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sábado, enero 28, 2023
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La inestabilidad meteorológica obliga a laborear con muchas prisas

Los agricultores se ven abocados a aprovechar las ventanas de buen tiempo, entre unas jornadas de lluvia y otras, para aplicar herbicidas y fertilizantes. El cereal necesita abono y eliminar la competencia de las malas hierbas, pero presenta buen aspecto
Ahora llueve. Ahora no, pero las previsiones pronostican agua en unos días. Así es la tónica de las últimas semanas. Y parece que también de las próximas. Mientras, el cereal sigue clamando por nutrientes con los que seguir creciendo y porque le quiten la competencia de las malas hierbas. Unos campos que, a pesar de todo y con carácter general, presentan bastante mejor aspecto de lo que se pudiera pensar. Todo depende de que a partir de ahora se puedan hacer las labores necesarias. La pelota, una vez más, está en el tejado del tiempo atmosférico.

Durante unos días dejó de llover, regresaron las heladas y se redujeron los problemas por encharcamientos. “Es lo que hacía falta”, resume José María Santos, de Urcacyl. “Ahora tiene que reaccionar bien el cultivo”, apostilla en referencia a los trabajos de fertilización y control de hierbas no deseadas que se han podido hacer en las últimas fechas.

A medio plazo la pega es que los trigos y cebadas van con adelanto. La amenza de las heladas tardías está latente. Y esta vez no hace falta que, para perjudicar la cosecha, lleguen a finales de abril; en un mes pueden resultar fatales, tal como explica Santos.

Lo que no ha mejorado es el precio del grano, que continúa a la baja y sin previsión de que suba en breve. “Aún hay mucho cereal en los almacenes. Si viene una buena cosecha puede que incluso haya problemas para almacenarla por falta de espacio”, advierte el experto de Urcacyl.

Los cereales leoneses, como no podía ser de otra manera, están acusando las carencias de abono. “Les falta la comida”, explica de la manera más fácil de entender Luis de Juan, ingeniero agrónomo de Leonesa Astur de Piensos (LESA). Muchas tierras siguen muy encharcadas, de manera que aún es imposible entrar a fertilizar. El cereal de invierno no ha podido tomar los microelementos que necesita. Y presenta claros síntomas de asfixia radicular.

A pesar de todo “no está muy malo” según la percepción del técnico. De Juan confía en que en el momento que seque el terreno y suban las temperaturas, una vez fertilizado, se recupere el cultivo. Sí puede tener alguna consecuencia el enraizamiento deficiente. Si la primavera o el verano son poco húmedos la planta puede tener dificultades para acceder a las reservas de agua en los secanos.

Los agricultores de León, como los del resto de la comunidad, no quitan la vista de las previsiones meteorológicas. En mente tienen las siembras de primavera, como es el caso del trigo fuerza. Las lluvias les han impedido completar la sementera invernal tal como la tenían prevista, así que tendrán que cambiar de estrategia sobre la marcha. Es probable que en el regadío haya más maíz del que habían planificado y que el girasol -pocas alternativas más les van a quedar- gane superficie. El 30% del maíz de la provincia está todavía sin cosechar, y las perspectivas no son muy buenas a este respecto.

También los forrajes, tal como apunta De Juan, se perfilan cada vez como una opción que gana puestos en las preferencias de los productores. En el entorno de Villalpando (Zamora) crece un año tras otro el número de parcelas dedicadas a pradera y alfalfas.

Por Zamora, en el terreno que controla Cobadu, el ir y venir de tractores por las tierras ha sido constante. Como cuando las hormigas se afanan en llenar el granero. Puede que hasta demasiada actividad. “Algunos se están precipitando y dejan roderas en la finca”, se lamenta José Crespo, técnico de Campo de la cooperativa.

Las prisas son muy malas consejeras, y es el terreno el que paga la factura del ansia de unos agricultores impacientes por atender las necesidades del cultivo.

“Se lo repito constantemente; que primero hay que echar el herbicida, pero hay algunos que insisten en abonar por si llueve de nuevo. El problema es que si fertilizas y luego el tiempo no te deja entrar a tirar el herbicida tienes un problema añadido”, narra Crespo, impotente para imponer sus razonados argumentos.
Es la presión del amarillo que exhiben muchos campos. Sobre todo los de las tierras más flojas, en las que la gran cantidad de agua caída ha lavado el fertilizante suministrado ya hace demasiado tiempo. Además, en las zonas que llevan semanas encharcadas se ha perdido el cereal.

En el mismo territorio, las colzas han aguantado mejor el tipo. Sin que eso signifique les vaya bien el exceso de agua. Ahora están entrando los agricultores a echar los nitrogenados que ya debían estar en el terreno hace tiempo.

Por el sur de Valladolid también ha habido mucho trajín. “Hay tanta gente en el campo que parece una ciudad”, decía el miércoles pasado el presidente de la cooperativa Cocetra, Armando Caballero. Están fertilizando a toda máquina. El cereal está bien, con la salvedad de los cuatro sitios más húmedos”.
En Salamanca el campo presenta muy buen aspecto. “Quizá demasiado adelantado, según comentan los propios agricultores”, matiza José Antonio Marcos, responsable del departamento agrícola de Campal. Ahora lo que hace falta es que no llueva y sequen las tierras, que mejore el suelo y se oxigene la raíz. Y a renglón seguido abonar, y tratar contra malas hierbas y enfermedades si es necesario.

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