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viernes, julio 1, 2022
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El multiplicador, clave en la producción de una semilla

El desarrollo de nuevas variedades de cereal resulta costo y, sobre todo, es un trabajo muy lento y laborioso. El coste medio en la UE es de uno a 1,5 millones de euros y para ello se precisan diez años de desarrollo.

Una vez lograda la variedad buscada resulta vital no bajar la guardia en el proceso de multiplicación, con el fin de que no se pierda nada por el camino. “En el grupo KWS poseemos un protocolo interno muy estricto que nos posibilita la obtención de semillas de la más alta calidad”, aseguran.

El paso más importante en la producción de una semilla es el campo donde tiene el mayor peso el multiplicador. “Siempre nos gusta decir que el centro de selección no hace milagros si la semilla no está bien producida en el campo no puede obtenerse de alta calidad”, añaden desde la compañía.

Para la multiplicación hay un reglamento que recoge las exigencias que establece la Administración. En la producción centeno híbrido, apunta KWS. “Al ser un híbrido, la multiplicación es más estricta que la de otros cereales. Para citar algún ejemplo de nuestras exigencias a los multiplicadores, en el reglamento se exigen 400 metros de aislamiento frente a otro campo, y además la parcela no puede haber estado de cereal el año anterior.

KWS Semillas Ibérica exige que al menos a un kilómetro del campo de multiplicación no haya ningún otro sembrado de centeno, ni siquiera ricios de años anteriores y que, al menos durante dos años, en ese no se haya sembrado cereal”, detallan.

Estas condiciones son para evitar contaminaciones con otros cereales, además de que, al ser un híbrido, si hay polen procedente de plantas que no son parentales habrá cruces que no se corresponden con la variedad deseada. Durante todo al año se hacen visitas a los campos de multiplicación junto con el agricultor, realizando los tratamientos necesarios para evitar presencias de malas hierbas, insectos o enfermedades que puedan perjudicar a la calidad de la semilla que se cosechará.

Requisitos

Agromonegros también exige a los multiplicadores según marca el Reglamento Técnico de Control y Certificación de semilla de Cereal (1986). Principalmente hay que tener en cuenta a la hora de sembrar el tamaño mínimo de las parcelas: para producir semilla certificada R-1 y R-2, la superficie mínima de la unidad agrícola tiene que ser de diez hectáreas, no se puede destinar para producción de semilla de cereal ninguna parcela que en la campaña anterior hubiese estado sembrado con cereal de cualquier especie, salvo que se tratase de la misma variedad y de la misma categoría o anterior.

El agricultor facilitará los datos necesarios para cumplimentar la declaración de cultivos en el Centro Oficial de cada comunidad autónoma -código del término municipal, polígono, parcela, etc.- y se asegurará de que antes de las tareas de siembra los aperos estén limpios para evitar mezclas con otras variedades de cereal.

Durante el ciclo del cultivo, Agromonegros sigue la evolución del cereal para aconsejar y ayudar a los agricultores. Como requisitos para su recolección, no podrá estar contaminado el cereal por plantas de otras especies o variedades, ni plantas infectadas (carbón o helmintosporiosis), cuyos parámetros están recogidos en el citado reglamento.

Para la época de cosecha el agricultor se tiene que asegurar de que la cosechadora, aperos y transporte tienen que estar limpios para evitar contaminaciones. “Les aconsejamos que una primera tolva se destine a limpieza de cosechadora. Y las condiciones para que el cereal entre en nuestras dependencias son: grano pelado y partido máximo 2%, 12% de humedad máxima, pureza varietal mínima en campo de 99,8%. Son datos que se comprueban en el momento de recepción en báscula”, concretan.

El multiplicador es pieza clave en todo este proceso, también según el criterio de Agropal. “Ha de ser un agricultor muy meticuloso durante todo el ciclo de cultivo”, prescribe Colmenares. Buscan parcelas de regadío para optimizar la multiplicación, así como para asegurar las producciones. El equipo técnico hace un seguimiento durante todo el ciclo de cultivo asesorando al multiplicador en cada momento para obtener una semilla de alta calidad y en el momento de la cosecha también se comprueba la limpieza de la cosechadora y de los equipos de transporte.

Semilla certificada

Semillas Columbia, con sede en Zaratán (Valladolid), colabora asimismo con sus multiplicadores siguiendo el reglamento de producción de semilla certificada. “Preferiblemente trabajamos con parcelas de regadío buscando obtener el grano de la mayor calidad posible. Una característica que tenemos en cuenta es la calidad del suelo: los campos de nuestros multiplicadores han de ser productivos”, apunta Henar Arranz.

La semilla certificada es un producto de calidad de primer orden, estandarizado y de reconocimiento internacional. Esta calidad está garantizada por el doble control ejercido, tanto por la empresa productora como por el organismo oficial responsable. Ofrece unas garantías en relación a su origen, trazabilidad, homogeneidad, pureza específica, pureza varietal, germinación, ausencia de otras semillas no deseadas en la siembra, sanidad, humedad, etc.

El empleo de semilla certificada supone además las ventajas del ahorro significativo en la dosis de siembra, en el tiempo invertido en la preparación de la semilla, incremento en los rendimientos, el apoyo que supone a la inversión en I+D del sector obtentor, la seguridad alimentaria y una contribución al desarrollo rural.

“Son pues muchas las ventajas agronómicas, de rentabilidad y de operatividad en el trabajo en el campo a lo largo de toda la campaña las que hablan en favor de la semilla certificada. Ahí está el futuro. Y el presente”, apuntan desde Agromonegros.

“La semilla certificada cada vez se ve mejor, porque se usa más”, concluye el técnico de Syngenta. “El agricultor puede quejarse por el precio, pero no es tan cara. El incremento anual de producción está entre el 2 y el 3%, lo que es considerable si comparamos una variedad nueva con otra de quince años atrás”, apuntilla Fernández. También afirma que el cereal ha ganado mucho en la estabilidad de producción y en la lucha contra las enfermedades. “Todo eso va en la tecnología, que la hacemos nosotros; las casas de semillas”.

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