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martes, junio 28, 2022
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«El regadío será fundamental si queremos garantizar la alimentación del futuro y luchar, desde el campo, contra el cambio climático y la despoblación rural»

Andrés del Campo. Presidente de Fenacore

Andrés del Campo tiene del ámbito rural y agrícola hasta el apellido. Es ingeniero agrónomo y agricultor, administrando explotaciones propias y de terceros, incluso en otros países.

En su Córdoba natal preside la Comunidad de Regantes del Pantano del Guadalmellato desde hace más de 30 años, fundó la Federación de Comunidades de Regantes del Guadalquivir Medio y la Asociación de Regantes de Tomas Directas, además de ser cofundador de la Federación de la Cuenca del Guadalquivir, posteriormente Feragua. Preside la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore) desde 1996, habiendo sido reelegido en junio de 2019 para otros cuatro años. También está al frente desde 2002 de la asociación internacional Euro-Mediterranean Irrigators Community (EIC), que agrupa a asociaciones de regantes de los países de Europa y norte de África y es vicepresidente de Irrigants d’Europe.

-¿Qué peso tiene el regadío en la agricultura española?

-En España, el regadío representa algo más del 15% de la superficie agraria útil, sin embargo aporta el 65% de la producción final agraria, ocupando una superficie total ligeramente superior a 3,7 millones de hectáreas. Con respecto a sus ventajas, produce hasta seis veces más que el secano. Es más, una hectárea de regadío intensivo puede producir el equivalente a 40 hectáreas de secano. Por lo tanto, es el garante del abastecimiento de alimentos de primera necesidad para una población mundial creciente.

En cuanto al peso en la economía española, la agricultura y la industria agroalimentaria representan más del 15% del PIB y dan empleo a más de un 4% de la población activa, sin contar los ocupados en el sector agroindustrial y de servicios agrarios. Es decir, sirve como motor para la creación de puestos de trabajo, especialmente, en las zonas rurales, como demuestran los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que revelan que 13 de las 15 provincias que más habitantes han perdido durante los diez últimos años son aquellas que menos superficie regada tienen.

De ahí, el efecto multiplicador y el retorno que tendría la inversión en infraestructuras hidráulicas para tener garantía de agua y poder regar, pese a que las previsiones sobre el desplome del PIB y la escalada del déficit y la deuda hacen prever nuevos recortes presupuestarios. Por ello, convendría acelerar las inversiones públicas ya previstas en infraestructuras hidráulicas, entre otras, para impulsar el retorno de la actividad económica de España.

-¿Es una actividad sostenible en lo medioambiental, sobre todo teniendo en cuenta que el cambio climático cada vez se deja notar más?

-Por supuesto que se trata de una actividad medioambientalmente sostenible, por mucho que algunas corrientes ecologistas quieran hacer ver lo contrario. De hecho, además de absorber CO2, el regadío aporta oxígeno a la atmósfera por la fotosíntesis de la cubierta vegetal y contribuye también a reducir la erosión y la desertización, mediante el mantenimiento de la capa vegetal en cultivos de riego eficiente, dos peligrosas consecuencias que se podrían acentuar por el cambio climático.

En este sentido, desde la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) proponemos un aumento de la regulación hídrica de hasta 16.000 hectómetros cúbicos para mitigar los efectos negativos del cambio climático.

En este contexto, urge poner en marcha un Plan Nacional de Infraestructuras Hídricas que siga la estela de los planes estatales de carreteras o de infraestructuras ferroviarias.

Por último, si los agricultores dejaran de cultivar los frutales, olivos, naranjos, viñas… y no cuidaran y protegieran los bosques y pastos de su propiedad, tales sumideros desaparecerían, lo que a la postre terminaría agravando los problemas medioambientales. Hoy absorben los cultivos que dependen de los agricultores europeos aproximadamente el 12% del CO2 que la industria emite.

-El regante castellanoleonés reclama a las administraciones mayor disponibilidad de agua ampliando la capacidad de embalse. En Fenacore también son partidarios…

-Los regantes siempre hemos defendido la construcción sostenible de obras de regulación (presas, embalses, trasvases…), sobre todo, para prevenir los efectos negativos de las lluvias torrenciales y convertirlas en recursos para las cuencas deficitarias. Unas consecuencias, las inundaciones y sequías, que se agravarán por culpa del cambio climático, a tenor de los últimos estudios publicados al respecto.

En España podría ampliarse en más de un 25% la regulación de nuestras cuencas hidrográficas, según documentación técnica existente.

-¿Puede darnos su opinión sobre el proceso de constitución de CUAS en Castilla y León, que lleva años de demora?

-Actualmente hay en proceso de constitución 40 CUAS en la demarcación del Duero. Unas 32-33 CUAS son las que van con los procedimientos más avanzados.

Uno de los problemas que están surgiendo es la dilatación en el tiempo por parte del organismo de cuenca al trasponer la legislación de aguas superficiales a subterráneas. También la aprobación de los estatutos de las CUAS.

Hasta el año pasado, la CHD ha estado sancionando a los agricultores por la rotación de cultivos de fincas en regadío a fincas en secano dentro de la misma explotación.

Y la intención es que antes de finalizar el año se haya constituido las CUAS.

Por otro lado, hay un gran problema entre los agricultores y la Confederación porque esta pretende reducir la concesión y dotación al 50%, llegando en algunos casos al 30% (reducción del 70% actual).

Por último, están también expectantes del resultado de los EpTIs y del futuro plan hidrológico, sobre todo en relación a la recuperación de costes.

-¿Qué pasa con las modernizaciones de los regadíos?

-La última edición de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos en España (Esyrce) señala que más del 76% de la superficie de riego existente en nuestro país, casi 3 millones de hectáreas, se encuentra modernizada.

Así, España tiene más de la mitad de su superficie regada, en concreto el 53% (más de 2 millones de hectáreas), dotada con sistemas de riego localizado, considerado el más eficiente. Un porcentaje que multiplica por nueve al que se registra a nivel mundial, donde apenas un 6% de los cultivos se riegan con este tipo de sistemas. Además, hay otro 25% de cultivos que usan el sistema, también modernizado, basado en la aspersión.

Sin embargo, aún hay casi un millón de hectáreas pendientes de modernizar, por lo que recientemente hemos enviado una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pidiéndole que incluya 5.200 millones de euros en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española; defendiendo la labor del regadío en la reconstrucción social y económica de España; y alegando que estas obras de modernización casan perfectamente con los objetivos marcados por las autoridades comunitarias para conceder los fondos europeos. Sobre todo, en torno a la lucha contra la contaminación y la despoblación de las zonas rurales.

Por ello, urge aprobar un Plan de Regadíos.

-¿El futuro de la agricultura pasa por el regadío?

-Sin lugar a dudas. El regadío produce hasta seis veces más que el secano. Es más, una hectárea de regadío intensivo puede producir el equivalente a 40 hectáreas de secano. Por lo tanto, es el garante del abastecimiento de alimentos de primera necesidad para una población mundial creciente. Si el incremento de la producción de alimentos a nivel mundial se hiciese a través de cultivos de secano, supondría una disminución de selvas y bosques, lo que desde el punto de vista medioambiental resultaría inadmisible.

Desde organismos internacionales, como la FAO, se advierte de que para alimentar a una población mundial que pasará desde los 7.500 millones de habitantes a los más de 9.500 millones en 2050, la producción de alimentos debería incrementarse en más de un 55% respecto a la actual.

-La factura eléctrica es uno de los grandes lastres para el agricultor. ¿Hay alguna solución a la vista?

-La factura eléctrica para los regantes podría encarecerse en algunos casos más de un 50% como consecuencia de la nueva metodología para calcular los peajes de transporte y distribución, lo que podría amenazar la supervivencia de los agricultores de este tipo de cultivos.

Esta subida encubierta de la factura eléctrica viene a agravar la situación que atraviesa el sector agrícola, asfixiado económicamente por las diferencias que existen entre los costes que soportan -actualizados a 2020- y los precios a los que venden sus productos -anclados en los años 80-.

En su lugar, debería haberse aceptado por parte del Gobierno la posibilidad de firmar dos contratos eléctricos al año para reducir los costes fijos (regulados), que representan más del 60% de la factura eléctrica para los agricultores, tal y como establece la Ley de la sequía de 2018, que contempla en sus disposiciones adicionales la posibilidad de modificar la potencia a lo largo de doce meses con el objetivo de aumentarla durante la época de máximo consumo y reducirla al mínimo para el resto del año, con el que simplemente mantener los equipos.

Las nuevas tarifas, en ocasiones, no tienen en cuenta las horas de mayor demanda de energía a nivel nacional para hacerlas coincidir con los periodos tarifarios más caros, desincentivando así el uso de energía en dichas horas, lo que hace pensar que el objetivo de esta medida es más recaudatorio que de eficiencia en el consumo.

Y es que con la nueva normativa se eliminan las tarifas de tres periodos, pasando todas a seis periodos; y se reducen de manera importante las horas P5 y P6 -las más baratas- en favor de las horas P1 a P4 -las más caras-. Esta situación obliga a contratar en los periodos más costosos, sobre todo en verano. De hecho, en agosto, cuando más se riega, no hay posibilidad de disfrutar de la tarifa más barata todo el día como hasta ahora.Riego agua

A fin de cuentas, estos cambios normativos frenarán la modernización de las 902.000 hectáreas aún pendientes, con sus consecuentes efectos para el menor ahorro de agua y la mayor contaminación. Unas secuelas que, a la postre, alejarán el cumplimiento de algunos de los compromisos que el Gobierno ha adquirido en materia agrícola y medioambiental, ya que la propia estructura horaria fijada para el verano dificulta enormemente la compatibilización con la energía fotovoltaica para autoconsumo, la más idónea en muchos casos para el regadío.

Por todo ello, no tiene ningún sentido que el premio al enorme esfuerzo que estamos haciendo por transformar los sistemas de riego, y que ha convertido España en un país de referencia, venga siendo desde hace años la escalada continuada de las tarifas eléctricas. Desde 2008 el recibo eléctrico ha subido más del 120%, principalmente debido a los costes fijos, puesto que el término de potencia se ha incrementado más de un 1.000%.

-¿Son conscientes las confederaciones hidrográficas de las necesidades del regante?

-A veces, y me sorprende, parece que no. Las medidas destinadas a la atención de las demandas de agua apenas han recibido un 19% de la inversión prevista en los planes hidrológicos, de manera que un porcentaje elevado de las obras de regulación y de infraestructuras hidráulicas de interés general no se han podido ejecutar, pese a haberse recogido en los sucesivos planes hidrológicos.

En concreto, los 25 Planes Hidrológicos revisados en el segundo ciclo (2015-2021) incluyen 11.224 medidas y una inversión prevista de 22.332 millones de euros. Pero según los últimos datos disponibles, hasta diciembre de 2018 únicamente se habían finalizado el 7% de las medidas, con una inversión ejecutada de 3.650 millones de euros, aproximadamente el 16%, cuando el periodo transcurrido superaba el ecuador temporal del plan.

Por ello, la planificación hidrológica carece de credibilidad al haberse incumplido por las sucesivas administraciones, durante varias legislaturas, los acuerdos alcanzados con el regadío.

Sin embargo, pese a la falta de inversión en regadíos por parte de las Confederaciones Hidrográficas, los organismos de cuenca ingresan directamente de los regantes alrededor de 100 millones de euros de tarifas y cánones todos los años.

-¿Cómo es el regante ideal de dentro de diez años? ¿Estará la rentabilidad asegurada para el productor?

-El regante ideal dentro de diez años podría ser el que riega y fertiliza desde su teléfono móvil haciendo un uso óptimo de todos los inputs. Aunque en algunas zonas regables de España ya es una realidad, lo ideal sería que se extendiera a todo el regadío nacional. Por otro lado, haciendo un ejercicio de prospectiva, un regante ideal en diez años sería también el que usa con total conocimiento el ‘big data’, la agricultura de precisión, la robótica, los drones…

Con relación a la rentabilidad, lamentablemente mirando al presente y al pasado, la rentabilidad nunca ha estado asegurada. Precisamente por eso se estableció la Política Agraria Común (PAC), como un mecanismo que entre otros sirviera para garantizar la rentabilidad de la agricultura y la protección del consumidor con alimentos sanos y seguros.

Pero lo que está claro es que si queremos garantizar la alimentación del futuro y luchar, desde el campo, contra el cambio climático y la despoblación rural; el regadío será fundamental. Por lo que ya es hora que los asuntos del agua recuperen su protagonismo en la agenda política y sean tratados como una cuestión de Estado.

-¿Hacia dónde evoluciona el regadío? ¿Habrá nuevos sistemas de riego a corto plazo? ¿Y otros cultivos en diferentes comarcas?

-El regadío, como cualquier otro sector, evoluciona y continúa haciéndolo a lo largo del tiempo. La evolución es a sistemas de riego más tecnificados, que precisan menos cantidad de agua para producir los cultivos, optimizando el uso, reduciendo los retornos… Con relación a los cultivos, los agricultores también evolucionan y se adaptan, con cultivos nuevos que demanda el mercado, con cultivos que ofrecen variedades más resistentes a sequías y enfermedades, con cultivos cada vez más ecológicos…

Por otra parte, ante la población mundial creciente, la realidad es que cada año hay menos tierra y menos agua per cápita en el mundo. Y ha de incrementarse la producción de alimentos. Si se hiciese en base a cultivos de secano, como algún partido político erróneamente pregona, se agravaría el daño medioambiental. La solución para este reto que tiene la agricultura mundial ha de estar basada en el regadío tecnificado y la biotecnología porque ocupando menos tierra y con cultivos menos exigentes de agua y fitosanitarios se podrá producir más y mejor, disminuyendo también la contaminación. Por lo que animo a los agricultores, porque la solución a estos desafíos alimentarios está en nuestras manos, siempre que haya una política agraria adecuada para que la agricultura sea sostenible y podamos vivir honestamente de esta actividad.

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