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viernes, julio 1, 2022
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En viñedo, preparados para la lucha

Un invierno que ha sido más templado de lo habitual y la primavera lluviosa pueden favorecer el desarrollo de plagas y enfermedades en el viñedo. Los expertos avisan de la conveniencia de controlar el cultivo y aplicar tratamientos preventivos si son necesarios
La primavera de este año está resultando atípica en la mayoría de las zonas de Castilla y León, con precipitaciones superiores a las habituales y con temperaturas por debajo de lo normal hasta mediados de mayo. Estas condiciones ambientales influyen notablemente en el desarrollo del viñedo. Y en el de las plagas y enfermedades que habitualmente pueden afectarle, tal como advierte el jefe de la Estación de Avisos de Toro, Santiago Cepeda.

Desde BASF, aunque consideran que todavía es pronto para hablar de la campaña de viña en Castilla y León, prevén que las temperaturas templadas del invierno y la primavera lluviosa favorecerán un aumento de la incidencia tanto de plagas como de enfermedades. “Como consecuencia, las recomendaciones de tratamientos preventivos deberán tomar mayor relevancia para poder actuar en el momento previo a las infecciones. A su vez, bajo estas premisas, aún es más importante iniciar los tratamientos con productos específicos y de alta eficacia para poder tener un buen control de la viña desde el inicio”, recetan desde BASF.

Excoriosis

Santiago Cepeda indica que en parcelas en las que se haya observado excoriosis (Phomopsis viticola) en años anteriores es previsible un avance de esta enfermedad, puesto que las condiciones han sido idóneas al registrarse lluvias asociadas a un crecimiento lento de la vegetación. Esta enfermedad produce fragilidad en los pámpanos en crecimiento, favoreciendo su rotura por la acción del viento, el peso de los racimos o las labores de cultivo.

“Además puede provocar daños importantes, pues numerosas yemas de las cepas atacadas son invadidas por el micelio del hongo y en la primavera siguiente no brotan, o lo hacen de forma retrasada y no fértil, produciendo pérdidas de cosecha en los años sucesivos. En las parcelas afectadas será necesario realizar podas de saneamiento de cara a la próxima campaña, y tratamientos preventivos, para reducir su incidencia durante las campañas posteriores”, destaca el jefe de la Estación de Avisos.

Mildiu, si hay precipitación

Las lluvias primaverales en el cultivo del viñedo normalmente traen asociadas graves infecciones de mildiu (Plasmopara viticola). Por el momento, en las zonas vitícolas más representativas no se han registrado estas afecciones debido a las bajas temperaturas del mes de abril y de la primera quincena de mayo. Según los modelos de desarrollo que se utilizan por la Red de Vigilancia Fitosanitaria de Castilla y León, las bajas temperaturas han retrasado la maduración de los restos invernantes del hongo hasta mediados de mayo. Por esta razón el riesgo de que se hayan registrado infecciones hasta este momento ha sido muy bajo.

“El notable ascenso de temperaturas experimentado en los últimos días puede favorecer el desarrollo de mildiu en el caso de que se registren precipitaciones. Las condiciones mínimas para el desarrollo de mildiu del viñedo requieren de temperaturas superiores a 12°C, y precipitaciones entre 8 y 10 litros por metro cuadrado durante uno o dos días. Sólo en este caso será necesario realizar tratamientos. El momento más sensible del cultivo es durante la fase de floración”, explica Cepeda.

Desde Comercial Química Massó señalan el mildiu tardío como una de las afecciones que, desde el verano y hasta la caída de la hoja, puede mermar tanto la producción de la cosecha como su calidad. “Es peligroso sobre todo en años como este, en que se han dado pocos tratamientos durante la primavera. Cuando la uva ha pasado el estado de tamaño guisante es difícil que el mildiu afecte los racimos, pero puede atacar a las hojas. Entonces influye en la calidad de la vendimia y, sobre todo, en el grado que va a tener el vino”, recalcan.

La enfermedad endémica

El oídio de la vid (Uncinula necator) es la enfermedad endémica de los viñedos de Castilla y León. Requiere temperaturas altas para su desarrollo (entre 20 y 30°C encuentra su momento óptimo). Con las condiciones registradas hasta mediados de mayo, el desarrollo de la enfermedad ha sido bajo en general. En el caso de parcelas con daños importantes en la pasada campaña, en las que haya restos de la enfermedad sobre la madera, podrán observarse infecciones tempranas, incluso en brotes con 10 o 15 centímetros. “Será necesario estar muy atento a la aparición de los primeros síntomas de esta enfermedad, especialmente en variedades muy sensibles, o en parcelas con condiciones muy favorables”, aconseja Cepeda.

Como tratamientos fitosanitarios, generalmente se recomienda la aplicación de azufre en espolvoreo en la floración, que favorece el cuajado y tiene una excelente eficacia cuando se aplica con temperaturas entre los 18°C y los 30°C. Fuera de estas condiciones es conveniente emplear otro tipo de fungicidas para mejorar la eficacia y para evitar quemaduras sobre la planta, recomiendan en la Estación de Avisos de Toro. Las condiciones adecuadas para el desarrollo de esta enfermedad se mantienen normalmente hasta el envero, sobre todo en viñedos muy vigorosos.

Los expertos de Dow Agro consideran que en estas fechas resulta clave el control preventivo y curativo de la enfermedad para evitar daños y pérdidas desde el inicio. “Hay que aplicar antioídios preventivos efectivos para impedir que el hongo penetre en la planta. También es conveniente tratar con productos curativos de alta sistemia que bloqueen el hongo en su interior. En los casos en que ya se detecten síntomas (polvillo blanco) en hojas y tallos es recomendable realizar un tratamiento erradicante para detener completamente el ciclo de la enfermedad y evitar nuevas reinfecciones”, recalcan.

De cara a los próximos meses, considerar que el período de floración hasta cierre de racimo es un momento crítico de las enfermedades de oídio y mildiu, donde los daños pueden ser irreversibles si no se controlan. Para combatirlas es clave usar productos eficaces y combinarlos adecuadamente en programas o mezclas según el estadio del viñedo.

Polilla del racimo

La polilla del racimo (Lobesia botrana) es la principal plaga del cultivo del viñedo, fundamentalmente por los daños indirectos que ocasiona al producir heridas sobre las bayas, favoreciendo el desarrollo de podredumbre gris o de otras podredumbres secundarias.

Anualmente se registran dos o tres generaciones de polilla del racimo. La primera de ellas normalmente no requiere ningún tratamiento fitosanitario porque los daños que produce no tienen importancia económica. La segunda generación suele coincidir con el momento del cierre del racimo, aunque es imprescindible realizar un seguimiento de la plaga mediante trampas de feromonas y evaluar si el tratamiento está económicamente justificado. Cepeda señala también que algunos años puede registrarse una tercera generación, cuyo tratamiento estará justificado exclusivamente en variedades de uva con vendimia tardía, si los plazos de seguridad del producto fitosanitario lo permiten.

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