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lunes, junio 27, 2022
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Para ser más profesionales debemos ser más exigentes

José Ángel Cortijo, responsable Zona Noroeste de Fertiberia
«La agricultura ha evolucionado mucho: dejemos a un lado los tópicos que no reflejan la realidad”
Uno de los aspectos que más llaman la atención cuando pisamos ligeramente el freno y echamos una mirada al retrovisor es lo mucho que ha cambiado el campo en apenas unos años. Por ejemplo, ahora que se aproximan siembras importantes, resulta sorprendente lo que ha cambiado la actitud del agricultor ante las variedades.
Ese cambio revolucionario se ha producido de forma especial en determinados cultivos considerados de algún modo ‘residuales’, como era el girasol. Hoy el panorama ha cambiado de forma radical y se está dando importancia a aspectos como la adaptabilidad, los diferentes destinos… Es sin duda un síntoma de profesionalización, y algo que cabe agradecer al esfuerzo de las diferentes casas de semillas.
Esto nos lleva a traer a colación un asunto tristemente de actualidad: que no podemos hablar de cultivos de alto valor añadido, por ejemplo en girasol, si se elimina ese elemento adicional o precio superior. Castilla y León lleva años aumentando la superficie de girasol alto oleico, lo que al parecer ha llevado a una caída en su precio, con el previsible retroceso en la superficie de cultivo. ¿Quién es el culpable de esta situación? No lo sabemos, pero en todo caso el agricultor no lo es.
Es tiempo, además, de sembrar los cereales de primavera, y sin embargo todavía son inexactas las cifras disponibles sobre cuánto ocupan estas producciones. Esta información sería de gran utilidad para planificar la política agrícola regional, además de muy beneficiosa para todos cuantos tenemos algo que ver con el campo. Será de gran ayuda, en este sentido, la declaración de superficies realizada con motivo de la nueva PAC.
En este momento del año, hay que insistir en la labor divulgativa para que el agricultor conozca lo que compra, en todos los insumos. Porque la tan demandada profesionalización del campo debe ir de la mano de una mayor exigencia del agricultor como experto en aquello que hace, y también como cliente. Ese mayor grado de exigencia es sin duda algo que desean todos los fabricantes que trabajan con criterios de calidad, desde la maquinaria hasta los fitosanitarios.
En el caso del fertilizante, este puede mejorar un montón de aspectos del cultivo sobre los que no reflexionamos. En algunos casos, como en el del viñedo, su empleo puede contravenir cierta idiosincrasia… Y es que la agricultura está llena de tópicos que conviene dejar a un lado, como que el viñedo no se abona, ¡o incluso que no se riega! O que el girasol no es necesario abonarlo. Pero es que las novedades en materia de genética, potencial productivo o normas de calidad hacen que esas ideas tan arraigadas deban ser analizadas con atención, puesto que no serán siempre reales al 100%.
En el mundo del viñedo siempre ha existido la confusión de dos estándares diferentes: los de cantidad y calidad. Una de las razones por las que el abonado se encuentra ‘mal visto’ en este cultivo es que se olvida que con la fertilización se puede mejorar la calidad. Porque por medio del abonado se puede aumentar el porcentaje proteico o de almidón o de materia seca en un cultivo. En el caso del vino se puede actuar sobre el color, entre otros aspectos, para obtener un vino de calidad que seduzca al consumidor.

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