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jueves, diciembre 1, 2022
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Hagamos las cosas bien en fertilización de cereal y remolacha

José Ángel Cortijo. Fertiberia

El último número de esta publicación titulaba en su portada que el frío le sienta bien al campo, una afirmación con la que no podemos estar más de acuerdo. El invierno ha sido frío sin paliativos, lo que nos ha permitido contar con el mejor fitosanitario que existe. Además, el agricultor que realizó un adecuado abonado de fondo ha visto que el cereal detenía su crecimiento en la parte aérea de la planta, pero fortalecía y desarrollaba su sistema radicular.

José Ángel Cortijo. Fertiberia

Ahora que ha finalizado la parada invernal, la planta que ha contado con una cantidad adecuada de fósforo, además de con una buena interacción de este elemento con el nitrógeno y el potasio, estará infinitamente en mejores condiciones para afrontar los momentos de estrés, que sin duda llegarán.

Hacer bien las cosas

Aunque es cierto que existe una desigualdad apreciable entre quienes pudieron realizar las siembras dentro de plazo y los que no, lo cierto es que de forma global el terreno de juego nos favorece. A partir de ahora debemos seguir haciendo bien las cosas.

Estamos en pleno periodo de aplicación de coberteras y el agricultor tiene en su mano la posibilidad de tomar las mejores decisiones; en este caso, la de conseguir la mayor eficiencia en el abonado nitrogenado. Al tomar una decisión sobre cuál escoger, debe inclinarse por los de parte nítrica y amoniacal, que son los abonos que menos pérdida registran: los que aumentan su eficiencia.

¿Cuántas aplicaciones?

La fertilización siempre será más eficiente si se pueden dividir las coberteras. Por supuesto, siempre existirán quienes defienden que al hacer una única aplicación se ahorran el esfuerzo y el gasóleo de la pasada que dejan de dar. Pero deberemos recordarles que el abonado es la labor más económica de todas las que realizamos; con las abonadoras que están en el mercado se pueden abonar decenas de hectáreas en una sola jornada de trabajo. Por lo tanto, si tenemos en cuenta esto y atendemos a los beneficios para la planta de dividir las coberteras, concluiremos que tiene mucho sentido el hacerlo de este modo.

Escoger el momento

El momento óptimo de la aplicación está en el ahijado, que es cuando el cereal necesita más ese nitrógeno, que es la clave del crecimiento y el desarrollo de la planta.

En cuanto a la dosis, deberá establecerse en función de la expectativa de producción, es decir, de la media productiva de la parcela, que nadie conoce mejor que el propio agricultor.

Más allá de este momento, en función de las lluvias que se produzcan el agricultor podrá ir adaptando la fertilización a la evolución del año: aprovechar esa mayor capacidad productiva generada por las condiciones ambientales.

¿Y la remolacha?

A día de hoy nadie sabe con certeza cuánta superficie de remolacha tendremos este año. Se pueden hacer muchas previsiones, pero la decisión última sobre las siembras la toma cada agricultor y aún no está tomada. Ya que estamos en periodo preelectoral, habrá que establecer el símil de que hay mucho indeciso. Y mucho voto oculto. Porque, si la meteorología es favorable y hay tempero (si se puede preparar el suelo y se dan las condiciones para una siembra temprana, con las consecuencias que ello tiene sobre la producción), muchos de los que hoy aseguran que dejarán el cultivo volverán a sembrarlo. La remolacha está grabada en el ADN muchísimos agricultores.

Por el contrario, si se presenta un mes de marzo lluvioso y, otra vez, obliga a retrasar las siembras, muchos agricultores que permanecían dudosos se retraerán. No olvidemos que las siembras tardías del año pasado han llevado a una reducción de los rendimientos, tanto en cantidad como en polarización y azúcar por hectárea.

Abonado de fondo

No tiene sentido inclinarse por la remolacha sin una buena estrategia de fertilización: disponemos de la mejor maquinaria y los mejores herbicidas, además de una genética que nos permite superar con creces las 110 toneladas por hectárea. Por eso no tiene sentido hacer un uso eficiente de esos medios pero caer en el error de considerar a la fertilización como un capítulo secundario: la fertilización es una herramienta básica para obtener buena producción y buena calidad: polarización y azúcar por hectárea.

Y es que en esta sección hemos repetido en diferentes ocasiones una verdad evidente, pero que merece ser subrayada: una fertilización eficiente no es el coste principal en el cultivo de la remolacha (supone entre el 11 y el 14%). En sentido contrario, un abonado deficiente penalizará con seguridad nuestra capacidad productiva: los ingresos de nuestra explotación.

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