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jueves, junio 30, 2022
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La semilla certificada acredita sus virtudes en los campos de Itacyl

La Finca Zamadueñas de Itacyl (Valladolid) celebrará la jornada técnica ‘Recoges lo que siembras’. En un evento similar al del año pasado, están programadas ponencias, una mesa debate y también visitas a los campos de ensayo

Más de 300 agricultores y técnicos podrán informarse y conocer de primera mano cuáles son las ventajas de sembrar semilla certificada. Anove, Geslive, Aprose, Cooperativas Agro-Alimentarias, Accoe, Acml y Semican promueven, en colaboración con Itacyl, la jornada técnica ‘Semilla certificada: Recoges lo que siembras’. La cita es el próximo miércoles en la vallisoletana Finca Zamadueñas, a partir de las 10 horas. La asistencia es libre, con inscripción previa en el número de teléfono 983 322 265.

El evento consta de ponencias sobre el uso y los valores de la semilla certificada y de una mesa debate en la que participarán expertos como el secretario general de Anove (Antonio Villarroel), el director general de Producción Agropecuaria e Infraestructuras Agrarias, Jorge Llorente, el subdirector de Investigación y Tecnología, Pablo Gómez, y el responsable agrícola de Urcacyl José Santos.

A partir de las 12 horas se iniciarán las visitas a los campos de ensayo, a los que se trasladarán los distintos grupos en autobús. La jornada concluirá con una comida en el mismo recinto.

Todo son ventajas

De esta jornada todos regresarán con muchas cosas aprendidas, que resultarán cruciales en su actividad como agricultor o técnico en las diversos ámbitos del sector agrario. La semilla certificada es un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional.

La calidad está garantizada por el doble control de la empresa productora y del organismo oficial responsable. La relación a su origen, trazabilidad, homogeneidad, pureza específica, pureza varietal, germinación, ausencia de otras semillas no deseadas en la siembra, sanidad y humedad, están garantizadas, tal como afirman desde la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove).

El empleo de semilla certificada supone más ventajas. Destacable es el ahorro significativo que conlleva en la dosis de siembra, como consecuencia de la alta eficacia en la germinación que ofrece la semilla certificada. Se puede tirar entre un 10% y un 20% menos que si se tratara de grano sin la certificación oficial. El tiempo invertido en la preparación de la semilla será menor. Se evita al agricultor tener que destinar un tiempo significativo en acondicionar el grano de su propia cosecha, así como de disponer de un elevado espacio donde almacenar la semilla hasta la siembra.

Más rendimientos

La certificada trae consigo el incremento en los rendimientos al asegurar la producción y mejorar la cosecha. Se debe a que las semillas están seleccionadas y tratadas para garantizar una buena implantación del cultivo y menor aparición de malas hierbas en la parcela, ya que esta semilla garantiza la pureza.

La inversión del agricultor en semilla certificada posibilita la inversión en programas de investigación para crear nuevas variedades, “que son y serán la garantía del progreso y de la mejora de la producción agrícola. Poner a disposición del mercado una nueva variedad requiere diez o más años de trabajo”, según indican en Anove. El desarrollo de nuevas variedades solo es posible con una inversión continua en los diversos programas de investigación.

La certificación de semillas es, además, un elemento imprescindible para asegurar desde su origen la trazabilidad de los alimentos elaborados con ellas.

Una cooperativa o almacenista que suministra semilla certificada a sus agricultores conocerá con antelación, a la hora de comercializar su cereal, las calidades y cantidades que va a disponer, mejorando por tanto su organización y planificación. Esto propicia la innovación en los sistemas de producción y comercialización de cereales.

Eleva la producción

Los ensayos de trigo blando de invierno en España de la red Genvce, desarrollados en un periodo de doce años, acreditan que las nuevas variedades presentadas aportan una ganancia media anual del 0,7% sobre el rendimiento del trigo utilizado como testigo. Esto supone un incremento anual por hectárea de 34 kilos.

Este incremento anual que aportan el desarrollo de nuevas variedades genera un beneficio económico constante en la economía de la explotación agraria.

La primera generación de semilla que el obtentor da como apta para desarrollar una nueva variedad, que mejora en algún aspecto las ya existentes, es la que se denomina técnicamente como G0.

Para entonces, las marcas han invertido en su desarrollo en torno al millón de euros. El multiplicador no suele tener acceso a la variedad hasta la fase G4, como muy pronto. Lo más habitual es que trabaje con R1 (evolución directa de G4), para obtener la R2 que sembrará ya el agricultor para su cosecha. Es esta la más productiva, aproximadamente un 6% más que la anterior. En la semilla R3 puede haber un 10% de merma respecto a la generación precedente.

La mejor apuesta, por la rentabilidad y la seguridad que proporciona

“Sembrar semilla certificada siempre te compensa porque te garantiza un grado de germinación muy alto”, lo que significa ahorrar en semilla y supone un primer paso para una buena implantación.

Así lo señala Laureano García, de Bercero (Valladolid), que siempre emplea este tipo de semilla. Compra R2 para su explotación pero vende toda la producción, de modo que no destina una parte a semilla. Al año siguiente vuelve a poner R2. Le convencen las producciones que obtiene de este modo y, de hecho, no recomendaría ir más allá de una R3.

Una de las ventajas de la semilla certificada está en que las casas obtentoras “realizan un completo seguimiento de aquello que van a vender” como R1 o R2, con lo que el agricultor se asegura de que es un producto de calidad, con todas las garantías en materia de sanidad vegetal.

Y emplear esta simiente tiene consecuencias positivas a efectos de producción. Incluso este año, con un panorama desolador para el cereal, lo tienen mejor aquellos profesionales que han confiado en la semilla certificada. “Evidentemente el principal factor está en la meteorología, y también son muy importantes las decisiones que va tomando el agricultor, pero el partir de una semilla de calidad tiene efectos evidentes en el resultado del año”, subraya.

Los cuarenta años que Honorato Calleja lleva trabajando como agricultor han servido para convencerle, entre otras cosas, de que la semilla certificada es una apuesta segura para el productor por la rentabilidad y seguridad que ofrece. Gestiona 100 hectáreas de secano entre Amusquillo, Torre de Esgueva y Valbuena de Duero (Valladolid), en las que cultiva trigo, cebada y veza.

Todos los años siembra algo de R1 (trigo y cebada) para seleccionar la simiente en la cooperativa Valle Esgueva y al año siguiente hacer sementera con R2. “La certificada te da más producción con menos simiente. Viene más libre de virus y es más resistente a los hongos, en gran parte por la genética. Estoy muy contento”, detalla convencido.

Recalca además que sembrando algo de R1 no sale caro. Afirma que la dosis de siembra de 230 kilos por hectárea de simiente equivalen en la certificada a 200 kilos, de manera que el ahorro en materia prima es evidente.

El productor defiende también que las casas de semillas desarrollan de manera constante variedades más productivas. “Los años son experiencia”, justifica. El agricultor moderno, el  que busca la rentabilidad, debe estar informado para conocer los mejores cereales: los que tienen el mayor techo productivo y los más rústicos y con mejor media en la suma de todas las campañas.

Jorge Ignacio Andrés es defensor a ultranza de la semilla certificada por doble motivo, ya que compagina su actividad como agricultor habitual con la de multiplicador para Semillas Colombia. Con esta empresa de Zaratán (Valladolid) ya colaboraba su abuelo y también el padre de los cuatro hermanos que lo hacen ahora. Semillas Columbia les suministra la simiente para multiplicar y recoge la cosecha con un precio garantizado. Trabajan con semilla base y con R1.

“Ponemos todo el empeño en elegir tierras limpias y de regadío para multiplicar”, deja claro Andrés. Los terrenos de labor los tienen en el entorno de Quintanilla de Onésimo. Están especializados en trigo, cebada, veza y guisante. Y obsesionados por evitar la contaminación con malas hierbas.

El multiplicador destaca que la semilla certificada garantiza una pureza del 99%, lo que incide en obtener siempre una mejor cosecha que con otra simiente menos controlada. “La garantía es que no hay malas hierbas y que da más sanidad. En buenas tierras recuperas lo invertido”, sintetiza. A modo de ejemplo cita que la campaña pasada, en las parcelas de certificada bastó con aplicar un tratamiento fitosanitario mientras que en algunas de las otras fueron necesarias tres aplicaciones para el buen estado del cultivo.

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