Castilla y León.

Para la compañía escoger las variedades de siembra tiene una importancia vital, “ya que cada una de las referencias que fabricamos requiere diferentes variedades”.

Sus instalaciones recibirán este año 70.000 toneladas, de las que 50.000 procederán de Castilla y León. Todas ellas se habrán beneficiado de un exhaustivo control de calidad, “lo que minimiza los destríos”.

Precios por encima de lo que fija el mercado

También desde Medina del Campo Juan Manuel Coello, de Patatas Meléndez, apunta que el modelo de su compañía consiste en escoger las variedades que interesan al agricultor desde el punto de vista agronómico, “pero también al consumidor por las propiedades organolépticas y visuales del tubérculo”. Todo ello dentro de un marco de confianza en el que el agricultor sabe que venderá su cosecha y que obtendrá una rentabilidad.

Los precios pactados se mueven en la horquilla entre los 15 y los 18 céntimos el kilo. Dentro de esa variación se prima a aquellos productores que han debido quemar la planta, por la merma en la producción que supone.

La compañía recibe la producción de unos 300 agricultores de Castilla y León, entre los que firman los contratos y aquellos cuya producción llega a través de operadores.

La opción de conservar

Carlos García, de Agrofield, defiende la autonomía del agricultor frente a otros agentes. Por eso subraya que en años como este cobra especial sentido la opción de conservar la patata en instalaciones propias: “Hay que conservar el producto, mantenerlo en buenas condiciones y ser capaces de atender el mercado hasta el mes de mayo”.

Y es que “en estos tiempos tan exigentes ya no nos vale con tener entregadas las patatas el 20 de octubre, que nos liquiden a como esté y que asuma los riesgos un tercero (almacenista, cooperativa, fábrica). El que asume el trabajo de conservar patatas, asume el riesgo y también el beneficio, y casi siempre suele compensar”, señala.

Porque nos falta “muy poco” para poder conservar como nuestra bestia negra, Francia. “Disponemos de muy buenas instalaciones; hay naves, cámaras y almacenes al mismo nivel o mejor que el que puedan tener los agricultores” en Bélgica o en el país galo.

Además, “a día de hoy los productos fitosanitarios también son los mismos y los métodos de aplicación son similares”. Con dos tratamientos la patata puede conservarse unos siete meses (de octubre a abril o de noviembre a mayo).

Lo que falla es que estas instalaciones “no se utilizan de forma programada; en España se almacena patata cuando hay problemas en el mercado, no como primera opción, con lo cual en demasiadas ocasiones la patata almacenada es la que hay, que no siempre es la más apta para conservación”. Como consecuencia, “en líneas generales las instalaciones se encuentran infrautilizadas”.

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