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sábado, junio 25, 2022
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Sembrar sin abonado de fondo es una temeridad

José Ángel Cortijo, responsable Zona Noroeste de Fertiberia

El inicio de las labores de suelo y las siembras se ha retrasado este año merced a la meteorología. El tempero, cuando se produzca, puede llegar de golpe pero no puede hacernos olvidar una cuestión de excepcional importancia para nuestras explotaciones: el contador no parte de cero, sino que lo hace en función de la situación creada el año pasado.

La combinación de lluvias y temperaturas adecuadas permitió obtener grandes producciones, lo que se logró a base de una mayor extracción de nutrientes. Esto hace que el abonado de fondo, que todos los años es importante, este año sea absolutamente vital: debemos reponer lo sacado para mantener la fertilidad del suelo.

De este modo, al aportar los nutrientes necesarios para los cultivos que vamos a implantar lograremos buenas nascencias y producciones adecuadas, siempre que acompañe la meteorología.

En un año como este, sembrar sin abonar es una temeridad. El abonado de fondo será fundamental para ese proceso en el que una semillas que apenas mide milímetros llegue a la parada invernal con un desarrollo de cuatro, cinco o seis hojas.Por eso es una apuesta arriesgada realizar la inversión que suponen las labores, la semilla y los fitosanitarios sin dar de comer al cultivo.
El hecho de sembrar siempre entraña un riesgo, porque ponemos dinero en nuestro suelo, con cierto grado de incertidumbre sobre el resultado, pero es que resulta absurdo prescindir de alimentar al cultivo que deseamos producir y vender.
La elección de abonado no es una cuestión baladí y en ningún caso se debe abordar desde la monotonía. Tampoco cabe tomar la decisión a partir de la búsqueda del abono de menor precio puesto que, como sabemos, el fertilizante más barato puede a la larga salirnos muy caro.
El primer paso debe ser conocer el propio suelo: su tipología y la presencia de los diferentes nutrientes. De ahí la (tan recordada en esta sección) necesidad de encargar un análisis de tierras.
Otro de los mandatos es el de cerciorarse de lo que se compra. Cualquier agricultor sabe perfectamente que dos modelos diferentes de tractor no son iguales, y lo mismo sucede con los tipos de abono: deberíamos trasladar el grado de exigencia que demostramos al adquirir maquinaria a la compra de todo tipo de insumos, incluido el fertilizante.

Para escoger el abono de fondo los ojos del agricultor se deben dirigir a cómo está presente el fósforo: los abonos se dividen entre los de tipo 1 (con ese elemento totalmente disponible por el cultivo) y los de tipo 2 (con una parte insoluble, y por tanto no asimilable por el cultivo), y debemos exigir a nuestro proveedor toda la información al respecto.

Merece la pena recordar que en los primeros momentos del cultivo el fósforo es un desarrollador del sistema radicular. Cuanto mayor sea la raíz, la planta tendrá una mayor capacidad de absorción y el desarrollo inicial de la planta será más fuerte, con mejor perspectiva de implantación.
Otro aspecto crucial es prestar atención a la diferencia entre abonos complejos, compuestos y mezclas (blending). En el caso de los complejos, cada bola de fertilizante cuenta con los nutrientes NPK enlazados por una reacción química, lo que potencia su actuación. En el caso de los compuestos, se trata de la mezcla de materias primas compactadas, de modo que cada bola incluye los tres elementos, pero sin esa reacción. Los compuestos se presentan compactados, y no granulados, lo que puede dificultar su distribución.

Tenemos en último lugar la mezcla, en la que cada bola es de un solo nutriente. Este abono, con diferentes densidades y tamaños, se mezcla con mayor o menor fortuna y sus ingredientes acaban por estratificarse, o separarse en diferentes alturas, durante su transporte hasta la finca.
Este fenómeno tiene una consecuencia práctica directa: la comparación entre la mezcla y el fertilizante complejo demuestra que la uniformidad de distribución es del 66% en el caso del blending frente a más del 92% del complejo. O lo que es lo mismo: el 57% de la superficie recibe menos abono del que el agricultor desea aplicar para alimentar a su cultivo.
Otro dato comparativo que cabe tener en cuenta es la mayor densidad del abono complejo, gracias a la cual con una misma abonadora se puede fertilizar dos hectáreas más que con mezcla, con el consiguiente ahorro.
Así las cosas, cabe preguntarse si tiene sentido realizar importantes inversiones en abonadoras de última generación para después escoger un tipo de abono que, por sus propias cualidades, jamás se distribuirá del modo que necesitamos.

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