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miércoles, febrero 1, 2023
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Menos gasto, más rentabilidad

Una máquina de siembra directa trabaja sobre suelo sin ninguna labor previa, esté seco o con distintos grados de humedad. El mantenimiento de la capa vegetal
permite economizar en fertilización. La rotación facilita el control de malas hierbas

Foto: Leguminosas en siembra directa sobre rastrojo de cereal

Los sistemas de siembra directa, que son dominantes en las grandes extensiones agrícolas del hemisferio sur, tienen también cada vez mayor aceptación entre los agricultores castellanoleoneses. El ahorro en los gastos derivados del laboreo, la conservación del suelo, y una rentabilidad satisfactoria son, entre otros, los argumentos que esgrimen los defensores de estas técnicas.

Una máquina de siembra directa es la que puede trabajar sobre suelo sin ningún tipo de labor previa, esté seco o con diferentes grados de humedad. Para ello emplea básicamente dos sistemas: una reja o varios discos. Incluso hay ya algún modelo que combina ambos sistemas, según señala el secretario de la Asociación Vallisoletana de Agricultura de Conservación (AVAC), Carlos Garrachón.

“Una sembradora para no laboreo necesita ser diseñada específicamente para cumplir su misión con éxito. Al permanecer sin labrar, el estado físico del suelo genera unas demandas diferentes en las máquinas para la correcta colocación de las semillas, sobre lo que también va a influir el tipo de rastrojo con el que nos encontremos”, abunda José María Velasco de la Asociación Burgalesa de Laboreo de Conservación (Abulac).

Para que la reja o disco puedan actuar sobre el suelo sin labrar es necesario aplicar una gran presión graduable del orden de 60 a 260 kilos por elemento o cuerpo sembrador.

De este modo, una sembradora directa de seis metros de ancho puede pesar de tres a ocho toneladas. Actuar con este peso sobre el suelo requiere por tanto una gran calidad de componentes y una enorme robustez estructural, advierte Carlos Garrachón.

Puesto que la siembra requiere trabajar sobre cubiertas de restos de cosechas anteriores, además de presión sobre el suelo, es necesario separar las líneas de siembra más de lo habitual; desde los 18 centímetros hasta un máximo de 28 centímetros, sin penalización en la productividad por ello. Estas distancias se reparten en tres o cuatro filas, consiguiendo despejes que rondan el metro lineal para gestionar cubiertas espesas.

Cada fabricante tiene su propia configuración del tren de siembra, variando de una simple reja a dos o más elementos para cortar la paja, apartarla de la línea de siembra, control de profundidad, acondicionador de surco y compactadores de semilla.

Cómo sembrar

Para efectuar una buena siembra directa se requiere un suelo sin compactar, intacto desde la cosecha anterior, sin ninguna labor previa salvo la aplicación de herbicidas en presiembra o el pase de herramientas ligeras acondicionadoras de la cubierta.

La velocidad debe ser la recomendada por cada fabricante, con un rango medio de entre siete y doce kilómetros por hora.

Dentro de las virtudes de una buena máquina sembradora destaca la de hacer un trabajo eficiente con diferentes temperos, aunque este margen es bastante estrecho. La siembra debe realizarse con el mejor tempero posible, con la superficie del suelo transitable y seca, y frescura en el interior. Como regla general, en una siembra directa aceptable se debe levantar algo de polvo cuando se está efectuando.

“A pesar de las comodidades que ofrece hoy día una buena cabina de tractor, es necesario comprobar sobre el terreno la perfecta situación de la semilla y el trabajo de la máquina. Es necesario calibrar todos los ajustes antes de seguir el trabajo a fondo. La regla de oro; si no queda bien, por mal tempero, hay que volver a casa y seguir otro día”, aconseja el secretario de AVAC.

La cubierta de residuos debe de ser razonablemente espesa. En el caso del rastrojo de los cereales, los restos de cosechas anteriores superiores a 3.000 kilos por hectárea de grano pueden dar problemas en su gestión para no entorpecer la siembra próxima.

Amortizar la sembradora

El periodo amortización de una máquina de siembra directa es complicado de determinar. Más teniendo en cuenta que el beneficio depende, en gran medida, de factores como la climatología y los precios finales de los productos. “Sí puedo asegurar que la rentabilidad de una sembradora directa es mayor que una convencional. Y en una campaña con pluviometría ajustada más aún, porque solo altera una pequeña parte del suelo ahorrando pérdidas de agua”, asegura tajante Garrachón. El ahorro se incrementa en la medida que la máquina es capaz de respetar intacta la cubierta de rastrojos. Además, la sembradora puede sustituir, en una sola pasada, todas las labores posibles entre las cosechas: alzado, binado, abonado, y otras.

Por otra parte, la siembra directa incrementará la materia orgánica del suelo y con ello su productividad con menos fertilizante. “El valor patrimonial del suelo aumentará con los años, ahorraremos tiempo de nuestro trabajo y aumentará la vida útil del tractor y nuestra propia calidad de vida. ¿Cómo valorar eso?; difícil”, reflexiona.

Otro factor a considerar es el precio de la máquina que el agricultor adquiera, que generalmente está directamente relacionado relacionada con la calidad del trabajo que realiza. “Debemos llegar a un punto en el que conjuguemos factores de rentabilidad y eficiencia, de valoración de nuestras inversiones, y del celo que queramos poner en nuestro trabajo”, propone Carlos Garrachón.

“También si vamos a trabajar para nosotros o haremos servicios a terceros, y qué calidad van a tener y con qué ritmo queremos trabajar para que merezca el precio que vale, toda vez que la responsabilidad de una buena siembra es mayor puesto que será la única labor importante”, recalca el experto.

Actualmente, y casi desde el principio de la agricultura de conservación, se radicaliza el concepto de la ‘no alteración del suelo’ (en esta alteración también se incluye la compactación con pases repetidos de maquinaria). Pues bien, dentro de este principio cada uno de los modelos de máquinas que hay en el mercado tienen un nivel de alteración (labrado) del suelo. Esta característica influye en el nivel de carga del tractor y, por lo tanto, en el consumo de combustible, tiempo de amortización y coste de mantenimiento.

Podemos decir que hay modelos que apenas mueven el suelo (siembra directa pura) y otros que lo labran bastante en las bandas de siembra y se acercan al mínimo laboreo o laboreo reducido.

Aunque no es fácil, es el propio agricultor el que debe de definir en qué terreno quiere desenvolverse dentro de la siembra directa y de su explotación, o cuál es su gusto personal en cuanto al tratamiento del suelo de su explotación. Es posible que quiera iniciarse con un modelo asequible para, una vez comprobada la viabilidad económica -la viabilidad agronómica, al fin de cuentas, termina siendo también económica-, y ya asimilada la técnica a seguir, invertir en un aparato de calidad superior.

“Lo cierto es que con las producciones medias obtenidas en nuestra zona y los precios de los productos agrícolas, algunas máquinas muy buenas son difíciles de amortizar, pues su calidad responde a las necesidades de unas empresas agrícolas más productiva que la nuestra. Por esto, cabe concebir unas empresas de servicios que puedan ofrecer un trabajo impecable y responsable en este campo de la agricultura de conservación”, apunta Garrachón.

Faena de siembra. Foto Abulac

En plena faena de siembra. Foto Abulac

Hasta 16.000 euros

Los precios de las sembradoras directas pueden oscilar desde los 9.000 hasta los 16.000 euros por metro lineal de ancho de trabajo, siendo de 4,5 a 6 metros las anchuras preferidas. Desde Abulac apuntan como precios medios 12.000 euros por metro para las de disco y 6.000 para las de reja.

Las sembradoras más populares y asequibles son de marcas nacionales que se venden como de siembra directa, válidas también en siembra tradicional, según indican desde AVAC. Algunas de estas marcas disponen de un amplio catálogo.
Las de precios más elevados corresponden a los modelos de las grandes marcas de alta gama. La mayoría de estas máquinas son importadas. “Son aparatos de impecable gran rendimiento, pero difíciles de amortizar para un particular, aunque no tanto para una empresa de servicios”, apuntan en la asociación vallisoletana.

Dada la inmovilidad de los principales elementos fertilizantes en el suelo, el reto es la inclusión de distribuidor de fertilizante con incorporación al suelo en lugar adecuado y diferente a la semilla, pues el contacto entre el abono y la semilla es perjudicial para la germinación. Además, la localización diferenciada es deseable para poder aplicar dosis amplias y normales de casi cualquier tipo de fertilizante.

Región líder en máquinas

Aunque en AVAC carecen de datos sobre las ventas de sembradoras directas, sí apuntan que “todo parece indicar que existe un incremento, sólo entorpecido por el año de los topillos, desde hace varios años. Y que Castilla y León es la comunidad récord en España en la demanda de estos aparatos. Los modelos más solicitados son los más asequibles y polivalentes, aunque no exista una técnica depurada generalizada en ellos”.

“El incremento de sembradoras se produce porque los empresarios agrícolas, alentados por los resultados, han adquirido máquinas más eficientes que reducen los costes de producción, garantizan una mayor seguridad en su utilización, y colaboran aún más en la protección del medio ambiente”, aduce por su parte José María Velasco.

La demanda de estas sembradoras aumenta significativamente desde finales del año 2.000 hasta la actualidad. Esto supone también un incremento en el número de empresas de fabricación e importación de sembradoras de laboreo de conservación por el incremento de su mercado potencial, tal como constata Abulac.

Estiman que, en Burgos, se cultivan en siembra directa 100.000 hectáreas, y otras 200.000 con técnicas de mínimo laboreo. 400 agricultores practican la primera opción en los campos burgaleses, con un parque que supera las 200 máquinas directas. El 60% de las siembras sin labrar corresponden a trigo y cebada, mientras que un 30% son proteaginosas y leguminosas, y un 5% está dedicada al girasol.

maquinaria Foto C. Garrachón

La presión por cuerpo puede llegar a los 250 kilos por unidad. Foto C. Garrachón

Mantenimiento del tren

El mantenimiento de estas sembradoras se limita ante todo a los elementos del tren de siembra en contacto con el suelo, como son los discos y rejas. “Aquí juega un papel primordial la complejidad del tren y lo abrasivo de nuestro suelo. Como quiera que los suelos más abrasivos a veces son también los menos productivos, no es conveniente en estos terrenos silíceos o pedregosos optar por un tren complicado, con muchos discos o elementos porque nos van a durar poco y deberemos emplear tiempo y dinero en sustituirlos. Luego, en mal terreno, se debe usar un aparato simple y económico de mantener, ya sea de reja o disco sencillo”, aconseja Carlos Garrachón.

Además, hay que tener en cuenta que no todas las máquinas sirven para cualquier semilla. El tamaño de la raíz del futuro cultivo, condiciona en labrado por parte de la máquina. Así, el girasol requeriría, en ciertos suelos fuertes, un preparación local en mayor profundidad que en el cereal o las leguminosas, para lo que ya existen aparatos específicos.

“Hay que olvidar lo aprendido y asimilar conceptos nuevos”

“Cualquier empresario agrícola que quiera tener éxito con esta técnica tiene que olvidar prácticamente todo lo que ha aprendido sobre agricultura convencional, y debe estar constantemente preparado para asimilar nuevos aspectos de este sistema de producción”, recalca el secretario de Abulac. Así, desde la asociación hacen hincapié en algunas consideraciones a tener en cuenta sobre la siembra directa:

Pensar qué parcelas destinaremos para siembra directa antes de cosechar. Como norma general, hay que dejar el rastrojo lo más alto posible cuando se trate de siembra con máquina de discos, y segarlo más bajo cuando la siembra vaya a ser con máquina de reja. No se debe pisar la parcela innecesariamente. Es imprescindible empacar o, mejor, trillar la paja.

Elegir el tipo de máquina que mejor se adapte a cada campo, valorando sus prestaciones y costo de adquisición.

Los tratamientos con herbicidas. Este apartado es absolutamente determinante para el éxito de esta siembra, y dependerá de cómo se manejen estos productos. El control se realiza mediante el uso de herbicidas con bajo impacto ambiental. “Desde nuestra asociación creemos que la rotación de cultivo y un uso racional de herbicidas es la mejor opción para un desarrollo sostenible con el medio ambiente”, señalan.

Fertilización. Hay que partir del correspondiente análisis de tierra y, en función de este resultado, la aportación del abonado debe de ser la más apropiada para el futuro cultivo. Quizá en siembra directa, en los primeros años, sea necesario emplear entre un 15 y un 20% más en unidades de nitrógeno para ayudar a la descomposición de los residuos vegetales.

Forma de siembra. Procuraremos sembrar perpendicularmente a las líneas de la cosechadora. Al principio, hasta que la cubierta vegetal sea abundante, se sembrará un 10% más de semilla. La profundidad de siembra dependerá del tipo de máquina y de cómo queden de compactadas las líneas, de la humedad y de la época en que se realice esta labor, y por supuesto, de las características de la semilla. En general, podría aconsejar, que la semilla ha de localizarse más superficial que en una siembra convencional, en el caso de la siembra de otoño, y más profunda en la siembra primaveral.

Seguimiento del cultivo. Para obtener buenos resultados de cosecha, todo buen agricultor está obligado a vigilar permanentemente la evolución de sus cultivos desde que se siembra hasta que se recoge. En la siembra directa esto se hace mucho más necesario, y es preciso visitar las parcelas frecuentemente para ver carencias del cultivo, infestación y evolución de las malas hierbas, etc.

“Haciéndolo bien no es necesario labrar”

Marino Izquierdo es el presidente de la Asociación Burgalesa de Laboreo de Conservación (Abulac). No es por casualidad que ocupe el cargo, ni solo por sus conocimientos teóricos sobre esta forma de obtener fruto de la tierra. Izquierdo lleva el terruño y la agricultura dentro, lo vive a pie de parcela todo el año.

En la localidad burgalesa de Pineda Trasmonte (a una veintena de kilómetros de Lerma) cultiva 400 hectáreas, todas en siembra directa. Hace más de 20 años que tiene los aperos de laboreo convencional aparcados.

Siempre ha sido un agricultor inquieto, pendiente de “las cosas nuevas”. Un viaje que hizo a Argentina a mediados de los años 90 le cambió la visión que tenía hasta entonces del campo. “Haciéndolo bien no hacen falta aperos de suelo. Con la sembradora, la abonadora y la sulfatadora es suficiente”, concluye plenamente convencido.

“El secreto de la siembra directa es que hay que estar mucho en el campo para saber qué conviene poner en cada parcela”, recalca. Según qué malas hierbas aparecen en las fincas, opta por un cultivo u otro como sistema de control de las invasoras. La rotación es el método principal para eliminar las malas hierbas. Pone veza, titarros, cebada y trigo.

Así, el gasto en herbicidas se minimiza. Al igual que sucede con los costes en combustible: “Gasto más gasoil en cosechar que en el resto de las labores”, asegura. Y evita las inversiones en aperos de trabajos de suelo convencionales. Admite que las buenas máquinas de siembra directa requieren un importante desembolso económico, pero a este respecto aduce que las convencionales de calidad tampoco son baratas. “En la agricultura tradicional hay que comprar, además, aperos para arar; y mantenerlos. Mantener la sembradora me sale por 1.000 euros anuales para cambiar cada tres temporadas discos y rodamientos. Es un gasto normal”, defiende Izquierdo.

Y a la hora de hacer cuentas a final de campaña está convencido de que la rentabilidad de la explotación es similar a la del sistema convencional, con la ventaja de que conserva el suelo en mejores condiciones. “Si el año viene bien, es bueno para todos. Y al revés. Lo único que, si se da mal, puede haber quien lo achaque a la siembra directa, mientras que de la siembra convencional no dicen nada…”, se queja.

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