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viernes, diciembre 9, 2022
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El campo se resiente ante un año en el que “ha pasado todo lo malo que podía pasar”

2017 va a pasar a los anales de la agricultura como el ‘annus horribilis’ de las heladas, la sequía y el termómetro disparado. La producción en cereal cae más de la mitad y algunos agricultores optan por no cosechar. El desastre alcanza a la colza, el maíz y los forrajes

“Solo ha faltado que granizara”. El humor negro se ha adueñado de técnicos y agricultores, que no recuerdan un año tan desastroso como este, en el que “ha pasado todo lo malo que podía pasar”, como se repite en cada almacén y en cada bar. Los que peinan canas se acuerdan de 1992, otro año para olvidar, pero ni siquiera entonces hubo tal conjunción de sequía, heladas y calores inverosímiles antes de que llegara oficialmente el verano.

Algunos, como José María Santos, de Urcacyl, echan mano del refranero para referirse a las lluvias que han caído en torno a la llegada del verano: Agua por San Juan quita vino y no da pan. Incluso el agua ha caído a destiempo.

Un cereal de desastre

Hace una semanas las previsiones para Castilla y León hablaban de una caída en la producción del 51,8% en el trigo duro y del 49,94% en la cebada. Hoy se pude decir que las cosechadoras han entrado en los campos y han confirmado los peores augurios. La producción de cereal puede ser de 2,2 millones de toneladas de trigo y cebada.

“Aún queda mucho por cosechar y será al final cuando tengamos los datos para realizar un balance, pero la situación es lamentable”, apunta el técnico de Urcacyl. En el trigo la media de producción se puede situar entre los 1.400 y los 1.500 kilos por hectárea, pero con una gran disparidad, puesto que los hay de 600 kilos y de 2.500.

En cebada la media estará entre los 1.200 y los 1.300 kilos. Con mínimos de 400 o 500 kilos, que en ocasiones no se han llegado a cosechar, mientras otras zonas están relativamente bien. Apenas se salva la Bureba, con rendimientos que se pueden considerar normales, entre los 5.000 y los 5.500 kilos, a pesar de que allí la lluvia ha sido también muy escasa.

Las 200.000 hectáreas dedicadas a otros cereales han visto de todo, pero con una media muy baja, de unos mil kilos, con un comportamiento similar al trigo y la cebada.

Un efecto paradójico del menor número de granos en la espiga es que el grano resulta de mayor tamaño y registra un mayor peso específico.

Cebadas ‘tocadas’ en el norte de Palencia

En el norte de Palencia los trigos vienen algo mejor que las cebadas, muy afectadas por las tres heladas consecutivas que se produjeron en abril. El cultivo quedó tocado ya entonces y todo lo sucedido después (la ausencia de lluvias y el calor inusual de la primavera) no le ha permitido recuperarse.

Iban Díez, técnico de Agropal, apunta que las máquinas aún no han entrado en la zona. Es posible que el cereal se salve en Aguilar de Campoo, donde se cosechará a finales de julio. En cebada se prevén unos rendimientos medios que pueden rondar los 2.500 kilos. Las espigas tienen grano, pero habrá que ver si hay un peso específico que se corresponda con estas expectativas relativamente optimistas.

En Herrera de Pisuerga se empezará la cosecha de la cebada la semana que viene y “mil kilos sería una media aceptable, tal y como vienen dadas”. El trigo de regadío presenta allí un estado normal, aunque dará menos kilos que el año pasado. Podría quedar por debajo de los 7.000.

En León y en la comarca zamorana de Benavente la situación del cereal es muy difícil, con agricultores que han cosechado 700 kilos por hectárea en cebada. Sin embargo, de vez en cuando se producen sorpresas. El técnico de Cobadu Fernando Miguel destaca casos como el de una cebada “que estaba completamente congelada” que dio 2.000 kilos.

Es pronto para dar cifras de la zona, aunque lo que sí parece claro es que los trigos están algo mejor que las cebadas.
En la comarca de Peñafiel hay poco recogido, pero se repiten los resultados de otras zonas. El agricultor José de la Torre señala que el primer síntoma de los bajos rendimientos “es cuando las cosechadoras avanzan de forma más rápida que lo habitual”, y esa está siendo la tónica habitual. Los rendimientos de la cebada están entre los 500 y los 1.500 kilos, lo mismo que en el triticale. En cuanto a los trigos, algunos dan algo más, aunque alternan con las producciones muy pequeñas.

En la comarca muchos agricultores que son también ganaderos han optado por segar en verde para forraje, vistas las expectativas. “Para ellos es una buena opción”, apunta.

En el valle del Esgueva se ha salvado mínimamente la situación. El trigo está dando producciones en torno a los 1.800 kilos en aquellas zonas con buena rotación, en las que se sembró el cereal después de una veza o un girasol. “Es algo que se nota todos los años, y este también”, subraya el presidente de la Cooperativa Valle Esgueva, Honorato Calleja. Las cebadas tienen un comportamiento similar, con rendimientos de hasta 2.000 kilos.

Los malos resultados responden a las heladas de mayo, que en la zona afectaron a las fincas más adelantadas. Las más atrasadas pudieron echar una espiga más pequeña y salir adelante. Lo que sí registra el cereal de la zona es un peso específico muy digno, entre 63 y 64. Algunas cebadas incluso han alcanzado los 70, “que es una barbaridad”, apunta Honorato.

El maíz también sufre

Los cultivos de regadío también lo pasan mal, con rendimientos inferiores a un año normal y con mayor consumo de agua, ya que se ha tenido que regar más y durante más tiempo. En todo caso José María Santos confía en que se registre una cosecha “dentro de lo normal”.

La superficie de maíz ha caído de forma brutal ante las restricciones de agua, pero también por la falta de tempero a la hora de sembrar. La superficie está por debajo de las 91.000 hectáreas, según el avance de superficies de la Junta.
Como otros regadíos, se ha tenido que aportar más agua, con las únicas ventajas de que este meteorología ha llevado a menos incidencias por malas hierbas y por enfermedades fúngicas.

La planta ha sufrido por el calor, de modo que ha dedicado mucha energía y mucha agua a sobrevivir en lugar de a desarrollar las hojas y las mazorcas.

En Benavente y la provincia de León el agua supone un problema serio. Los regantes han trabajado con autorización para regar cada 14 días, pero recientemente ese plazo se ha ensanchado hasta los 17.  “Muchos se temen que no lleguen a dar el segundo riego, correspondiente a mediados de agosto, con lo que la planta va a sufrir si la CHD detecta un cauce demasiado bajo y cierra el grifo”, advierte Fernando Miguel, de Cobadu.

“Se perderán muchas parcelas de colza”

La colza es un cultivo que ha sufrido mucho y del que se perderán muchas parcelas. En León se han recogido algunas producciones de 3.200 kilos por hectárea e incluso de 4.900. Para Fernando Miguel esto demuestra que la agricultura premia a aquellos profesionales que se dedican por entero a sus cultivos, y sobre todo “que no escatiman en gastos a la hora de fertilizar o hacer tratamientos”. Porque no es lo mismo poner un cultivo para apenas cumplir con las rotaciones que estar encima de él con todas las consecuencias: “En el caso de la colza está claro”.

En la zona de Peñafiel las colzas ofrecen rendimientos muy bajos. Para colmo de males, han debido competir con unas malas hierbas que han sobrevivido a los herbicidas. José de la Torre señala que algunos tratamientos no atacan a determinadas hierbas y que en otros casos no se han incorporado bien a la tierra, con lo que no han sido efectivos. “Es increíble lo que le ha costado crecer a la cebada y lo bien que lo han hecho las malas hierbas”, resume.

En la comarca de Toro la colza de secano se ha cosechado completamente, con un resultado desalentador: entre 500 y  800 kilos. Pero el panorama es completamente diferente en el regadío, según el agricultor Ricardo García, con algunas fincas en las que se ha cosechado 5.400 kilos. “Las medias en colza de regadío han sido impresionantes”, recalca.

Forrajes irregulares

El segundo corte en la alfalfa de secano no ha sido malo del todo, después de un primero que fue muy pobre con carácter general.

A las vezas tampoco les ha ido muy bien, aunque en el entorno de Aguilar de Campoo la destinada a forraje ha dado unos 3.500 kilos por hectárea, con lo que el agricultor está satisfecho. La lluvia llegó algo tarde, pero hubo margen para ayudar al crecimiento de la planta.

El cultivo ha dado resultados algo más pobres en la zona de Herrera de Pisuerga, donde se han obtenido unos 800 kilos de media. Y no es mal resultado teniendo en cuenta el año en el que nos encontramos, según Iban Díez, de Agropal.

En el valle del Esgueva tanto la veza para grano como el guisante han tenido un año desastroso, con una media que puede rondar los 500 kilos por hectárea. En algunos puntos el agricultor ha optado por arar la tierra sin llegar a segar el guisante.

Honorato Calleja, de la cooperativa Valle Esgueva, apunta que en la zona ha sido muy poca la vez que se ha destinado a forraje: la planta había crecido muy poco y se ha tenido que destinar a grano.

En Toro el guisante ha tenido un resultado lamentable. En su mayoría ni se ha cosechado y el que se ha animado a hacerlo ha obtenido unos resultados paupérrimos, como destaca Ricardo García. Por su parte, el guisante de regadío ha dado unos 2.500 kilos por hectárea, por debajo del rendimiento habitual.

Cara y cruz del girasol

El girasol ha florecido en gran parte de Castilla y León, y el resto lo va a hacer de forma escalonada. Fernando Miguel destaca el buen comportamiento del girasol de regadío en León y Benavente y pone el acento en aquellas parcelas en las que, más allá de los tópicos, se ha abonado esta oleaginosa. Esta buena situación hace que el cultivo “salve este año el resultado de muchas explotaciones”.

La otra cara de la moneda está en la Ribera del Duero vallisoletana, donde algunos girasoles ni siquiera han nacido y el agricultor ha cobrado el seguro de nascencia.

La remolacha, bien

Miguel Ángel Catalán, de Acor, apunta que el cultivo presenta buen estado, sin plagas o enfermedades reseñables. Como en otros cultivos de regadío, el único problema ha sido el calor, que ha detenido el crecimiento de la planta. Pero ahora el cultivo tiene margen de tiempo para crecer. El único problema es la gestión del agua: en un año normal la remolacha necesita entre 550 y 700 litros por metro cuadrado.

El viñedo resiste

Ningún viticultor sabe cómo va a terminar este año atípico. José Ignacio Marqués, director técnico de la DO Arlanza, destaca la incidencia de las heladas, que están condicionando las podas. nado la poda. “Los viticultores tendrán poca producción pero mucho trabajo en el viñedo”. Por supuesto no habrá que hacer aclareos porque hay menos racimos que otros años. El viñedo está bien de reservas de agua, gracias a los suelos arcillosos.

En la Ribera del Duero tampoco ha estrés hídrico, aunque podría llegar. Alberto Tobes, responsable Experimentación de la DO, apunta que las heladas han sido generalizadas, pero desiguales. “En algunas zonas muy castigadas el viñedo ha sido capaz de recuperarse; en otras no, y ahí se notará el descenso en la producción”, prevé. Con todo, la comarca ha salvado “bastante” las heladas porque es “tardía para todo, desde la brotación hasta la vendimia”, y los fríos se adelantaron incluso para el periodo de heladas.

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