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domingo, mayo 29, 2022
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La floración es un periodo crítico para asegurar la salud del viñedo

Dependiendo de las distintas zonas vitivinícolas, el coste medio en tratamientos por hectárea para controlar las enfermedades ronda los 75 euros. Las pérdidas por las afecciones de oídio pueden ser del 50% de la uva; toda si el ataque es muy fuerte
No solo se trata de rentabilidad y producción. La buena sanidad de los cultivos es la primera condición para que la actividad sea rentable por el volumen de la cosecha. También la calidad se prima cada vez más en la actualidad, en unos tiempos en los que el mercado es más exigente en todos los aspectos. El viñedo no es ajeno a esta dinámica. “Para producir unos buenos vinos, con los parámetros de calidad que demanda el consumidor es, necesario que nuestras viña tengan la máxima sanidad posible. Y eso se consigue con el asesoramiento de profesionales y un buen programa de tratamientos para una gestión integral de los cultivos”, resume Emilio del Campo, de BASF.

El desembolso que lleva a cabo el profesional del campo para efectuar tratamientos siempre se rentabiliza a final de campaña. La viña se encuentran en las fases iniciales de su desarrollo vegetativo. En general, las temperaturas elevadas de los últimos días y la baja humedad previenen el ataque de enfermedades y podemos hablar de una buena sanidad, pero no debemos bajar la guardia. “Es necesario realizar un buen seguimiento de las parcelas y ser preventivos en el control de las enfermedades”, prescribe Del Campo.

Es el momento

El viñedo ha despertado ya hace unas semanas de su parada invernal. Camina sin pausa, quemando etapas, hacia el objetivo final de la vendimia. Es el momento de prestarle todos los cuidados, y alguno más.

El estado fenológico de la planta es el normal para esta época del año en la Denominación de Origen Rueda, sin ninguna incidencia desde el punto de vista sanitario. El responsable de Viticultura del consejo regulador, Pedro Vázquez de Prada, apunta que las bodegas están realizando los controles habituales frente a la polilla sin que hayan saltado las alarmas por presencia de alguna plaga o enfermedad.

Las lluvias de mayo han venido bien después de un invierno extraordinariamente seco, si bien ha caído mucha menos agua que el año pasado. El viñedo necesitaría que lloviera más para poder afrontar el verano con reservas en su subsuelo. Ahora la planta requiere el calor propio de la primavera y luz solar, lo que por el momento parece garantizado.

En Toro esta campaña se ha registrado un ligero retraso en la brotación de la viña, respecto a la primavera pasada. Pero las temperaturas altas registradas en la primera quincena de mayo han acelerado notablemente el desarrollo, para situarlo al mismo nivel de otros años, según explica el jefe de la Estación de Avisos de Toro, Santiago Cepeda.

El ciclo vegetativo en tierras zamoranas se ha iniciado marcado por la escasa precipitación registrada durante el otoño, el invierno y el comienzo de la primavera, que apenas llega a la mitad de un año agrícola normal. Las temperaturas suaves y la ausencia de heladas están facilitando un desarrollo normal.

Dadas estas condiciones climáticas, puede decirse que la sanidad del cultivo en general es muy buena, sin incidencia de plagas ni enfermedades destacables. Tan sólo se han observado problemas de excoriosis en algunas parcelas ya afectadas en años anteriores, en las que se han producido reinfecciones por las lluvias de abril. Algunas parcelas con problemas de oídio en la pasada campaña han sufrido reinfeciones tempranas, aunque la situación no es generalizable.

En Ribera del Duero la mayoría de las vides se encuentran en el estado fenológico de racimos visibles, aunque también hay parcelas más adelantadas, y otras con retraso. Desde la DO recomiendan realizar un seguimiento de la posible afección por polilla del racimo. También advierten de que la acariosis podría tener más incidencia que en los últimos años, debido al lento crecimiento inicial de los pámpanos. Debido a la climatología de la zona es necesario vigilar “atentamente” posibles afecciones por oídio.

Oídio y mildiu

Como consideración general, el periodo de floración siempre es crítico para el viñedo. “Debemos estar especialmente atentos”, recomienda Cepeda. La enfermedad más habitual es el oídio, que aparece todos los años, y que esta campaña podría tener mayor incidencia si se mantienen condiciones de temperatura suaves, y no se registran lluvias. En cuanto al mildiu, que aparece ocasionalmente, no es probable que se presente este año, salvo que se produzcan lluvias abundantes en las próximas semanas.

“Respecto a plagas, la más habitual es la polilla del racimo. Será necesario estar atento a los seguimientos del ciclo biológico que se realizan desde las estaciones de avisos y desde los consejos reguladores, para determinar el momento adecuado de intervención. En cada parcela habrá que estimar si es necesario intervenir o no, al menos en la segunda generación de la plaga, que suele producirse en julio, aunque varía con la zona y el año”, apunta el experto de Toro.

Por su parte, desde Bayer, Ignacio Tobalina cita también oídio, mildiu, polilla del racimo y ácaros como las principales afecciones a las que se enfrenta la vid en la región. “Cada año se observa una mayor presencia de enfermedades de madera”, reseña el especialista.

Coincide en esta percepción Emilio Del Campo: “Las enfermedades de madera cada vez van a más y sin una solución efectiva a corto plazo. BASF es consciente del problema. A modo de ejemplo, se ha realizado en marzo de este año un ‘workshop’ internacional donde se reunieron distintos expertos en viña para buscar una solución de forma holística”, explica Del Campo.

Gestión integrada

El oídio es una enfermedad endémica en Castilla y León. En función de la climatología, las pérdidas de producción pueden superar el 50% y en el peor de los casos la pérdida puede ser total si el ataque es virulento y no se toman las medidas de prevención adecuadas. Las enfermedades de madera (Phaeomoniella chamydospora, Phaeoacremonium aleophilum, yesca, etc.) ocasionan pérdidas importantes de producción ocasionando la muerte de las vides afectadas por la patología.

Dependiendo mucho de las distintas zonas vitivinícolas, se podría estimar en unos 75 euros de promedio el desembolso medio por hectárea en tratamientos. “Lo que representa esto sobre la producción varía mucho por zonas y, evidentemente, por año ya que nos encontramos con precios de uva muy dispares”, apunta Del Campo.

El viticultor debe tener en cuenta que este año es obligatoria la aplicación de la gestión integrada de plagas en toda la producción agraria. “En el caso del viñedo, las explotaciones con más de cinco hectáreas deben contar con un asesor habilitado. El resto de explotaciones deben aplicar la gestión integrada atendiendo a las guías publicadas por el Ministerio”, recuerda Cepeda.

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