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martes, junio 28, 2022
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Atender a las necesidades del cultivo para gestionar bien el agua

Las necesidades de la colza y el trigo de regadío rondan los 250-300 litros por metro cuadrado. La remolacha aumenta la demanda de agua a medida que se produce su
desarrollo radicular y foliar. El girasol puede triplicar su producción en regadío
El verano es una estación muy delicada para los cultivos de regadío, que requieren agua disponible a lo largo de todo su ciclo. Es conveniente repasar algunas de las claves para gestionar de forma adecuada este recurso escaso, sobre todo desde el punto de vista de las necesidades de las plantas; es el caso de los consejos ofrecidos desde el departamente Agronómico y de Cultivos de Acor para los principales cultivos de la rotación de sus socios.

Mantener la humedad necesaria para el trigo

Las necesidades hídricas del cultivo son de 250 a 300 litros por metro cuadrado, debiéndose aplicar los riegos de tal forma que el cultivo disponga de agua durante todo su ciclo, pero sobre todo hay que mantener el grado de humedad adecuado; especialmente desde el inicio del encañado hasta el estado de grano pastoso, debiéndose tener un particular cuidado en el momento de aplicar la segunda cobertera nitrogenada, tras la cual necesariamente hay que aportar agua para incorporar el abono.

Desde el espigado hasta el inicio de llenado del grano conviene evitar regar en días de fuerte viento para disminuir el riesgo de encamado. Se aconseja que los riegos sean frecuentes y no excesivamente copiosos.

El trigo deja de regarse a partir del momento en que el cuello de la espiga cambia de color verde a amarillo. Los riegos aplicados con posterioridad a este estado no aumentan el rendimiento, e incluso pueden producir el encamado así como disminuir la calidad de la cosecha, al facilitar estos riegos tardíos la proliferación de hongos patógenos en la espiga y el grano.

Aumentar el rendimiento del girasol

A pesar de ser este un cultivo que tolera mejor que otros la sequía, el girasol puede llegar a consumir elevadas cantidades de agua. Eso sí, su respuesta al riego es menor que la de otros cultivos.

En todo caso es interesante el suministro de riego, ya que nos permite aumentar notablemente la producción, de modo que se puede doblar o incluso triplicar los rendimientos que se obtendrían en el cultivo de secano, donde el agua es un factor limitante.

Las necesidades hídricas del girasol son de 150 a 250 litros por metro cuadrado, existiendo unos momentos en los que la falta de humedad provocará una merma considerable en la producción final. De ahí la conveniencia de regar.

Para próximas campañas es interesante prestar atención a un detalle: los riegos de nascencia, en ocasiones, pueden resultar perjudiciales, ya que pueden producir una compactación de la superficie del terreno que dificultará la emergencia de las plántulas. En estos casos, y si en el momento de la siembra, no hay suficiente humedad en el suelo, y tampoco hay previsión de que se vayan a producir precipitaciones, conviene aplicar un riego abundante previo a la siembra, y cuando el terreno esté en condiciones óptimas realizar la labor de siembra.

El periodo comprendido entre el estado de botón floral y el llenado del grano es el de mayor consumo de agua por parte del girasol, pero también cuando se produce mayor respuesta al riego. Las etapas en las que son fundamentales las aplicaciones de riego evitando estrés hídrico del cultivo son la formación del botón floral, el inicio de la floración y el final de floración.

De esta manera se consigue un mayor número de flores por capítulo y que un mayor número de estas acabe siendo fértil.

Se debe tener en cuenta que no es conveniente efectuar riegos en plena floración, sobre todo si es con aspersión, ya que puede provocar problemas de lavado de polen. El momento adecuado para el suministro de agua es en torno a 10-15 días antes de la floración.

Por último, una vez que se ha producido la fecundación de las flores es fundamental el suministro de agua para que se pueda completar de manera correcta el llenado de las pipas y su maduración, con el objetivo de mejorar el rendimiento y el contenido graso.

El número de riegos y la cantidad de agua dependerán en cada caso de la textura del suelo y de las características de la parcela. Al igual que en los otros cultivos, son más recomendables los riegos frecuentes y no demasiado copiosos, si bien el girasol, por su particular sistema radicular, que le permite extraer el agua de zonas más profundas, hace factible que la dosis aplicada en cada riego pueda ser más abundante que en el resto de cultivos.

En remolacha, en función del tipo de suelo

Las siembras de remolacha se han retrasado este año hasta el extremo de iniciar el proceso entrado el mes de junio. No está de más recordar, por tanto, la necesidad de realizar unos primeros riegos de nascencia, que son vitales para la planta.

Una vez implantado el cultivo se suspenden los riegos durante algún tiempo, ya que tras el nacimiento la planta no requiere disponer de agua en exceso; le será suficiente durante las primeras semanas con el agua que se ha aportado durante el nacimiento o con las posibles precipitaciones que puedan caer en la primavera. No obstante, cuando haya primaveras secas debemos estar pendientes para no retrasar demasiado el inicio de los primeros riegos de campaña, puesto que ello va a incidir negativamente en el cultivo. En estos primeros riegos generalmente se aportan unos 12 a 15 litros por metro cuadrado y se espacian de forma que el terreno disponga de la suficiente humedad, pero sin excederse.

En el momento en que empiecen a subir las temperaturas y el desarrollo foliar y radicular de la planta haya aumentado, habrá que ir incrementando progresivamente la dosis y la frecuencia de los riegos, las cuales dependerán de diferentes factores.

El manejo del riego durante la campaña vendrá determinado por el tipo de suelo de la parcela: en terrenos ligeros con poca capacidad de retención conviene aportar el agua en dosis reducidas y frecuentes (dos o tres riegos de 15 a 20 litros por metro cuadrado), mientras que en los suelos más fuertes se pueden dar riegos más abundantes y con menos frecuencia.

En terrenos con fuerte desnivel, a veces puede ocurrir que parte del agua aplicada no se filtre y escurra hacia las zonas bajas de la parcela. Esto suele suceder sobre todo cuando ha habido una compactación del terreno debida a la caída de una fuerte tormenta, o por el paso de la maquinaria para distribuir el abono o aplicar los diferentes tratamientos al cultivo.

Si se diera esta circunstancia, es aconsejable dar una labor para eliminar esta compactación y así facilitar que el agua filtre en el suelo, como recuerdan desde el servicio Agronómico y de Cultivos de Acor . Además de adoptar esta medida, en este tipo de parcelas conviene ajustar la dosis de riego, para evitar que el agua que no es capaz de retener el terreno escurra y termine encharcando zonas que pueden verse afectadas por un exceso de humedad, que podría propiciar el desarrollo de enfermedades (rhizoctonia, etc.) que ocasionan problemas al cultivo y la consiguiente pérdida de producción.

Regar en las horas menos calurosas del día

Es aconsejable aportar los riegos en las horas menos calurosas del día. Si es posible conviene regar por la noche, ya que de esta forma evitaremos que buena parte del agua se evapore con las altas temperaturas diurnas. Además, por la noche el viento suele tener una menor incidencia, por lo que el reparto del agua en la parcela se hará con una mayor uniformidad.

El aporte hídrico necesario para satisfacer las necesidades de agua de la remolacha en Castilla y León son como término medio entre 550 y 750 litros por metro cuadrado, cantidad que varía en función de la zona de cultivo y las características del terreno. A dicha cantidad habría que descontar las posibles precipitaciones que puedan caer durante la época de riego.

Para optimizar al máximo el agua aplicada, conviene revisar regularmente los aspersores para comprobar que no están obstruidos y funcionan correctamente. Además, debemos asegurarnos de que la instalación está trabajando a la presión adecuada, ya que si se trabaja con menos presión de la requerida el reparto del agua puede ser poco uniforme. Por el contrario, si empleamos una presión demasiado elevada la gota que sale del aspersor tendrá un menor tamaño y estará más expuesta al efecto del viento, además de estar consumiendo más energía de la necesaria.

En pleno verano es frecuente observar que desde el mediodía hasta el atardecer las hojas de la remolacha pierden turgencia y tienden a languidecer, llegando incluso a caer al suelo aquellas que se encuentran más próximas a este. En la medida de lo posible debemos evitar que esto suceda, ya que si se produce con mucha frecuencia se pueden dañar estas hojas por efecto de las quemaduras provocadas por el sol, llegando incluso a perderse y ocasionando a la planta un gasto de las reservas acumuladas para reemplazar esas hojas muertas.

En la mayor parte de los casos, el riego supone una parte importante de los gastos del cultivo. Por ello se requiere una atención adecuada por parte del agricultor, ya que en buena medida la obtención de una buena producción va íntimamente ligada al manejo que se haga de este recurso. Actualmente el agricultor dispone de herramientas, como por ejemplo la web de Inforiego de la Junta, que, empleando el ordenador o el teléfono móvil, le permiten conocer la dosis de agua que el cultivo necesita durante todo su ciclo.

La colza necesita tanta agua como el cereal

El cultivo habrá llegado hasta aquí en buen estado si se realizaron los preceptivos riegos que facilitaran la germinación de la semilla. También si, mediante agua, se evitó el estrés hídrico durante la floración y el cuajado del fruto; son más eficientes los riegos realizados durante la maduración del cultivo, pues nos van a permitir mejorar notablemente los rendimientos, según Acor.

En líneas generales, en el cultivo de la colza se debe aplicar una cantidad de agua similar a la de un cereal. Se recomienda iniciar los riegos en el mes de abril, cuando el cultivo ha iniciado la floración, administrando un riego semanal de al menos 15 litros por metro cuadrado. El final de los riegos dependerá de las condiciones meteorológicas que se hayan producido en primavera.

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