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sábado, abril 1, 2023
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InicioRemolachaEl tratamiento fitosanitario en remolacha debe dirigirse a la prevención

El tratamiento fitosanitario en remolacha debe dirigirse a la prevención

La sanidad vegetal es la acción más importante para una buena producción remolachera. Los agricultores de Castilla y León dedicados a la raíz son algunos de los más tecnificados de los regantes. Es importante hacer una adecuada rotación de las parcelas dedicadas a este cultivo

Jesús Román, Delegado de Massó para el noroeste de España

La sanidad vegetal es la parte más importante en cualquier cultivo, sea remolacha o cualquier otro. Estamos ante una legislación con la que, hoy en día, es inviable prácticamente producir alimentos sin que vayan atendidos desde un punto de vista fitosanitario, con un rigor excelente. El punto fuerte de la producción vegetal pasa en un primer momento por una excelente sanidad vegetal en el cultivo.
El agricultor de remolacha es en la actualidad el más tecnificado dentro de los cultivos que tenemos en Castilla y León en los regadíos. Las producciones en este cultivo no se asemejan a ninguna otra fuera de España, son superiores. Esto nos indica la excelente labor que lleva a cabo el productor en la remolacha para alcanzar estas producciones.
Al agricultor más profesional, consciente de la necesidad de dar mayor valor añadido al cultivo, le caracterizan su dedicación y su entendimiento del cultivo. Es en los ámbitos que más se ha esforzado, con la ayuda de otros centros de investigación: es el caso de Aimcra, que han ayudado bastante a darle a este cultivo ese valor añadido en riquezas y producciones.
En cuanto a las enfermedades que más afectan a este cultivo cabe destacar que las que le han dañado un año sí y otro también siempre han sido la cercospora y el oídio principalmente. Otras están más controladas gracias a las de variedades de semillas resistentes a ciertas de ellas como rizomanía, rizoctonia y otras.
Por lo que se refiere a plagas cabría resaltar entre otras muchas -sin extendernos demasiado- la mosca, el gusano de alambre y el pulgón.

El oídio está extendido por toda la geografía española. Suele manifestarse a partir de primeros de julio en nuestra zona remolachera. Se aprecia en la superficie de las hojas con manchas algodonosas y de un color ceniza blanquecina.
Con condiciones meteorológicas favorables, se extiende esta enfermedad rápidamente por todo el cultivo. Humedad relativa por encima del 70% y temperatura de 21º. Para el oídio los azufres son fundamentalmente la materia activa más eficaz, así como otros productos sistémicos como miclobutaniles y más.
La cercospora aparece en el limbo de las hojas (pequeñas manchas, redondeadas de color marrón) con el desarrollo de la enfermedad. Estas manchas se extienden por toda la hoja, que acaba desecándose. Las condiciones más favorables para su aparición son una humedad relativa mayor del 80% y un período de incubación de según temperatura ambiente: 7 a 8 días a 28 grados y de dos semanas a 20 grados.
Contra la cercospora es recomendable el uso de fungicidas IBS (inhibidores de la biosíntesis de esteroles) a partir de las primeras manchas y productos a base de mancoceb. Siempre es beneficiosa la rotación en las parcelas.

Momento óptimo de aplicación
Como en cualquier otro cultivo y más en la remolacha, que como indicamos está tan estudiada y perfeccionada, la prevención es fundamental. Debemos adelantarnos en la medida de lo posible a la aparición de las enfermedades y a un ataque masivo de las plagas. En los primeros estadios es más eficaz cualquier tratamiento y, además, más rentable desde un punto de vista económico.
Puede ser uno de los factores más limitantes para la rentabilidad de la remolacha el ‘gasto de energía’. Aquí está el principal problema: los costes excesivos en agua y electricidad en general que hacen, en ciertas zonas, poco rentable este cultivo.
Se están perfeccionando los costes en el regadío, con riegos más modernizados y automatizados que en ciertos casos nos pueden ayudar a abaratar costes. Pero, en términos generales debería ser la industria eléctrica la que tendría que echar una mano para que estos gastos fueran menos gravosos para el sector agrícola.
Respecto a los tratamientos fitosanitarios, como cualquier otra sanidad que podamos hablar (como en la humana), debe estar enfocada hacia la prevención. En la medida de lo posible, los tratamiento hechos sin rigor tendrán que estar cada vez más alejados de las buenas prácticas agrícolas: una persona no puede ni debe tomar medicamentos sin prescripción facultativa En este caso debemos atenernos a las moléculas más adecuadas en cada momento y sin abusar, para no caer en las resistencias que nos puede generar una mala aplicación de los productos sanitarios, sea el campo que sea.
En lo concerniente al futuro del cultivo no hay que olvidar que estamos más en manos de terceros, tanto en el precio final del azúcar como en los gastos energéticos. De nosotros, en general empresas agrarias, agricultores…. no depende tanto esta cuestión. Por mucho que queramos o intentemos subir de nuevo la producción de este cultivo y volver a superficies de años anteriores estamos en manos de otros actores externos, que son los que permitirán o no que este cultivo tenga más o menos futuro en Castilla y León y en España en general.

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