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lunes, junio 27, 2022
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Elegir la simiente más saludable

El uso de semilla certificada asegura la producción y garantiza que la cosecha resiste mejor ataques de enfermedades y plagas

La industria trabaja desde hace 70 años

No se debe empezar la casa por el tejado. La expresión popular es tan gráfica que resulta fácil entender su significado. Y en la actividad agrícola sigue teniendo plena vigencia el sentido de que hay que empezar por el principio y hacer todo como se debe hasta una correcta finalización. Sobre todo respecto a la siembra para obtener buena cosecha. La elección de la variedad adecuada garantiza gran parte de los resultados y evita muchos quebraderos de cabeza y gastos innecesarios.

Emplear semilla certificada es el mejor material para que los cimientos de la casa sean firmes y seguros. Además de en la producción resulta determinante para garantizar la mejor sanidad vegetal posible en el cereal ante los ataques por enfermedades y plagas.

Desde la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove) indican que hace aproximadamente 70 años nació una industria profesional de obtención de nuevas variedades vegetales, basada ya durante la última década en el uso de las herramientas más modernas, como la ingeniera genética. Uno de los principales objetivos ha sido “el desarrollo de nuevas variedades vegetales resistentes a las enfermedades y plagas que más incidencia y pérdidas económicas causan a los cultivos, logrando una protección más eficaz de las cosechas”..

Éxito asegurado

Obtienen nuevas variedades mejoradas, con tolerancias y resistencias genéticas a ciertas enfermedades provocadas por agentes patógenos, resistencia frente al ataque de plagas, así como reforzadas contra otros accidentes típicos como el encamado y el asurado de los cereales, entre otros fenómenos que producen grandes mermas en las producciones en España.

El material vegetal utilizado para la siembra es uno de los factores de producción más importante en el éxito económico de la actividad agraria y una de las primeras decisiones que ha de adoptar el agricultor cada año. “La semilla certificada es un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional”, destacan desde Anove. La calidad está garantizada por el doble control de por la empresa productora y del organismo oficial responsable.

Además de certificar al agricultor los parámetros de calidad, garantiza que el material de reproducción corresponde con un material sano, libre de enfermedades trasmisibles por la semilla, y que a su vez cuenta con los mejores tratamientos físicos y químicos para obtener una óptima germinación en campo, una exitosa implantación del cultivo y un correcto desarrollo fisiológico de las plántulas.

Es muy importante tener en consideración que las enfermedades que actualmente inciden sobre los cultivos de cereal se corresponden con agentes patógenos, que son organizamos vivos, principalmente hongos y virus. Seleccionar para la siembra las variedades vegetales que presenten las mejores resistencias o tolerancias a la especie patógena que más incida en el área geográfica donde se vaya a implantar el cultivo es de gran importancia para el agricultor.

La lucha contra enfermedades virales como el virus del enanismo amarillo y virus del estriado, no pueden apoyarse en tratamientos químico concretos porque no existen. Solo cabe la utilización de material vegetal de siembra sano y adecuadas prácticas de cultivo.

“Nuestro consejo siempre es la utilización certificada, como primer requisito para obtener una producción rentable y una cosecha sana. Es el único material para la siembra que garantiza que se encuentra libre de enfermedades y con los tratamientos químicos adecuados para protegerla una vez en el terreno del ataque de agentes patógenos”, insisten.

Resistentes y tolerantes

Al introducir nuevas resistencias, el objetivo es siempre conservar la mejor productividad y la mejor calidad. A corto plazo, cuando aparecen nuevos patógenos, a veces hay que recurrir a las variedades resistentes disponibles, que en ocasiones no son las mejores en producción o calidad.

La obtención de variedades requiere una inversión importante en tiempo, que se está acortando. En los últimos años se han logrado nuevas genéticas mejoradas que han aportado al sector agrícola variedades con resistencias a la roya de la hoja -que causó graves epidemias en 2003 y 2004- a la roya amarilla, al oídio y tolerantes a septoria y a mayetiola.

Con la utilización de las nuevas variedades, más productivas, la rentabilidad de las explotaciones agrarias aumenta. Supone también ahorro en el tiempo del agricultor, que prescinde de algunas labores agrícolas como la aplicación de tratamientos pesticidas y fungicidas. Se reduce además “la emisión de gases nocivos al medio ambiente, contribuyendo directamente a la sostenibilidad de la actividad agraria, la protección del medio natural y a la mayor productividad de las explotaciones, favoreciendo de este modo el desarrollo de la economía agraria”.

Más de diez años

Las nuevas variedades deben pasar por unos exámenes técnicos oficiales para cumplir requisitos de homogeneidad, estabilidad en el tiempo y aportación de un mejor valor agronómico y de utilización respecto a las variedades ya existentes.

Para obtener variedades resistentes o tolerantes a determinadas enfermedades, se exige identificar los patógenos presentes en cada zona, caracterizar los genes de resistencia disponibles para cada una de las razas presentes y diseñar un plan de cruzamientos para incorporar las resistencias genéticas a las variedades de mayor productividad y calidad.

“El trabajo de seleccionar nuevas variedades dura más diez años de trabajo”, aseguran desde Anove. En el primer año de trabajo se analizan unas 1.000 líneas descendientes de cruzamientos y en el segundo año 20.000, y tras 10 años de trabajo como mucho se obtiene una variedad.

“La mejora es un trabajo muy laborioso, y cada vez más complejo debido a la solicitud por los agricultores de mejores variedades. Obliga al obtentor a aumentar su inversión año tras año. De media, el coste por la obtención de variedades se estima en un millón de euros por variedad”, desvelan.

Fotografía: Campo de cereal. Autor: Anove

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