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sábado, junio 25, 2022
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“El precio que ofrece la cooperativa CAR beneficia al agricultor”

CAR ha cumplido 108 años de vida convertida en un referente de la mayor zona productora de la provincia de Palencia. Su complicidad con el territorio se afianzó al abarcar al sector ganadero, que hoy supone un tercio de su actividad

 

La mejor manera de vender la producción es confiar en la cooperativa, que es quien conoce la evolución del mercado y quien sabe cuál es el mejor momento para vender”. Así lo señala Julio César Bustamante, socio de la Cooperativa Agrícola Regional (CAR), un gigante cerealista fundado en Carrión de los Condes hace 108 años. Biólogo de formación, la carrera profesional de Julio César ha desembocado en la agricultura. Su mejor destino profesional, según confiesa, pero al que no podría concebir fuera de los márgenes del cooperativismo.

Es lo que lleva en el ADN este nieto de Raimundo Bustamante, un histórico de la sociedad. Y es que “el productor que va por su cuenta no sabe cómo va a vender, mientras que el precio que ofrece la cooperativa beneficia al agricultor cuando lo analizas en un periodo amplio”, recalca.

 

Implicación con el territorio

CAR tiene mucha historia, pero sobre todo implicación en el territorio. Juntos han vivido los avatares de más de un siglo y especialmente la revolución de los años 80, con la entrada en las instituciones comunitarias y el final de la regulación en los mercados.

Tomás Rodríguez trabaja en la cooperativa desde 1985 y es su gerente desde el año 2000. Destaca la fidelización del socio como la fórmula para haber llegado hasta aquí, con más de 20 millones de euros de facturación y una actividad diversificada entre la agricultura y la alimentación animal, sobre todo de los ganados ovino y bovino. La mitad de la plantilla está formada por profesionales con titulación universitaria.

La cooperativa comercializa la producción de sus socios. Cuenta con una planta de elaboración de abonos compuestos, además de comercializar los complejos y nitrogenados. También presta el servicio de aplicación de fitosanitarios, abonos líquidos y producción de semilla certificada.

Completan las líneas maestras de su actividad la venta de gasóleo (que supera el millón de euros) y los diversos servicios administrativos, incluida la gestión de seguros.

El año pasado facturó 9,5 millones de euros por la venta de la producción de sus socios. La mayor parte de esa cantidad corresponde a cereales, aunque también vende maíz, oleaginosas, proteaginosas y leguminosas. Los forrajes supusieron una facturación de más de 1,4 millones de euros. Por su parte, la venta de fertilizantes alcanzó los 3,5 millones de euros.

Para Tomás Rodríguez el socio “cuenta mucho” en el día a día de la cooperativa, pues esta debe tener una parte técnica, “pero siempre se debe contar con la parte social”. “Hay que escuchar al socio y luego tener visión empresarial. Porque empleamos todas las herramientas profesionales y empresariales”, subraya el gerente, para quien “somos cooperativa hasta el último socio, pero a partir de ahí somos empresa pura y dura, competitiva y todo lo peleona que haga falta”.

Abrir el abanico a nuevas actividades

La reinversión ha crecido a un ritmo anual de 600.000 euros desde la década de los 80. Siempre dirigida a ampliar la cartera de servicios que se prestan al socio, lo que lleva a adentrarse en nuevas actividades. Como ha sucedido al abarcar todo el proceso de la ganadería. También en la capacidad de almacenamiento de cereal, en relación con la venta de gasóleo, con las semillas…

La ganadería supone un tercio de la facturación, aunque se trata del pilar de actividad que más está creciendo. Y con mayor relevo generacional. El año pasado las ventas de productos ganaderos superó los tres millones de euros.

Una historia de éxito que para Rodríguez “demuestra que la cooperativa es el mejor sistema empresarial; el que logra mayor complicidad con el productor y el que mejor aguanta las crisis”, como recalca el gerente.

La suya es una percepción a contracorriente de las ideas preconcebidas que aún se mantienen en determinados ámbitos. Y es que hace no mucho las cooperativas “eran el hermano pobre del sector, pero hoy tienen la mejor infraestructura; entre todos hemos mejorado sus funciones”.

Con vistas al futuro “debemos trabajar por situarnos por encima de otros agentes que trabajan en el sector, lo que va a resultar clave para mejorar la percepción que el socio tiene de la cooperativa”, advierte. Porque el agricultor sabe que cuando va a la cooperativa “va a su propia empresa” y que el precio que recibe por su producción “es el mejor que se ha podido conseguir”. De ahí la necesidad de estar en un continuo proceso de renovación y mejora, “para ser punta de lanza del sector”.

Esa es la filosofía que ha llevado a CAR a establecer diferentes alianzas. Con el grupo AN vende semillas, fitosanitarios y carburantes. Lo mismo hace con los fertilizantes a través de Coopcyl.

“Nos unimos porque tenemos intereses comunes, pero sin duplicar esfuerzos: eso iría contra el socio y contra la cooperativa”, recalca.

 

 

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