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martes, septiembre 27, 2022
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El sector agroalimentario aplaude el fin de los aranceles hacia EEUU

Industria y consejos reguladores piden unas relaciones internacionales basadas en el respeto a las normas y que los conflictos no se resuelvan atacando a sectores ajenos al motivo de disputa

Las últimas semanas han visto caer otra torre de la era Trump. A partir de ahora los productores españoles podrán vender en EEUU sin un gravamen del 25%, una barrera establecida por el expresidente norteamericano para perjudicar a determinados países como consecuencia de un conflicto ajeno al sector: la disputa con fabricante aeronáutico europeo Airbus.

La barrera arancelaria no afectaba a aquellos vinos por encima de los 14 grados de alcohol, por lo que apenas afectó a la DO Ribera del Duero. Pese a ello, el miembro del Consejo Regulador Carlos Villar saluda el final de los aranceles como “una noticia muy positiva” para el conjunto del sector, “ya que nos acerca a un mercado más libre, que es lo que necesitamos”.

La otra gran zona exportadora, la DO Rueda, sí ha pasado apuros durante este tiempo, con algunas bodegas que han desistido y han dejado de pelear en EEUU. Santiago Mora, director general de la DO, lee la noticia con optimismo y confía en que la suspensión de los aranceles por cinco años “nos permita consolidarnos” en el mercado norteamericano.

Durante el tiempo en que ha existido la barrera las bodegas han debido alcanzar acuerdos con la distribución para repartir ese margen comercial que se perdía por culpa de los aranceles, mientras elaboradores de Italia, Nueva Zelanda o Chile, por ejemplo, seguían exportando con normalidad a EEUU y creciendo “desde una posición de privilegio”.

No se puede perder de vista que EEUU es el principal mercado importador de vinos de todo el mundo, con todas las zonas productoras de todos los países luchando por repartirse ese mercado.

Como resultado del conflicto comercial, las ventas de la DO Rueda han caído un 30% en el país de Trump, ahora de Biden, y las ventas han tenido márgenes mucho menores.

La importancia del mercado anglosajón

No es de extrañar que los productores de vino se hayan visto afectados por los grandes terremotos políticos de los últimos años, protagonizados por la guerra comercial iniciada por Donald Trump y por el Brexit, que levantó una nueva barrera con Gran Bretaña.

Santiago Mora recuerda que ambos mercados suponen el 30% de las exportaciones mundiales de vino. EEUU no produce suficiente vino como para atender su demanda interna (el consumo se concentra fundamentalmente en las grandes áreas urbanas y en todo el noreste del país.) y el Reino Unido no figura entre los países productores.

Los ciudadanos del país norteamericano consumen de media 12,4 litros de vino al año, repartido a partes iguales entre tintos y blancos. En el Reino Unido, a pesar de la extendida imagen de los británicos disfrutando de una pinta de cerveza, el consumo de vino es de 22,7 litros por persona y año: no muy por debajo de la media española, situada en 24 litros.

El 30% del vino consumido en España es blanco, el 43% en el caso de los británicos.

Un mundo mejor

Pedro Ruiz Aragoneses, presidente de Vitartis, considera una buena noticia la suspensión de los aranceles durante cinco años, “que forma parte de los pasos que debemos dar todos para caminar hacia un mundo mejor, con mejores productos y servicios a disposición del ciudadano y también con una economía más sostenible”.

Ese tipo de barreras dificultan las relaciones económicas, pero también las políticas y humanas. “Y no solo perjudican a las empresas, sino al propio consumidor”, recalca.

Las exportaciones de Castilla y León han caído el 14,5% en el último año, aunque las realizadas por el sector agroalimentario han subido un 5%, lo que significa que “estamos haciendo bien las cosas”. Esas cifras no pueden ocultar que las ventas del sector a EEUU cayeron el 8,8% en el mismo periodo, un comportamiento que se puede atribuir a la barrera de los aranceles. En todo caso, “la lectura positiva es que si crecen nuestras exportaciones a pesar de la situación con el mercado de EEUU es que nuestras ventas se han multiplicado en otros mercados”.

A partir de ahora el reto será, además de recuperar el terreno perdido en Norteamérica, modificar las estructuras para contar con un sector exterior menos atomizado, en el que hay muchas pequeñas empresas peleando en el exterior.

Ruiz apela a la responsabilidad de todos, cada uno en su posición, para “resolver los conflictos de la mejor manera posible” y que una “rabieta” no perjudique al conjunto de un sector por algo que le es ajeno. “Lo que necesitamos es seguridad en nuestros mercados y que de verdad estemos ante los ‘locos años 20’, como prevén algunos”, remacha.


Texto: Ricardo Ortega

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